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Publicado el 25 de julio, 2018

La capotera y el debate relegado

Abogado, ex diputado Ernesto Silva

El error de Varela y su equivocado ejemplo generaron una polémica y una capotera, pero no deben hacernos olvidar el tema de fondo: es indispensable mejorar la calidad de la educación y para ello el rol de la sociedad civil es fundamental.

Ernesto Silva Abogado, ex diputado
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Cuando los líderes de una parte de la izquierda firman una carta interviniendo en asuntos propios de un país democrático y amigo, apoyando al ex presidente Lula para que se le autorice a competir en la elección presidencial, la opinión pública considera que se trata de un error. Se trató de un proceso planificado, articulado, reflexionado para redactar un texto y recolectar firmas de personas diversas. No se trató de un exabrupto. Más aún, sus signatarios mantienen su posición y cuentan con toda la tribuna necesaria para exponer sus argumentos.

Cuando Revolución Democrática -partido que dedica gran parte de su tiempo a criticar los abusos y las malas prácticas en política- incluye en su rendición al Servel recursos para un asado y bebidas alcohólicas, la opinión pública considera que se trata de un hecho anecdótico menor, y el partido declara escuetamente que esto sirve para reflexionar, aprender y mejorar los procesos. Silencio coordinado sobre el tema y esperar a que pase el temporal. Imagínese por un momento cuál habría sido la reacción de la opinión pública, del mismo Revolución Democrática, del Frente Amplio, si este mismo asado y festejo hubiera pasado en un partido de derecha. Las redes sociales habrían reventado.

No se aplica el mismo estándar. Debate, análisis y reproche leve para algunos; dureza, activismo, agitación en redes sociales para otros.

Pero cuando el error -porque fue un error- viene de alguien del gobierno y de ideas de derecha como el Ministro Varela, la paliza o capotera es monumental, sin contemplaciones ni perdones, aún cuando se haya asumido el error y planteado las disculpas. El evento se califica como escándalo. Es verdad que se trata de un ministro de estado, que no es la primera vez que comete un error, que sus declaraciones pueden afectar al gobierno. Todo eso es verdad. Pero la magnitud del tema se eleva por la diferencia de estándar con el cual la opinión pública trata los errores de unos versus los errores de otros. No se aplica el mismo estándar. Debate, análisis y reproche leve para algunos; dureza, activismo, agitación en redes sociales para otros.

La polémica de las declaraciones del Ministro posterga y relega al segundo plano dos debates muy importantes para el futuro de Chile: la mejora en calidad de la educación y el rol de la sociedad civil en el progreso del país; todo ello después de las reformas impulsadas en el gobierno de la Nueva Mayoría. La educación chilena necesita un salto en calidad. Los últimos años han estado inundados de reformas, algunas de ellas positivas, otras -a mi juicio- muy negativas, pero en conjunto sin generar las bases que permitan una mejora real en la calidad de la educación. En materia escolar han sido muchos los cambios. La reforma de la carrera docente fue un paso positivo. La desmunicipalización y la creación de servicios locales, una apuesta discutible y probablemente negativa. La eliminación del copago y la contribución de las familias, el cambio del sistema de selección, la limitación de la iniciativa privada y otras modificaciones en el diseño del modelo escolar, en cambio, son un retroceso de marca mayor. En materia de educación superior, la polémica -e injusta- gratuidad universal y la sobrecargada regulación del sistema han concentrado el debate, dejando en un rincón la pregunta sobre cómo mejorar la calidad. Se requiere un foco fuerte en calidad, con una mirada audaz y práctica, que sea capaz de sobreponerse a las cargas ideológicas y actuar con sentido común y valentía para llegar a producir los cambios que ayuden a los establecimientos educacionales y a sus respectivas comunidades. Esa es la tarea central que tiene el actual gobierno y su ministerio de educación.

El Estado debe asegurar ciertos mínimos -como la infraestructura a la que aludió el ministro-, pero no es responsable de todo. El estado debe trabajar en conjunto con las familias y las comunidades en la mejora de la calidad.

A diferencia de la mirada de gran parte de la izquierda, el actual gobierno cree que la educación es una tarea compartida, que no corresponde a un monopolio estatal, que corresponde a la sociedad en su conjunto, donde las familias son esenciales en el éxito y empuje de la educación. De hecho, el Presidente Piñera ha hablado de una “sociedad docente”. El Estado debe asegurar ciertos mínimos -como la infraestructura a la que aludió el ministro-, pero no es responsable de todo. El estado debe trabajar en conjunto con las familias y las comunidades en la mejora de la calidad.

La iniciativa de las personas, sus familias y comunidades son fundamentales en el progreso de Chile. No se puede aspirar a que todo provenga del Estado, tanto por razones prácticas -recursos, ineficiencias y errores- como por razones de fondo -los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos y la libertad individual es un motor positivo de transformación y progreso-.

El error de Varela y su equivocado ejemplo generaron una polémica y una capotera, pero no deben hacernos olvidar el tema de fondo: es indispensable mejorar la calidad de la educación y para ello el rol de la sociedad civil es fundamental.

Ernesto Silva, Abogado, Doctor en Ciencias Políticas y Máster en Políticas Públicas

 

FOTO :PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO

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