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Publicado el 07 de julio, 2019

Juan Pablo Couyoumdjian: Sobre los cambios en las reglas del juego (y el VAR)

PhD Economía, académico Universidad del Desarrollo Juan Pablo Couyoumdjian

Un proceso exitoso de cambio institucional, que probablemente tiene tanto de arte como de ciencia. Para que sea verdaderamente eficaz, debe generar un nuevo escenario que los agentes involucrados entiendan y consideren legítimo, y además quieran cumplir. Además, debe mantener un cuidadoso balance de flexibilidad y rigidez.

Juan Pablo Couyoumdjian PhD Economía, académico Universidad del Desarrollo
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Los cambios institucionales son, parafraseando a Douglass North, cambios en las “reglas del juego” de una sociedad. Ello es bastante evidente en el contexto de lo que se conoce como las instituciones “formales” de un país: aquí estamos hablando de las constituciones y otras normas jurídicas y legales. Es dentro del marco de estas reglas que se desenvuelven las interacciones humanas que, en todo caso, están insertas también en un entorno cultural determinado (que representa las instituciones “informales” de una comunidad). Desde este último sentido, al estudiar el proceso de cambio institucional formal las instituciones informales serán un factor clave a tener presente.

El punto es que los cambios en las reglas del juego requieren de un correcto alineamiento de incentivos en la matriz institucional completa, y también un cuidado especial con el proceso de transición institucional. Para que el cambio en las reglas sea verdaderamente eficaz debe generar un nuevo escenario que los agentes involucrados entiendan y consideren legítimo, y además quieran cumplir. Por otra parte, la transición hacia el nuevo sistema debe mantener un cuidadoso balance de flexibilidad y rigidez; de esto es lo que trata un proceso exitoso de cambio institucional, que probablemente tiene tanto de arte como de ciencia.

Un ejemplo concreto, que apunta a lo crítico que es todo esto, viene dado por el caso de la nueva Ley de Convivencia Vial, que buscaba armonizar el uso del espacio vial por parte de usuarios de distintos modos de transporte. A pesar del cambio legal, en varias partes de Santiago se sigue observando la circulación de bicicletas y scooters eléctricos en veredas, y a automovilistas arrinconando a ciclistas. La insuficiente información sobre los elementos principales de este cambio institucional, y también la falta de fiscalización, se nota. Si lo que se buscaba era ayudar a generar un cambio cultural, todavía nos falta.

En esta misma línea tenemos también el caso de la implementación del Transantiago. La nueva institucionalidad en materia de transporte público en el Gran Santiago, no cumplió lo prometido en cuánto a la calidad de los viajes para los usuarios, y es por sus problemas de imagen y para que los usuarios tengan mayor confianza en el mismo, que recientemente ha sido rebautizado. (Y para qué hablar de la transición hacia el nuevo sistema que se echó a andar oficialmente en el verano de 2007.)

Pero esta columna está motivada por otro ejemplo más cercano, que viene del plano futbolístico. La Copa América que acaba de terminar este fin de semana implementó por primera vez en este tipo de campeonatos sudamericanos el VAR o video-arbitraje. Este cambio en las reglas ha dado lugar a variados comentarios. Objetivamente, la implementación de esta nueva regla no estuvo exenta de problemas. La transición al nuevo sistema no ha sido fácil, y esto no sólo se refiere al hecho de que el espectáculo deportivo se vio afectado por las demoras asociadas a las consultas al VAR (que es algo que se ha manejado mejor en torneos en otros continentes). Es la aparente arbitrariedad del sistema lo que ha causado más ruido. Los responsables de implementar el video-arbitraje en la Copa América han sido poco autocríticos a este respecto, y claramente existe un espacio para mejorar la transparencia del sistema. Más allá de cualquier preferencia personal parece que esta nueva regla está para quedarse, pero dada la historia del fútbol sudamericano un cambio como el propuesto no es fácil de implementar si no se cuenta con adecuados niveles de transparencia y, con ello, de legitimidad. El proceso de cambio institucional, no puede ser dejar de lado la percepción de los agentes respecto de cómo funciona el sistema, porque al final del día ellos pueden dejar de creer en el resultado del juego.

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