El gobierno actual acaba de tomar la decisión de suspender su participación en el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), lo cual en la práctica implica la salida del foro que forjó Chile junto con Colombia en 2019. La canciller acusa que Prosur es un ejemplo de «sobreideologización de la política exterior», sin definir qué entienden en el gobierno por aquello, sino más bien sosteniendo implícitamente que este foro era parte de una agenda de la derecha suramericana, liderada por Sebastián Piñera e Iván Duque. Craso error.

Prosur nace de la necesidad de seguir con la integración en América del Sur después del estancamiento de la Unasur, debido al bloqueo sistemático de Venezuela y sus aliados en la región. Este foro no responde a la mera agenda particular de un par de gobiernos afines ideológicamente, sino que a la urgencia de llenar el vacío político generado por el vaciamiento de la Unasur y su sentido unificador suramericano. De hecho, plantear que Prosur estaba sesgado ideológicamente es simplemente absurdo, y no resiste un análisis imparcial, a menos que se crea que forjar en tiempos de pandemia una mayor coordinación regional en temas sanitarios o seguir avanzando en los corredores bioceánicos sean materias de una determinada «ideología» y no respondan más bien al interés nacional de todos los países involucrados, en plena concordancia con lo ya avanzado por la Unasur.

Pero el problema de fondo no es Prosur, sino que Venezuela y su régimen chavista. Si la voluntad declarada del gobierno de Boric es insertarse mejor en Latinoamérica, llama la atención que se nombre a la Alianza del Pacífico, la Celac y el Mercosur, pero no se haga hincapié en la región base de cualquier pretensión latinoamericanista: Suramérica.

Chile por motivos económicos evidentes no podría ser miembro pleno del Mercosur, aunque este gobierno quisiera, a menos de promover el derrumbe de la economía de mercado a favor de un arancel externo común que destruiría los numerosos acuerdos del libre comercio que el país ya tiene. Por otra parte, la Alianza del Pacífico es una alianza de gobiernos afines en donde México tiene preponderancia, pero que tiene escasos alcances en cuanto a integración pragmática se refiere por las distancias geográficas. 

Pero más importante aún, la salida de Prosur anunciada justo en el arribo presidencial a Buenos Aires pudiera indicar la preferencia por la Celac, en donde la Argentina ostenta la presidencia pro témpore. Este foro, que representa a Latinoamérica y el Caribe, ha sido reimpulsado recientemente por México y el gobierno de AMLO con la VI Cumbre Celac del año pasado, con la destacada presencia de Venezuela.

El anuncio intempestivo del gobierno de Boric pudiera bien indicar el deseo de profundizar la Celac, y ayudar al gobierno de Fernández en el camino de una mayor convergencia latinoamericana. Sin embargo, más allá de la banal retórica, dicha convergencia será (si es por la vía de la Celac) a expensas de la democracia en la región, con la tácita aceptación del régimen chavista y su propia agenda regional.

La agenda regional del chavismo comprende, entre otras cosas, el reemplazo de la OEA por un organismo únicamente latinoamericano, y ha propuesto para estos efectos la instalación de una secretaría general de la Celac, que reemplace en los hechos a la más antigua e importante organización americana. Y por cierto, Maduro preferiría una organización ad hoc que legitimara su propio régimen, ajeno a la tradición democrática americana, con separación de poderes y estado de derecho. La pregunta que cabe hacerse entonces es qué camino seguirá el gobierno: el camino del genuino fomento de la democracia en la región o la legitimación por defecto de regímenes como el chavista, el cual sigue socavando los cimientos de la paz y estabilidad en América del Sur con efectos ya muy visibles como son la grave crisis migratoria en el norte chileno o la conflictividad latente en la frontera colombo-venezolana. El gobierno de Boric debería preocuparse por afrontar las fuentes de la conflictividad regional y no retirarse anticipadamente de las pocas iniciativas que el país ha liderado en los últimos años. Aún está a tiempo para enmendar el rumbo.

* Jaime Pinto Kaliski es doctor en Ciencia Política.

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