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Publicado el 10 de junio, 2019

Juan Pablo Couyoumdjian: La relativización de los acuerdos

PhD Economía, académico Universidad del Desarrollo Juan Pablo Couyoumdjian

El actual orden económico internacional se ve, entonces, muy precario. E incluso muestra señales preocupantes, con un neo – mercantilismo en ciernes basado, como en el pasado, en ambiguas concepciones de seguridad nacional.

Juan Pablo Couyoumdjian PhD Economía, académico Universidad del Desarrollo
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“Los acuerdos los cumplo mientras me resultan convenientes”. Esta frase apunta a un problema bastante extendido, que muestra las dificultades de inducir cumplimiento a acuerdos cuando los agentes no quieren cumplirlos porque consideran que dejan de serles beneficiosos. A nivel de acuerdos o contratos entre privados, es la justicia civil la que debe resolver este tipo de problemas. A nivel constitucional o internacional, el tema es más complejo.

En el periodo post Segunda Guerra Mundial surgió un “nuevo orden” económico que buscaba hacerse cargo de los problemas de cooperación internacional. Ello involucró el establecimiento de una institucionalidad internacional con, entre otros, el Fondo Monetario Internacional, fundado en 1945, y también una serie de acuerdos internacionales, incluyendo el primer Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (en inglés, GATT, por General Agreement on Tariffs and Trade), de 1947, que buscaba hacer algo frente al proteccionismo económico internacional existente desde fines de la gran depresión. Por cierto, todo este orden ha evolucionado a través del tiempo, y en 1994 el GATT dio paso a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Las ventajas del libre comercio internacional son bien conocidas. La especialización y el intercambio, en un contexto de mercados competitivos, es la base del progreso de las naciones. La apertura unilateral al comercio es positiva ya que permite al país que se abre beneficiarse inmediatamente del libre comercio. Algunos creen, por otra parte, que la mejor forma de aprovechar las ventajas del comercio y avanzar en esa línea es a través del camino de los acuerdos bilaterales o multilaterales. Esta última vía ciertamente tiene ventajas en la medida que genera un mejor aprovechamiento global de los patrones de especialización. Se ha argumentado también que el multilateralismo ayuda a convencer a los escépticos del libre comercio a sumarse a este movimiento, al relacionarse la apertura doméstica con la de otros países que ofrecen oportunidades a los productores domésticos. Y, sin embargo, el lento avance del multilateralismo, que implica poner de acuerdo a todos los países involucrados en negociaciones donde en cada país hay diferentes tipos de efectos distributivos, ha incentivado los acuerdos comerciales bilaterales.

Todos estos acuerdos incorporan mecanismos de solución de controversias para hacerse cargo de potenciales problemas en la implementación de los mismos. Cuando, por alguna razón, las autoridades de un país sienten que la relación comercial con un socio determinado no está funcionando como debería en algún ámbito, hay mecanismos para resolver las diferencias. Pero nótese que esto parte del hecho de que no basta con decir que uno se siente perjudicado, lo que sea que esto signifique.

Y, sin embargo, este orden internacional enfrenta en la actualidad problemas importantes. Esto es lo que nos ha mostrado la llamada “guerra comercial” que se observa en la actualidad entre Estados Unidos y China y otros países. La decisión de enfrentar los problemas percibidos en las relaciones comerciales bilaterales sin regirse por los mecanismos de solución de controversias existentes, decidiéndose en vez a “tirar el mantel”, para usar una expresión coloquial, es una muy mala señal. El hecho de que se argumente que esta “guerra” no es tal, y que los anuncios de tarifas por un lado y otro son sólo tácticas para llegar mejor posicionados a una mesa de negociación, no es un consuelo. Porque detrás de todo esto se trasluce la convicción de que los acuerdos sólo se deben cumplir cuando se percibe que ellos nos ayudan en alguna dimensión muy concreta.

Todo esto es independiente del hecho de que estas acciones están basadas en una comprensión equivocada de las ventajas del comercio. El actual orden económico internacional se ve, entonces, muy precario. E incluso muestra señales preocupantes, con un neo – mercantilismo en ciernes basado, como en el pasado, en ambiguas concepciones de seguridad nacional.

 

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