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Publicado el 24 de junio, 2017

La broma de Piñera y el doble estándar

Es un poco patológico que algunos conocidos progresistas se indignen con la torpeza de Piñera, y que en Facebook o Twitter reproduzcan y compartan comentarios muy ofensivos contra mujeres que no les resultan simpáticas.
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La broma sexista de Sebastian Piñera merece el rechazo político y social que ha recibido, con creces. Sencillamente no resulta aceptable que, a estas alturas del siglo XXI, un candidato presidencial pretenda hacerse el simpático burlándose así de las mujeres. Es como si se le hubiese olvidado que tiene hijas, esposa y miles de electoras. Dicho lo anterior, resulta también francamente hilarante el doble o triple rasero que exhiben tantos “feministas” de último minuto, quienes aprovecharon el blooper del candidato para hacer gala de una, hasta ahora, desconocida sensibilidad por los asuntos femeninos.

Más risible resulta cuando uno comprueba que algunos de esos mismos pseudo-feministas sólo hace un par de semanas se burlaban de la ex ministra Cecilia Pérez o reproducían chistes muy odiosos contra Lucía Pinochet. Es cierto que todas las personas somos contradictorias e incoherentes en algún grado, pero resulta un poco patológico ver a algunos conocidos muy indignados con la torpeza de Piñera y comprobar que, todavía, en sus muros de Facebook o Twitter reproducen y comparten comentarios muy ofensivos contra mujeres que no les resultan simpáticas o celebran las alusiones de Yerko Puchento a “la monga”.

La misma falta de coherencia se podría reprochar a autoridades y líderes de opinión que, con tanta premura, condenaron a Piñera, pero que guardan un ominoso y cómplice silencio cuando el ofensor es de sus propias filas. Aunque he buscado exhaustivamente, no he podido encontrar ningún reproche de la Presidenta Bachelet o de sus ministras contra el diputado socialista Marcelo Schilling, cuando este emitió los insultos sexistas más vulgares que se han escuchado en la Cámara de Diputados, lo que ya es decir.

Esa misma falta de coherencia quedó de manifiesto cuando las ministras de Bachelet enviaron una indignada carta a The Clinic quejándose por una portada denigrante contra Javiera Blanco. La editora del pasquín les respondió reprochándoles que sólo se quejaban porque Blanco era de sus filas, porque nunca antes se habían indignado con las caricaturas reproducidas contra personas de derecha, como Evelyn Matthei.

Es una lástima que las ministras de Bachelet exhiban este doble estándar tan evidente. Si uno de verdad las viera abogando públicamente por la dignidad de todas las mujeres, no habría más remedio que asumir que de verdad están comprometidas con la causa. Al contrario, si sólo sacan a relucir su feminismo cuando la víctima del agravio es una camarada o una compañera, pues no queda más que sospechar que están siendo oportunistas. Muy distinta, por ejemplo, fue la reacción de la ex ministra Carolina Schmidt cuando condenó públicamente una anterior desubicación de su entonces jefe, el que nunca aprende, Sebastián Piñera. Con su reto público al Presidente, Schmidt demostró que su función como ministra del Servicio Nacional de la Mujer era defender a todas las chilenas, le pesara a quien le pesara.

Coherencia debería exigírseles también a los medios de comunicación. The Clinic, por ejemplo, ha sobre-explotado políticamente la broma sexista de Piñera en los últimos días, pero en el pasado este medio siempre ha defendido sus ordinarieces contra algunas líderes femeninas, amparándose en “el derecho al humor político, así se trate de las mujeres, los mapuches, los gays, los animales o, por supuesto, los hombres”. Y por supuesto que el derecho de lanzar chistes picantes contra los demás sólo lo pueden ejercer ellos, los que van de progresistas por la vida, porque si lo hace alguien de derecha, como Piñera en este caso, pues entonces el bromista es un asqueroso machista, un miserable, un cerdo fascista.

Quienes confunden un chiste de mal gusto con una especie de misoginia criminal lo hacen a sabiendas, no por error. Lo suyo no es verdadera indignación, sino una mezcla de hipocresía y oportunismo de baja ralea. El tipo de discurso que empobrece el debate y banaliza problemas complejos.

 

Ricardo Leiva, doctor en Comunicación

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

 

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