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Publicado el 18 de junio, 2015

La ecología humana

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo
El Papa enfrenta este problema global desde una perspectiva ética, llamando a todos los responsables a tomar conciencia del peligro y llegar a entendimientos.
José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Hoy se da a conocer en el Vaticano una esperada encíclica del Papa Francisco sobre la ecología y el desafío del calentamiento global del planeta. La revista italiana L´Espresso ha adelantado parte de su contenido. El Papa enfrenta un tema acuciante que sólo ha podido ser abordado parcialmente en los acuerdos de Kyoto. Lo que está en juego -en definitiva- es un estilo de vida, una forma de producir y consumir que no toma en cuenta en forma suficiente que hasta ahora los recursos de la tierra son limitados.

Todos nos quejamos de la sequía y la falta de agua que afecta a vastas zonas de nuestro país, otros se lamentan de las inundaciones, las tormentas y otras catástrofes naturales. Hoy nadie permanece indiferente frente a la contaminación del aire de las grandes ciudades. Una de las causas de este desequilibrio ecológico proviene del uso indiscriminado de productos fósiles para obtener energía. En su quinto informe, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático señaló en 2014 que los científicos estaban más del 95 % seguros de que el calentamiento global es causado por las crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero y otras actividades humanas.

Se trata, como afirma el Papa, de que la tierra no se transforme en un inmenso basural.

La encíclica entra de lleno en el debate que tiene lugar en las NU con miras a la conferencia internacional de París, a fines de año, para buscar un nuevo pacto que haga sustentable el desarrollo del planeta según los parámetros de la Convención Marco de las NU sobre el Cambio Climático. La población ha aumentado exponencialmente y todo hace pensar que este crecimiento continuará al menos hasta el 2050, lo que genera una mayor presión por bienes y servicios indispensables, para no hablar de los consumos superfluos. La gran interrogante es cómo llegar a esa fecha con un renovado equilibrio entre crecimiento económico, desarrollo humano y respeto al medio ambiente.

Este tema surgió en la década de los 60 con las reflexiones del Club de Roma presidido por Aurelio Peccei, las que quedaron plasmadas en un informe al MIT bajo el sugestivo y provocador título de Los límites al crecimiento, justo cuando surgía el pensamiento desarrollista. Un nuevo informe del Club de Roma titulado “2052: Una proyección para los próximos 40 años”, postulaba la necesidad de mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2 °C controlando las concentraciones de CO2 en la atmósfera. Hoy, a mitad de camino, algunas de sus predicciones se han revelado alarmistas, pero el eje central de su pensamiento se ha demostrado válido.

El Papa Francisco enfrenta este problema global, que no conoce fronteras políticas ni económicas, desde una perspectiva ética, llamando a todos los responsables a tomar conciencia del peligro y llegar a entendimientos que permitan evitarlo. Al hacerlo recuerda la tradición cristiana de San Francisco de Asís, que se consideraba hermano de la naturaleza y de sus diversas criaturas, y los numerosos pasajes bíblicos que reconocen en la naturaleza la obra del Creador. El pensamiento moderno en sus inicios no tuvo conciencia de los equilibrios ecológicos; sostenía que el hombre con su trabajo y la tecnología al dominar la tierra, la humanizaba estableciendo una relación armónica con ella. En cambio, lo que los antropólogos como Levi Strauss llaman «el pensamiento salvaje» de los pueblos pre industriales, sí percibía las exigencias naturales del planeta para que ese equilibrio siempre frágil pudiera mantenerse.

La nueva encíclica está llamada a despertar polémica, en especial con quienes niegan el calentamiento global o lo atribuyen a un aumento de la radiación solar y la industria petrolera en general, pero sobre todo reforzará la necesidad de enriquecer el enfoque sobre el tipo de desarrollo que los países deben procurar, y ayudará al avance científico necesario para superar los actuales cuellos de botella que supone un uso masivo e indiscriminado de energías contaminantes. Es una voz de alertas a la opinión pública, particularmente oportuna ahora que se debate sobre los nuevos objetivos del milenio. El punto focal de la polémica está en los EE.UU., donde una parte importante del espectro político se alinea con quienes niegan el problema o minimizan sus efectos. Lo que aparecerá de manifiesto durante su visita a ese país en septiembre. Puede encontrar resistencia también en algunos países del Tercer Mundo que buscan un rápido crecimiento económico, como hasta hace poco ocurría en China e India, hoy más conscientes de los peligros de la contaminación para la salud de sus poblaciones.

 

José Antonio Viera-Gallo, Foro Líbero.

 

 

FOTO: OSVALDO VILLARROEL / AGENCIAUNO

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