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Publicado el 21 de agosto, 2019

Juan Francisco Richards: El lento avance de la eficiencia energética en Chile

Presidente de Anesco Chile A.G. Juan Francisco Richards

Pese al consenso transversal de la necesidad de impulsar un crecimiento sostenible en el país, el 75 por ciento de la industria en Chile no ha implementado proyectos en esta área, como usar combustibles menos contaminantes, mejorar los procesos, modernizar la tecnología o gestionar la energía.

Juan Francisco Richards Presidente de Anesco Chile A.G.
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A punto de cumplirse un año desde su ingreso al Congreso, el día 14 de agosto se aprobó el proyecto de ley de eficiencia energética (EE) en la Comisión de Minería y Energía del Senado, y ahora pasa a Hacienda. Por otro lado, el 75 por ciento de la industria en Chile no ha implementado proyectos en esta área (cambio a combustible menos contaminantes, mejoramiento de procesos, modernización de la tecnología, gestión de la energía, entre otros), pese al consenso transversal de la necesidad de impulsar un crecimiento sostenible en el país.

Cerca del 40 por ciento de las emisiones de CO2 pueden ser evitadas haciendo eficiencia energética. O sea, usar de modo inteligente la energía disponible. Esto ha sido exaltado por la Agencia Internacional de Energía, a través de sus últimos reportes 2017 y 2018, como también por el experto Nicholas Stern en su libro “Why are we waiting?”. El mismo Presidente Piñera señaló que la EE es (junto con la generación renovable y la reforestación) el primer pilar para lograr la neutralidad de carbono. Y claro, resulta obvio para cualquier estrategia de desarrollo de una matriz energética sostenible que el primer paso sea optimizar el uso de energía (eficiencia), para luego minimizar sus impactos ambientales (ERNC) y mitigar lo que quede (reforestación)… ese es el orden lógico.

¿Cómo vamos en Chile? El día 11 de junio de este año se presentaron dos estudios que exponen la situación de las empresas en relación con la eficiencia energética. El primero intentó responder si la industria productiva está o no haciendo EE, qué y por qué; y el segundo, sobre el mercado de EE, para conocer cuáles son las soluciones, quiénes lo hacen, cuánto significan y cómo se financia.

Por un lado, la encuesta Nacional de EE en la industria, realizado por el Centro de Energía de la U. de Chile, indica que sólo el 25 por ciento de las empresas ha hecho algún proyecto en EE que ha significado inversión o implementación. Más de 600 empresas encuestadas de las principales industrias de todo el país, reconocen, en su mayoría, que no poseen conocimiento suficiente en EE, no tienen los expertos necesarios, tienen otras prioridades, obtienen más rentabilidad en otros proyectos, no poseen financiamiento, o sólo desconfían.

Por otro lado, el estudio de mercado de EE desarrollado en el marco de un proyecto de Bien Público Estratégico de Corfo constató que el tamaño de mercado es de un poco más de US$200 millones, más de 500 proyectos de EE realizados en el mismo año llevados a cabo por miembros de la Asociación Nacional de Eficiencia Energética, Anesco Chile A.G., cerca de 40 empresas especializadas, proyectos en promedio de US$250 mil de inversión y de rápido retorno, bajo diferentes contratos, incluido el ESCO (proyectos de servicios energéticos que se pagan con los ahorros o con el rendimiento, involucrando al implementador en toda la vida del proyecto), financiado por estas mismas compañías o con créditos bancarios convencionales obtenidas por éstas. Las principales soluciones corresponden a ingeniería y consultoría, modernización tecnológica, cambio de combustible, cogeneración, diseño eficiente, gestión de energía, cambio de tarifas e iluminación.

De lo anterior, podemos concluir que si bien la EE es la opción que debería ser la primera en una estrategia de energía sostenible, además de económicamente rentable y eficaz en el cumplimiento de nuestros compromisos país, tiene un bajo nivel de avance la industria y en la política pública. El primer lugar que la lógica le da en una estrategia de desarrollo sostenible no se refleja en la prioridad de ejecución, ni pública, ni privada. El desafío para hacer más eficiencia en Chile requiere liderazgo, compromiso y alinear varios actores en esta misma causa, así como contar con un financiamiento flexible que apoye este desarrollo y al modelo ESCO. Existen requerimientos reales: la agenda de energía plantea hacer 100 edificios públicos bajo este modelo antes del término de este gobierno, como compromisos internacionales suscritos con anterioridad para bajar emisiones de CO2 y GEI.

Si bien nuestra experiencia podría adelantar los resultados de los estudios mencionados, no deja de sorprender la realidad detrás de tantos anuncios en redes sociales y charlas que hablan de sustentabilidad. Todo lo anterior sucede mientras esperamos salga la ley de eficiencia energética antes del evento de la COP25, y la cual, en resumen, intenta instalar una cultura de eficiencia.

Vale la pena tenerlo presente. Chile tiene muchos desafíos, pero ninguno donde no esté cruzado por la eficiencia energética. De esto se trata. Pasar de operar con energía fósil a energía realmente limpia, hacer cambios de combustible, diseñar con criterios de eficiencia, cambio tecnológico, digitalización, buenas prácticas, en todos nuestros procesos.

Necesitamos dar señales y acelerar el paso principalmente en aquel 75 por ciento de las industrias que aún no lo incorporan, ser consecuentes con las necesidades climáticas y permitir a Chile crecer de forma sustentable para que lo proyecte como el líder regional que puede ser.

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