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Publicado el 25 septiembre, 2020

Juan Ignacio Brito: Empantanado

Periodista Juan Ignacio Brito

El muy revuelto río de la derecha ofrece, en teoría, un ambiente muy propicio para que José Antonio Kast tenga una pesca milagrosa. Sin embargo, no parece que eso esté ocurriendo.

Juan Ignacio Brito Periodista
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Los que corren deberían ser buenos tiempos para José Antonio Kast. Porque los “viudos” abundan en una derecha desencantada con los partidos de Chile Vamos, un gobierno que ha defraudado y unos liderazgos políticos que se alejan de la ortodoxia. El muy revuelto río de la derecha ofrece, en teoría, un ambiente muy propicio para que el exdiputado tenga una pesca milagrosa. Sin embargo, no parece que eso esté ocurriendo: Kast se ve empantanado. Lo que alguna vez constituyó una irrupción novedosa y disruptiva hoy parece repetitivo y defensivo. El provocador de antaño sigue siendo bueno para la polémica corta, pero se ha vuelto predecible, quejoso, unidimensional y sin propuestas que entusiasmen.

Da la impresión de que Kast corre el riesgo de perder su oportunidad. Así se explica, por ejemplo, que Evelyn Matthei, y no él, sea quien capitalizó el rechazo que generaron las declaraciones de Joaquín Lavín en favor del Apruebo y la socialdemocracia. A priori, lo obvio habría sido apostar que Kast saltaría como un lince para capturar el desencanto de la derecha con el pragmatismo extremo de Lavín y las contradicciones vitales de la UDI. Sin embargo, no fue así. En la última encuesta Cadem, la alcaldesa de Providencia empata en 7% con sus colegas de Las Condes y Recoleta cuando se pregunta al público “quién le gustaría que fuera el próximo presidente”. Kast recibe 4% de las preferencias; mejor que el 2% de julio, pero peor que el 5% de hace un año.

Tampoco supo reaccionar con aplomo cuando Pablo Longueira lo mencionó en la entrevista donde presentó su estrategia por el Apruebo. JAK emitió un largo y confuso comunicado que aclaró poco y lo dejó situado bajo la sombra del antiguo coronel de la UDI.

Kast se queja repetidamente de que los medios tradicionales le prestan poca atención. Pero cuando consigue que lo inviten, pierde minutos preciosos en discusiones con sus entrevistadores (ocurrió con Mónica Rincón en CNN) o con otros panelistas (sucedió con Ana Lya Uriarte en TVN). A lo mejor así busca dejar establecido ante su electorado su condición de némesis de la izquierda. Pero uno también se pregunta cuándo tomará nota el exdiputado de que, si quiere crecer, debe entender que sus adversarios políticos (la izquierda) no coinciden con sus rivales electorales (Chile Vamos).

Por eso desconcierta que Kast y su partido anuncien que competirán contra Joaquín Lavín en Las Condes, pero al mismo tiempo estén dispuestos a negociar un acuerdo con Chile Vamos para las municipales. Quizás estiman que un buen resultado en esas elecciones es cuestión de vida o muerte para las posibilidades presidenciales de JAK y legislativas del Partido Republicano. Pero al pactar con la derecha tradicional están asumiendo un gran riesgo que puede desdibujarlos para siempre y convertirlos en el tigre de papel que Chile Vamos espera que terminen siendo.

A Kast le gusta hacer un paralelo entre el Partido Republicano y Vox, la colectividad de derecha que hoy es la tercera fuerza política en España. En un encuentro virtual de JAK con su líder, Santiago Abascal, este explicó que, antes de tener éxito, Vox sufrió repetidos y descorazonadores reveses, pero aun así no cedió en la promoción de su proyecto político y que, al final, una parte relevante del electorado español premió su coherencia y constancia. Kast y los republicanos saben también que la perseverancia es un atributo difícil en un movimiento político, pero que es eventualmente recompensado por el electorado.

Esa perseverancia, sin embargo, no debería limitarse solo a una defensa cerril del pasado y a recoger banderas que han sido abandonadas por otros, sino que necesita abrirse asimismo a las nuevas realidades en terreno. Ello no significa, por supuesto, desprenderse del ánimo restaurador ni renunciar a convicciones esenciales, sino darles sentido en la realidad actual y proyectarlos hacia el futuro. No basta con defender la Constitución del 80 y el modelo económico ni con proclamar la restauración cultural. Un programa político sólido hace muy bien en mirar hacia atrás, pero debe enfocarse en el presente y proponer una visión acerca del porvenir. Solo así gana densidad, resulta inspirador y consigue entusiasmar.

Hasta ahora parece difícil distinguir en el discurso de Kast y los republicanos cuál es esa mirada de futuro y qué propuestas concretas se derivan de ella. Ambos se ven, más bien, incondicionalmente vinculados a la defensa de un pretérito valioso, sin una hoja de ruta clara para enfrentar los desafíos presentes y los que vendrán más adelante. Esto puede ser el síntoma de un problema mayor: quizás el estancamiento descrito no obedece solo a una falta de habilidad para encarar escaramuzas de orden táctico, sino más bien a insuficiencias de mayor calado que comienzan a hacerse ostensibles.

Lo bueno para JAK y sus seguidores es que la ventana de oportunidad sigue abierta para ellos. Las indefiniciones de Chile Vamos se han hecho crónicas y eso asegura que seguirá habiendo desencantados dispuestos a buscar alternativas. La pregunta es si JAK y sus republicanos son capaces de atraer a esos insatisfechos y de transformar un respaldo coyuntural en una adhesión política permanente a través de un programa que haga sentido y se proyecte en el tiempo. Como bien debe saberlo Kast a estas alturas, resulta relativamente sencillo proclamar un movimiento basado en la protesta contra otros; mucho más difícil es organizar un proyecto propio que genere apoyos de largo plazo, con coherencia doctrinaria y visión de país.

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