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Publicado el 25 de abril, 2019

Juan Ignacio Brito: La triste lección de Macri

Periodista Juan Ignacio Brito

El hundimiento progresivo del presidente argentino debería hacer reflexionar especialmente a la derecha chilena, que habla con convicción durante las campañas electorales, pero olvida con rapidez una vez que llega a La Moneda. Atrapada entre su indecisión y la falta de mayoría en el Congreso, parece incapaz de ofrecer una narrativa propia que entusiasme y ayude a proyectar su gestión.

Juan Ignacio Brito Periodista
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El descalabro que sufre Argentina bajo la gestión de Mauricio Macri no debe pasar inadvertido en Chile. El presidente que llegó a la Casa Rosada en diciembre de 2015 con un discurso renovador, prometiendo la revitalización de un país largamente anestesiado por la ineficiencia y la corrupción, está hoy contra las cuerdas, con indicadores económicos alarmantes y la posibilidad cierta de que su gobierno no sea más que un paréntesis entre dos etapas del mafioso peronismo kirchnerista.

Argentina salió del fuego kirchnerista para caer a las brasas del macrismo. Recién llegado al poder, el líder de la alianza Cambiemos optó por tratar a la enferma economía de su país con un plan de reformas acotadas y graduales. En lugar de aplicar correctivos fuertes aprovechando el apoyo ciudadano inicial a su gestión, prefirió avanzar poco y mal. Argentina vivió una corta primavera, pero hoy el mal tiempo ha vuelto y se ha convertido en una tormenta: la inflación es elevada (4,7% en marzo y se espera que en abril llegue a 4%), la pobreza va en alza (llegó a 32% de la población en el segundo semestre de 2018; estaba en 25,7% un año antes), el riesgo país sube (alcanzó ayer 910 puntos, un récord para la era Macri), el dólar no para de escalar (ayer se cotizó en 44 pesos), la calidad del empleo decae (18,6% de la población activa trabaja en “changas” temporales o es beneficiaria de programas de empleo), la deuda aumenta, los ingresos decrecen, etc. Según una encuesta de la consultora Circuitos difundida ayer, 40,9% de los argentinos cree que la situación económica del país es muy mala y 23,6% la considera mala, mientras que 37,6% afirma que en los próximos meses la salud de la economía va a empeorar y 21,8% piensa que empeorará mucho.

Sin reformas de fondo, el FMI y la Casa Rosada solo compran tiempo. Argentina avanza hacia el precipicio como un sonámbulo.

Exhibiendo poca fe en las que proclamaba como sus convicciones, Macri enfrenta la crisis recurriendo hoy al instrumental kirchnerista que ayer tanto criticó. Ha adoptado retenciones a las exportaciones y congelado tarifas y precios. El país vuelve a depender del financiamiento del FMI, que entrega miles de millones de dólares para que Argentina pueda respaldar su alicaída moneda, en una receta que parece abonar el terreno para una crisis futura. Porque, ¿cómo hará una Argentina incapaz de generar confianza entre los inversionistas para mantener el tipo de cambio una vez que se seque la llave de la ayuda exterior? Sin reformas de fondo, el FMI y la Casa Rosada solo compran tiempo. Argentina avanza hacia el precipicio como un sonámbulo.

Macri ha pactado con el diablo. Su principal objetivo es conseguir la reelección en octubre, aunque resulta muy probable que termine perdiendo, porque su popularidad se hunde en un océano de cifras negativas e incoherencia. La sombra del populismo irresponsable de Cristina Fernández de Kirchner vuelve a proyectarse como una carta presidencial viable. El kirchnerismo, dividido hasta hace poco, está reagrupándose y es una alternativa clara de poder. El sondeo de Circuitos señala que, si las elecciones fueran hoy, 33,8% de los consultados votaría por la ex presidenta, mientras que solo 24,4% lo haría por el actual mandatario. En una hipotética segunda vuelta, ella lo vencería con comodidad: 44,2% contra 36,6%, con 19,2% de indecisos.

Los argentinos enfrentan una disyuntiva muy pobre en las presidenciales de octubre: elegirán entre “macrisis” o “crisistina”. O sea, todo seguirá igual para ellos.

Mientras Fernández está acosada por las investigaciones anticorrupción, Macri está acorralado por su impopularidad. En su mejor momento desde que abandonó la Casa Rosada, la “patroncita” se victimiza, denuncia persecuciones de la “justicia macrista” y lanza sus memorias, donde dice que “Macri es el caos y por eso creo firmemente que hay que volver a ordenar la Argentina”. El actual mandatario, en cambio, luce destemplado al denunciar en una intervención televisiva que los pobres vivían antes “en la mierda”. Según Héctor Gambini, editor del influyente “Clarín”, los argentinos enfrentan una disyuntiva muy pobre en las presidenciales de octubre: elegirán entre “macrisis” o “crisistina”. O sea, todo seguirá igual para ellos.

Por desgracia, poca gente parece estar prestando atención en Chile a lo que sucede en Argentina. El hundimiento progresivo de Macri debería hacer reflexionar especialmente a la derecha chilena, que habla con convicción durante las campañas electorales, pero olvida con rapidez una vez que llega a La Moneda. Atrapada entre su indecisión y la falta de mayoría en el Congreso, parece incapaz de ofrecer una narrativa propia que entusiasme y ayude a proyectar su gestión. Su única bandera parece ser la que dice que “nosotros lo hacemos mejor que la
izquierda”. Eso puede servir por un rato, pero en ausencia de resultados concretos y un proyecto sustantivo, el rumbo se desvía.

Cuando se gobierna mirando las encuestas y reaccionando ante los eventos, el liderazgo decae, las convicciones desaparecen, el curso se torna errático y la máquina se traba.

Liderada por un gobierno que se ve confundido, la derecha no consigue tomar vuelo. No es que el país se encuentre en peligro de un naufragio como ocurre en Argentina, sino más bien que navega hacia la consolidación de la mediocridad sin que nadie parezca capaz de remecer el bote y sacudir el narcotizado sopor en que se encuentra sumido. Es cierto que el descrito es un problema de larga data y que sería injusto achacárselo solo al actual gobierno. Pero también lo es que el Presidente Sebastián Piñera prometió “tiempos mejores” e inyectar dinamismo. Casi nadie podría decir que lo ha hecho mal, pero son muy pocos los que podrían afirmar que lo ha hecho bien…

La Argentina de Macri constituye una triste lección de lo que ocurre cuando las aguas se empantanan, y las autoridades se sumergen en la duda y comienzan a tomar medidas solo para
ganar tiempo. Cuando se gobierna mirando las encuestas y reaccionando ante los eventos, el liderazgo decae, las convicciones desaparecen, el curso se torna errático y la máquina se traba. Aunque todo puede pasar en política, es posible que el final de Macri se encuentre cerca y que llegue de la mano de una ex presidenta que salió muy desprestigiada de la casa de gobierno. ¿Habrá alguien tomando nota en Chile?

FOTO:SEBATIAN BROGCA/AGENCIAUNO

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