En un reciente viaje a Argentina me encontré con un país con serios problemas económicos y políticos. Ciertamente, el origen de aquellos problemas es similar a los que observamos en nuestro país, pero la magnitud de aquellos son mucho mayores a los que vivimos en Chile.

Un simple ejemplo expone lo dicho. Mientras la inflación anualizada llegará en Chile al 13% durante 2022, en Argentina la inflación se empinará hasta el 100%, lo que se reflejará en altas tasas de interés, las cuales sin duda evitarán una reactivación rápida de la economía con efectos no solo entre la población más pobre, sino que también para el financiamiento de mediano plazo del mercado de capitales.

Nos acercamos a fin de año con los problemas de violencia que enfrentan los ciudadanos de varias comunas del país. Particularmente, Irací Hassler, alcaldesa de Santiago, enfrenta duros cuestionamientos a su gestión por la destrucción de la comuna y la inefectividad para detener la violencia y la delincuencia allí.

La reacción de la alcaldesa ha sido increíble, culpando a la oposición de seguir una estrategia para tapar los problemas del ex alcalde de Vitacura y negando con ello, los problemas de su gestión.

También la defensa a ultranza efectuada por la vocera de Gobierno refleja no solo el partidismo de la funcionaria del PC, sino que también una negación de los problemas de violencia y delincuencia que transcurren en la comuna.

Así, será imposible que esa metodología lleve a soluciones concretas para los ciudadanos que enfrentan graves problemas en esta esfera y la violencia y delincuencia continuarán allí.

Entonces, desde el populismo que pude observar en Argentina hace pocos días con dramáticos resultados en el sistema político, económico y social, me hago la siguiente pregunta: ¿Hasta cuándo nuestros países podrán resistir los desequilibrios incubados a causa de la demagogia y el populismo?

Alejandro Alarcón, es economista

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