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Publicado el 24 de junio, 2015

La derecha sin ideas

Tal como están las cosas, es muy posible que la derecha consiga regresar a La Moneda, pero será igual que la vez anterior: gracias al desgaste/incompetencia del oficialismo.
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Que a la derecha chilena contemporánea le falta tonelaje en la arena intelectual es bien sabido. A diferencia de la izquierda, que nunca olvidó la importancia que tiene la “batalla de las ideas” en cualquier sociedad, su rival se arrinconó en la defensa de las políticas públicas, bajo la errada noción de que las virtudes del ideario liberal se explicaban por sí mismas. ¿Acaso Chile no progresó en paz gracias a él en los últimos 25 años, recordaban hasta hace poco los paladines del modelo?

Claro que sí, pero eso no ha impedido que, aprovechando el prolongado (y voluntario) repliegue intelectual de la derecha, hoy sea la izquierda la que fija en gran medida tanto los términos como los contenidos del debate nacional. La actual oposición adquirió plena conciencia del problema durante el gobierno de Sebastián Piñera, y fue entonces cuando empezaron a cobrar fuerza los llamados a “repensar” la derecha para adaptarla mejor a las nuevas realidades y desafíos de un país en tránsito a convertirse en una sociedad de clase media del siglo XXI.

Una nueva generación (aún muy reducida) de académicos e intelectuales públicos afines a los principios de la derecha ha comenzado no sólo a defender su vigencia para nuestros tiempos y a rescatar la rica tradición histórica de esas ideas en Chile, sino también a hacer preguntas incómodas y sugerencias audaces. Buenas o malas, que cada cual juzgue, pero todas se inspiran en la misma convicción: hay que seguir reflexionando, porque el trabajo de darle sentido a un mundo en permanente cambio jamás se detiene.

En apariencia, ese llamado a dar la pelea en la cancha del pensamiento ha tenido un amplio eco en el establishment de la derecha, sus partidos, líderes y think tanks. Lo que no es claro, para decirlo sin rodeos, es si lo están recogiendo por genuina honestidad intelectual o principalmente porque sirve al objetivo de volver al poder en 2017.

Ocasiones como el seminario “Pensar la Centroderecha”, celebrado el sábado, me hacen sospechar lo último. Organizado por el senador RN Andrés Allamand y el diputado UDI Jaime Bellolio, el evento reunía a cuatro excelentes panelistas —Daniel Mansuy, Hugo Herrera, Pablo Ortúzar y José Francisco García— para propiciar un debate sobre los desafíos intelectuales del sector en el Chile de hoy. Como era de esperar, los cuatro hicieron presentaciones interesantes que prometían una discusión de primer nivel… hasta que tomaron la palabra los políticos que asistieron en buen número, recordando los aciertos de la gestión piñerista, los avances de Chile en las últimas décadas, los errores de la Nueva Mayoría y, sobre todo, la importancia de capitalizar todo eso para recuperar La Moneda en dos años más.

Nadie espera que de un seminario de un par de horas surjan las respuestas que por fin encaucen la reflexión de la derecha hacia el futuro. Nadie espera, tampoco, que los políticos sean intelectuales, porque ésa no es su labor. Pero es muy decidor que en una cita convocada para “pensar la centroderecha” ningún político se hiciera cargo de las ideas que faltan —el meollo del problema—, sino de las ideas que existen y de cómo usarlas en modo electoral. Como le escuché decir hace unos meses a un ex ministro en un debate parecido, “el principal desafío de la centroderecha es derrotar políticamente a la Nueva Mayoría”. Ganar, no reflexionar.

En suma, actores políticos que, junto con ensalzar de palabra la importancia del trabajo intelectual y de la renovación para construir un proyecto de país que genere adhesiones, ignoran ambas cosas en la práctica. De todos los que terminaron secuestrando el evento del sábado —dirigentes de partido, parlamentarios, ex ministros y hasta un ex Presidente de la República—, ninguno explicó por qué la derecha fue incapaz de permanecer más de cuatro años en el gobierno ni con qué argumentos piensa pedirles a los chilenos una nueva oportunidad de gobernarlos. Ninguno admitió responsabilidad política en el retorno de la izquierda al poder con una agenda radicalizada, a pesar de los indudables éxitos que pudo exhibir la administración de la Alianza.

¿Autocrítica? ¿Propuestas? ¿Nuevo relato? ¿Reflexión? Cero.

Tal como están las cosas, es muy posible que la derecha consiga regresar a La Moneda, pero será igual que la vez anterior: gracias al desgaste/incompetencia del oficialismo, sin un proyecto político claro y sólo por cuatro años. Sin ideas, otra vez. 

 

Marcel Oppliger, Periodista.

 

 

FOTO: MATIAS DELACROIX/ AGENCIAUNO

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