Un viejo dicho sostiene que en periodismo no hay malas preguntas, sino malas respuestas. No cabe duda que Gabriel Boric se equivocó al contestar como lo hizo al reportero de la radio Biobío que le consultó por el test antidroga que el candidato mostró durante el debate del lunes. No solo porque su actitud contrasta con la imagen en favor de los acuerdos y el diálogo que intentó proyectar durante el intercambio con José Antonio Kast, sino porque la salida de madre puede sugerir una actitud peligrosa y una comprensión errónea del rol fiscalizador de los medios que, apenas unos días atrás, había asegurado conocer y respaldar.

El debate de Anatel mostró a un Gabriel Boric muy compuesto, proponiendo el diálogo como vía de solución para varios de los dilemas que atraviesan el Chile de hoy. Sin embargo, el inesperado desliz de última hora echó por tierra esa narrativa y lanzó al debate a un segundo plano.

Fue el propio Boric quien alimentó las suspicacias al mostrar en cámara los resultados del test de orina que se tomó el 2 de noviembre por la tarde, al mismo tiempo que declaraba por sus redes sociales que se había sentido mal y que guardaba reposo preventivo a raíz de un probable diagnóstico de coronavirus que al día siguiente fue confirmado.

Enfrentado a la pregunta planteada por el periodista de radio Biobío, Boric recriminó al profesional, puso en duda su honorabilidad, lo apuntó amenazadoramente con el dedo y lo acusó de ser “muy irresponsable”. Olvidando aquello de que “el que se enoja, pierde”, el candidato respondió mal en el fondo y la forma. Dijo que se hizo un test de orina porque el examen de pelo “cuesta 700 lucas y se demora un mes”. Resulta poco creíble que el candidato no disponga de esa suma, perfectamente al alcance de una campaña como la suya, y que no entienda que un test cuya validez alcanza solo a unas horas no constituye prueba fehaciente de nada. Tampoco tiene lógica que se ampare en que los resultados tardan un mes, si es que él mismo se decidió a exhibirlos 41 días después de realizada la toma de la muestra.

Más grave que todo lo anterior, sin embargo, es que haya optado por atacar al mensajero, quien solo se hacía cargo de una incongruencia que ya circulaba profusamente y que ponía en entredicho la versión entregada por el abanderado de Apruebo Dignidad. Solo tres días antes, en el debate organizado por la Archi, Boric había sostenido ser un firme creyente en que los medios informativos tienen el deber de incomodar al poder y acorralar a los dirigentes y líderes políticos. “En buena hora, para eso está la prensa”, aseveró entonces. Eso es precisamente lo que hizo el reportero: hacer una pregunta incómoda. De acuerdo con sus palabras del viernes, Boric debía saber que el profesional simplemente estaba cumpliendo el rol que está llamado a desempeñar en una democracia.

Pese a ello, Boric perdió los estribos. Es posible que esto no haya sido más que una mala reacción de una persona que venía saliendo de una situación altamente estresante (un debate que se prolongó por más de dos horas). En ese sentido, unas disculpas y una explicación ayudarían a descomprimir una situación ingrata. Si, en cambio, se trata de un traspié revelador de una inclinación profunda, pero hasta ahora disimulada, el precedente constituye un peligro obvio, pues desnudaría una veta autoritaria que podría llegar a poner en riesgo el derecho a la información de los ciudadanos durante una eventual administración del frenteamplista.

Resulta difícil saber hoy cuál es la interpretación correcta. Solo el tiempo lo dirá.

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1 comentario

  1. Excelente columna de Juan Ignacio Brito. Lo ocurrido después del debate fue mostrar, creo yo, al verdadero Boric, ese revolucionario de octubre increpando a los militares en Plaza Italia. El arrepentido de todos sus «errores» en esta oportunidad no se ha arrepentido todavía y no le ha pedido disculpas al periodista de Radio Bío Bío. Un mal presagio de los problemas que podría enfrentar la prensa libre en un gobierno del FA-PC.

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