Hace pocos días la CC publicó el borrador de su proyecto de nueva Constitución. Con 499 artículos, tiene el récord de ser la más extensa del mundo. No escatima en adjetivos y lo prolongado del texto hace de su lectura una labor compleja y lata. Al terminar la tarea, queda meridianamente claro que se trata de una Constitución antipatriota, pues daña la unidad nacional al decretar que ya no seríamos todos chilenos, que la ley privilegiará a algunos en desmedro de otros y porque ese pretendido Chile plurinacional obedece más a intereses políticos foráneos, que pretenden hacer de América Latina un solo estado unido por un indigenismo exacerbado, que a los intereses nacionales. 

En Chile hasta ahora nos reconocemos todos como chilenos, sin importar si ancestralmente se tienen raíces en una etnia determinada o si somos hijos de algún emigrante de tierras lejanas en búsqueda de un mejor destino, de aventura o huyendo de odiosos totalitarismos, como ha ocurrido y sigue ocurriendo hoy en el mundo. Esa diversidad de origen, preservando tradiciones y costumbres, ha enriquecido y sigue enriqueciendo culturalmente nuestro país, pero chilenos seguimos siendo todos, sin distinción. 

De aprobarse, la Constitución va a generar infinidad de conflictos, ya sea por los privilegios que se les otorga a los indígenas, o por los derechos de agua, o por estar sometidos a diferentes sistemas de justicia; o por las expropiaciones de precio justo; o porque en las empresas los propietarios no podrán tomar decisiones libremente; o porque los colegios subvencionados dejarán de existir, o porque la naturaleza pasa a tener más importancia que los seres humanos, y principalmente, por la división entre chilenos provocada artificialmente. 

Además de los 490 artículos ya aprobados, hay una comisión que está escribiendo el preámbulo, donde se pueden leer los principios que los mueven. En su primer párrafo, dice lo siguiente: “Nosotros, los pueblos de Chile, nos entregamos libremente esta nueva Constitución, deliberada y decidida por todas y todos quienes habitan en nuestro territorio en un proceso participativo, abierto y transparente”.  Eso es falso, porque la CC la dominó la izquierda radical junto al PC y los representantes de los PP.OO., quienes redactaron el texto, rechazando cualquier iniciativa políticamente distinta a sus intereses y también las propuestas de la ciudadanía, que habiéndose hecho presente con más de 2MM de firmas promoviendo iniciativas populares de norma, fueron totalmente ignoradas.

Este proyecto de Constitución no une; al contrario, divide y polariza, y así llegaremos el 4 de septiembre a votar Apruebo o Rechazo. De ganar cualquiera de las dos opciones, el tema constitucional seguirá presente al menos durante todo el gobierno de Gabriel Boric, ya sea por la infinidad de leyes que habrá de redactarse si gana el Apruebo, o de ganar el Rechazo, reformando la actual de Ricardo Lagos o redactando una nueva Constitución por expertos constitucionales, o por cualquier iniciativa que permita cambiar lo que sea necesario para que la Carta Magna que se escriba, una a todos los chilenos y sea realmente la Casa de Todos. 

Finalmente, hay que tomar conciencia que el 4 de septiembre se decidirá el futuro de Chile. Si gana el Apruebo, no habrá institución que perdure inalterada; la gobernabilidad parcelada en autonomías será imposible; la burocracia crecerá a niveles impensados, la presencia del estado aumentará en forma exponencial al igual que su ineficiencia, y las libertades individuales se verán severamente limitadas por una infinidad de artículos que en nada hacen presagiar que Chile volvería a la senda del desarrollo. 

Sin embargo, conociendo el orgullo que todos sentimos por ser chilenos, la emoción que experimentamos al entonar nuestro himno patrio y ver flamear nuestra bandera, hay que mantener viva la esperanza de que Chile seguirá siendo uno solo.

*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor.

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