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Publicado el 29 de noviembre, 2018

Juan Carlos Said: Sarampión y grupos anti-vacunas

Médico Internista, investigador asociado de Horizontal Juan Carlos Said

Chile no está libre de un brote de sarampión, pese a que sólo se ha registrado un caso este año. Es por eso que hay que enfrentar la desinformación de los llamados grupos anti-vacunas con evidencia.

Juan Carlos Said Médico Internista, investigador asociado de Horizontal
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El sarampión es una enfermedad viral que se previene con una vacuna efectiva y de bajo costo. Antes de la existencia de ésta, se producían en el mundo 135 millones de casos al año y 2 millones muertes; su creación en 1963 llevó a pensar que el sarampión sería erradicado, tal como se hizo con la viruela. La realidad fue otra.

 

La oposición de grupos antivacunas y la propagación de “fake-news” respecto a la seguridad de la vacunación ha disminuido el número de vacunados, y hoy en día la posibilidad de erradicar esta enfermedad es, desgraciadamente, más lejana que nunca. Según la Organización Mundial de la Salud, el 2015 135.000 personas murieron en el mundo producto de esta enfermedad. Así, no es de extrañar que hace poco se diagnosticara un nuevo caso de sarampión en Chile, proveniente esta vez de Perú. Si bien el caso es único, nuestro país no está ajeno a un posible brote, tal como ha ocurrido en Brasil, el Reino Unido, Estados Unidos y Alemania, entre otros.

 

Pacientes y médicos debemos ser críticos de los tratamientos disponibles y cuestionar si existe o no evidencia que los avale.

 

¿Qué podemos hacer entonces? Reforzar las campañas de vacunación y, por sobre todo, enfrentar la desinformación. Si se trata de alguien con discrepancias genuinas respecto a las vacunas, es decir, dudas susceptibles de ser contrastadas con la evidencia científica, hay que considerar que aquí hay una oportunidad de defender uno de los inventos que más vidas humanas salva, junto al agua potable. En primer lugar, hay que valorar la inquietud. Pacientes y médicos debemos ser críticos de los tratamientos disponibles y cuestionar si existe o no evidencia que los avale. Para esto, lo primero es precisar la pregunta: racionalmente, no se puede ser “anti-vacunas” en general. Hay vacunas que se dan vía oral, otras bajo la piel; algunas son virus atenuados, otras son sintéticas o proteínas derivadas de bacterias; están las que se usan para prevenir enfermedades y otras incluso para tratar el cáncer. Ser antivacunas en general equivale a ser “anti-cirugía” por ejemplo, lo cual implica que usamos el mismo argumento para oponernos a cosas tan diversas como un trasplante de pulmón, operarse del apéndice y de un cáncer de hígado.

 

Por otra parte, hay quienes se oponen a ciertas vacunas, como por ejemplo, la del sarampión. Respecto a ésta, los beneficios son claros: es altamente efectiva, previniendo más del 95% de las infecciones por una enfermedad que produce lesiones cutáneas y fiebre, pero puede complicarse y pasar de neumonía, inflamación al cerebro (encefalitis) y muerte. Hay que recordar que no existen tratamientos médicos sin efectos adversos, sin embargo, en este caso, los beneficios superan ampliamente los riesgos.

 

La asociación entre autismo y vacuna contra el sarampión se originó por un estudio fraudulento, con información falsificada.

 

Otros grupos anti-vacunas sostienen que algunos efectos más graves se dan en el largo plazo, como la supuesta asociación entre autismo y vacuna contra el sarampión. Este argumento se origina en una mentira: un estudio fraudulento, con información falsificada, en que Andrew Wakefield, ex médico del Reino Unido (su licencia para ejercer fue revocada) sostuvo una relación entre ambos. Otros 10 autores de este estudio se retractaron formalmente y en la misma revista en que se publicó el artículo original, se publicó otro reconociendo el fraude. ¿Es necesario decir algo más al respecto?

 

Ok, dirán algunos, pero entonces hay estudios que apoyan las vacunas y otros que no. Bueno, siempre alguien puede discrepar y por eso en medicina existen los llamados niveles de evidencia científica. En simple, no es lo mismo un estudio que consiste en la opinión de un sólo experto a un estudio que es, por ejemplo, una revisión de un conjunto de estudios realizados por diversas personas en diversos lugares del mundo. A este respecto, una revisión publicada por Cochrane -considerada la palabra final en evidencia médica- que incluye 73 estudios que consideran a un total de casi 15 millones de niños concluyó que la vacuna no produce autismo y tampoco se asocia a otras enfermedades como asma, leucemia, diabetes o Crohn.

 

Por último, hay que reconocer que muchos grupos anti-vacunas se comportan como quien cree en la astrología. Los que creen en ella y en sus oráculos (sintetizo acá los argumentos del filósofo Karl Popper) creerán que éste no puede equivocarse y cada error en las predicciones será interpretado hasta el infinito, bajo una nueva hipótesis, llamada “hipotesis ad-hoc”, que, adaptada a las nuevas circunstancias, harán pensar que en verdad el oráculo no estaba equivocado, si no que fue mal interpretado. Muchos grupos anti-vacunas se sitúan en este grupo: no importan cuántos argumentos, no importa la evidencia, nada será suficiente. Ningún argumento científico podrá revertir una creencia no científica. Comparten entonces, el mismo panteón con terraplanistas (que creen que la tierra es plana), creacionista (niegan la teoría de la evolución) y negadores de la llegada al hombre a la luna.

 

El problema es que mientras la creencia en los oráculos, la tierra plana o el creacionismo afecta solo a quien cree, los grupos anti-vacunas no se afectan a sí mismos (dado que la mayoría son adultos que fueron vacunados cuando niños) sino a sus hijos y a otros niños, que se exponen a riesgo de muerte por enfermedades prevenibles.

 

Finalmente, la lucha contra el sarampión en el mundo no está ganada. Es una maratón, donde los diez kilómetros finales son muchos más difíciles que los diez primeros, pero la receta es simple y es la misma al final y al comienzo: en un caso seguir corriendo, en el otro, seguir vacunando.

 

 

Foto: FRANCISCO LONGA/AGENCIAUNO

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