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Publicado el 15 de agosto, 2019

Juan Ignacio Brito: Presidente zombi

Periodista Juan Ignacio Brito

Desvinculado de la realidad, Macri no comprendió a tiempo que el pueblo argentino lo está pasando mal y que su gestión ha sido profundamente decepcionante para la ciudadanía. El gobierno que prometió renovación y recuperación terminó sumiendo al país de nuevo en el pánico inflacionario, obsesionado con el valor del dólar, aumentando los niveles de pobreza y recortando la calidad de vida de los argentinos.

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Hoy en Argentina la pregunta no es quién ganará en las elecciones de octubre, pues se da por descontada la victoria de Alberto Fernández. La interrogante es saber si Mauricio Macri aguanta hasta diciembre en la Casa Rosada o si antes sale “vomitando sangre”, una expresión que se usa allá para recordar el retiro anticipado de Raúl Alfonsín en 1989, quien se vio forzado a renunciar y entregar antes de tiempo el poder a Carlos Menem para apaciguar el conflicto social que sufría el país como producto de la crisis económica.

Luego de su terrible performance en la conferencia de prensa que ofreció el lunes, ayer el presidente trató de recuperar la iniciativa al pedir perdón por su reacción tras la derrota en las primarias (“estaba muy afectado, sin dormir y triste”). Anunció también un generoso paquete de medidas que sonrojarían a un populista para ir en ayuda de la clase media. La movida quizás le dé algunos votos, pero, más que nada, deja en evidencia un estado de aguda desesperación ante un desenlace inescapable.

Ahora un frustrado Macri debe navegar por aguas tempestuosas, convertido en un “hombre muerto caminando”, un zombi al que solo le queda aferrarse al cargo, aunque no sea más que para evitar ser incluido en la lista de presidentes no peronistas incapaces de terminar su mandato.

La derrota de Macri se explica en varios niveles. En primer lugar, porque Cristina Fernández acertó mejor que el presidente al escoger a su compañero de fórmula. La ex mandataria mostró pragmatismo e inteligencia al atraer a su amigo-rival Alberto Fernández, un personaje cercano a Néstor Kirchner que se había distanciado de ella tras la “crisis del campo” de 2008. La designación de Fernández permitió que el kirchnerismo sumara votos: hasta antes de la designación, Cristina y Macri se encontraban igualados y estancados en alrededor de 33% de las preferencias. La incorporación de Alberto Fernández y el pacto alcanzado con Sergio Massa -otro antiguo rival cercano al peronismo- le dieron aire fresco a la candidatura, rompieron el techo electoral que estaba tocando Cristina con su elevado nivel de rechazo, y permitieron que el kirchnerismo subiera hasta el 47,35% que logró en las primarias. En cambio, la inclusión de Miguel Angel Pichetto no pareció sumarle adhesión a Macri, quien consiguió 32,33% el domingo, un apoyo casi idéntico al que captaba antes de escoger a su compañero de lista.

¿Había que votar por el kirchnerismo corrupto o por el macrismo empobrecedor? El domingo supimos cuáles son las prioridades de los argentinos en estos momentos.

Más allá de los nombres, Macri cometió el pecado de rodearse de asesores que le dijeron lo que él quería escuchar: que la gente lo iba a preferir a él pese a estar sufriendo, porque se hallaba hastiada de Cristina y recordaba la gestión corrupta y catastrófica que ella lideró. Macri se puso selectivo: es verdad que la mayoría de las encuestas auguraba un resultado estrecho, ligeramente ventajoso para Fernández, pero también lo es que hubo sondeos que predijeron una victoria amplia de la dupla kirchnerista y que el presidente prefirió no mirarlos. También prestó atención excesiva a los empresarios y los agentes económicos y comenzó a contagiarse del optimismo que estos irradiaban.

Resulta evidente que perdió conexión con los votantes de carne y hueso y prefirió confiar en la abstracción de las encuestas y los mercados. Esa lectura equivocada lo encegueció y le llevó a chocar de frente con la realidad el domingo en la noche, cuando tuvo que reconocer con el rostro desencajado que “tuvimos una muy mala elección”, mientras en la intimidad pedía con rabia explicaciones a sus asesores por el rotundo fracaso.

Desvinculado de la realidad, Macri no comprendió a tiempo que el pueblo argentino lo está pasando mal y que su gestión ha sido profundamente decepcionante para la ciudadanía. El gobierno que prometió renovación y recuperación terminó sumiendo al país de nuevo en el pánico inflacionario, obsesionado con el valor del dólar, aumentando los niveles de pobreza y recortando la calidad de vida de los argentinos. Se quedó sin cartas que mostrar a un electorado que ya no le cree. ¿Su único argumento? Ella es peor que yo.

La ineptitud de Macri terminó poniendo a los argentinos ante una disyuntiva terrible, pues les obligó a escoger entre lo malo y lo peor, entre su orgullo moral y su bolsillo. ¿Había que votar por el kirchnerismo corrupto o por el macrismo empobrecedor? El domingo supimos cuáles son las prioridades de los argentinos en estos momentos.

Desde Chile hay muchos que los juzgan por haber escogido como lo hicieron, pero habría que estar en sus zapatos para saber dónde y cómo aprietan.

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