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Publicado el 27 de agosto, 2015

La caída de Levantemos

Aunque Felipe Cubillos tenía redes profundas en la derecha, sus sucesores, con justa razón, salieron a rescatar el nombre desde la contingencia política y sepultaron una de las operaciones comunicacionales más promisorias de la derecha.

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El domingo pasado, en El Mercurio, en una organizada filtración se presentó el nuevo nombre en sociedad de la coalición opositora, y probablemente de la plataforma que ocupará el ex Presidente Piñera para su reelección el 2017, en el caso que lo haga.

La instalación fue una operación comunicacional de manual: en el influyente cuerpo D de El Mercurio, con aprobación tácita de los partidos de la oposición e, incluso, con un tercer validador en la figura del destacado publicista Martín Subercaseaux quien habló una lista de atributos positivos del nuevo nombre y logo.

En realidad el nombre es coincidente con lo que piensa Piñera y su entorno de lo que será necesario para el 2018. Basta escuchar las palabras de su ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín, quien en una hipérbole economicista culpa a las reformas y al realismo sin renuncia de los problemas económicos, incluyendo las caídas de las bolsas chinas y el precio del cobre.

Pero más allá de las pasiones de Larraín, Levantemos como marca es capaz por sí sóla de construir sentidos, que es el clásico problema de la derecha, a quien le cuesta universalizar sus mensajes y aparece siempre hablándole a lo más granado del conservadurismo.

Sin duda una marca que logra todo eso y además es apropiable, escalable y aplicable como la palabra Levantemos es un éxito comunicacional. Si además se le pueden asociar algunos hechos como la reconstrucción del terremoto o el rescate de los mineros de Atacama, funciona aún mejor, pues le otorga un relato del que se pueden apropiar los candidatos de derecha.

Además establece una buena diferenciación con la competencia: la necesidad de volver a crecer en contraste con una discusión sobreideologizada sobre las reformas.

La instalación de ambigüedad que se ha instalado alrededor del gobierno actual, además de la crisis económica, donde lo peor está por venir, hace que la discusión que se puede avecinar para las próximas elecciones es cómo salimos de esta crisis, se retoma el rumbo de crecimiento, y se evita la llamada “trampa del ingreso medio” que nombró recientemente un banco de la plaza para referirse al status quo de las finanzas chilenas. O sea, dicho en resumido sobre “cómo Levantarse”

Y la derecha no ha logrado posicionarse un ápice en dicha conversación, donde los ganadores de los ruidos políticos son Lagos por el centro y Enriquez-Ominami por la izquierda. La marca elegida, aunque no lo sería todo, ayuda a posicionar la idea de que es mejor la derecha en la tarea del crecimiento, asunto que será motivo de agenda política.

La mala suerte para la Presidenta Bachelet hizo que al gobierno actual le ha tocado la parte baja del ciclo económico, lo que implica bajos precios de las materias primas y problemas de crecimiento en los principales socios comerciales de Chile.

Es probable que la campaña presidencial coincida con el punto de inflexión del ciclo, y no se descarta entonces que Felipe Larraín, fiel a su estilo, salga a decir que la recuperación económica se debe al anuncio de la candidatura del ex Presidente Sebastián Piñera.

En todo ese escenario un discurso comunicacional de retomar el crecimiento, de levantarse.

Pero lo que parece perfecto, no lo era. La frase tenía dueño, y que hubiese fallecido de la manera heroica que lo hizo, lo hace más propietario aún del nombre, y por supuesto, del contenido.

La fundación creada por Felipe Cubillos lleva ese mismo nombre, asociado a la iniciativa de reconstruir las instalaciones y ánimos destruidos por el terremoto. El tweet publicado en respuesta al lanzamiento de la palabra Levantemos para referirse a la coalición de derecha es demoledor “Queremos y trabajamos por un mejor país, pero que utilicen nuestro nombre o similares para posicionar intereses políticos no nos parece”.

Y aunque Cubillos tenía redes profundas en la derecha, sus sucesores, con justa razón, salieron a rescatar el nombre desde la contingencia política y sepultaron una de las operaciones comunicacionales más promisorias de la derecha, y en especial del piñerismo, que rápidamente salió a desmentir que el ex Presidente tuviera autoría alguna.

Es que es demasiado dura la expresión “posicionar intereses políticos”, como si fuera una operación de “take over” al estilo del Lobo de Wall Street. Y en la derecha todos saben quién es el más hábil en esas lides.

 

Carlos Correa, Ingeniero Civil Industrial, MBA, consultor en comunicación estratégica y ex director(s) de la Secom.

 

 

FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

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