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Publicado el 13 de mayo, 2019

Juan Pablo Couyoumdjian: Juegue, juegue

PhD Economía, académico Universidad del Desarrollo Juan Pablo Couyoumdjian

Seguir lamentándose no parece una política sabia. Con todo, proseguir en el camino al desarrollo requiere que los distintos actores nacionales se comprometan a seguir jugando el juego de la política.

Juan Pablo Couyoumdjian PhD Economía, académico Universidad del Desarrollo
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Al inicio del campeonato nacional de fútbol de este año 2019, el Comité de Arbitraje decidió implementar una medida nueva para hacer más dinámico el juego y para que tuviera un mayor tiempo efectivo de acción. Ella consiste en dejar jugar, dejando de cobrar roces menores que a veces constituyen en verdad faltas simuladas que le terminan quitando ritmo a un partido. La idea es que un partido de fútbol se debe definir cuando los equipos efectivamente se dedican a jugar. (Sí, hay momentos en los cuales “hacer tiempo” ―es decir, no jugar― puede ser una buena estrategia, pero uno no debiera esperar que esto sea ventajoso en el largo plazo.) Si bien al principio a los jugadores les costó acomodarse a esta situación, una evaluación preliminar de esta medida ha sido positiva.

Dedicarse a jugar el juego tiene analogías en el campo de las políticas públicas, en particular en cuanto al comportamiento de los actores involucrados en este proceso. Este tipo de análisis es especialmente oportuno en la coyuntura actual del país.

Por una parte uno podría observar que un gobierno no puede renunciar a sus ideales, y tiene que seguir marcando la agenda respecto de temas relevantes de política pública. Se acerca la cuenta pública presidencial del 1 de junio, y sería importante ver más claramente en el gobierno una intención de salir a la cancha con una línea de juego clara; esto viene antes de querer “meter goles” (donde acá, la expresión es del propio presidente Piñera respecto de sus ministros). La disposición a jugar se debe ver no sólo en los acuerdos legislativos que se puedan alcanzar respecto de determinados proyectos de ley, sino también respecto del recoger y priorizar de forma apropiada las problemáticas que existen en determinadas áreas de la sociedad.

Lo que uno esperaría es que efectivamente se analicen y, si se estima necesario, mejoren los proyectos de ley presentados como soluciones a determinados problemas de política pública.

En el Congreso, el negarse a la idea de legislar respecto de proyectos que no se consideran correctos, como hemos visto por parte de algunos sectores, es a todas luces inapropiado. En un sistema representativo, el Congreso es un lugar de deliberación y, en términos de nuestra analogía, vetar o negarse a discutir determinados proyectos es equivalente a negarse a jugar. Lo que uno esperaría es que efectivamente se analicen y, si se estima necesario, mejoren los proyectos de ley presentados como soluciones a determinados problemas de política pública.

Desde el punto de vista de los agentes participantes en la actividad económica el problema puede analizarse desde un punto de vista distinto. Como es bien sabido, en la economía las expectativas importan ―ellas influyen en el desarrollo de las actividades productivas de los agentes económicos. El proceso de formación de expectativas es, por cierto, una cuestión compleja. Distintos tipos de señales influyen sobre las expectativas privadas; entre ellas, la calidad del debate político. También influye la situación económica concreta que perciben los agentes, ya sean estos consumidores, empresarios o trabajadores. Diferentes analistas han comentado que en el caso de nuestro país los dos factores mencionados explican parte importante del decaimiento que se observa en las expectativas económicas. Y, sin embargo, reconociendo que hay problemas no menores en el primer tema que han generado incertidumbre económica (y que, como anotamos, debe ser abordada), en otros contextos puede haber una sobrerreacción relacionada con un énfasis en indicadores y noticias parciales, de corto plazo, y a “expectativas insatisfechas” (que, en todo caso, puede tener que ver con algunas señales del gobierno). Por cierto, esto no significa que los resultados de distintos indicadores concretos no importen, pero una evaluación más apropiada puede requerir de una comparación considerando un horizonte de tiempo adecuado y que sea en verdad más objetiva.

El punto es que esto debiera llevar a un ajuste de las expectativas y a la decisión de seguir jugando en este nuevo escenario. Seguir lamentándose no parece una política sabia. Con todo, proseguir en el camino al desarrollo requiere que los distintos actores nacionales se comprometan a seguir jugando el juego de la política. Ello puede requerir un ánimo distinto de su parte: de todos.

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