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Publicado el 20 de marzo, 2019

Juan Carlos Said: Reforma a las isapres: el Presidente en su laberinto

Médico Internista Juan Carlos Said

La modificación del sistema de salud debería buscar acuerdos mínimos que resuelvan los problemas de fondo, como crear un fondo común que permita movilidad entre las isapres, permitir que los ajustes a los precios lo haga un ente autónomo y reducir y simplificar la oferta de planes.

Juan Carlos Said Médico Internista
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El Presidente lo sabe. La reforma al sistema de financiamiento de la salud es urgente. Por otra parte, sectores a la derecha de la coalición sienten que ningún cambio es necesario, y sectores a la izquierda (y no tan izquierda) sienten que todo cambio debe ser radical e inmediato. El resultado es una tormenta perfecta, donde a pesar de dos comisiones para reformar el sistema durante el gobierno de Piñera, una comisión en el de Bachelet, y casi quince años de gobierno en conjunto, el sistema sigue igual, entrampado en un laberinto.

Considerando esto, la actual administración está próxima a anunciar una reforma al sistema que, según ha trascendido, incluiría la posibilidad de que pacientes en Fonasa realizaran un pago adicional que les permita mejorar ciertas prestaciones. La propuesta se trata, sin embargo, de un mortinato, un niño muerto sin haber nacido. La opción ya fue desechada por el diputado Juan Luis Castro, y Jaime Mañalich, exministro de Piñera, le puso la lápida al sostener que es “un retroceso en la filosofía solidaria de Fonasa” y calificarla como políticamente inviable.

El problema no es simple y tiene una arista privada y otra pública. En el sector isapres nos encontramos con un sistema que atiende a las personas de mayores ingresos y menos enfermedades (comparado con pacientes en Fonasa), a las cuales les cobra caro por ofrecerles un servicio de calidad limitada. El paciente no entiende lo que paga, al existir miles de planes, infinitamente complejos e inentendibles. El valor de éstos aumenta en base a indicadores poco claros o discriminatorios, que han llevado al sistema a tribunales. Más aún, se impide en la práctica la libre movilidad entre isapres (pacientes cautivos) y los incentivos están mal alineados: la isapre que mejores resultados financieros tiene es la que logra tener pacientes que pagan más y gastan menos; no la que es más efectiva manteniendo sana a su población y proveyendo los servicios de salud necesarios y a tiempo a quienes los necesitan.

Fonasa, en tanto, se hace cargo de una población cada vez más grande, con un mayor número de enfermedades y menores ingresos, generando un déficit permanente. El sistema, en el mediano plazo, es sin duda insostenible.

El número de planes de isapre debiera pasar de los más de 50.000 actuales a no más de cinco opciones, que tengan coberturas mínimas establecidas por ley.

En ese contexto, el gobierno debería buscar los acuerdos mínimos que resuelvan los problemas de fondo. En primer lugar, crear un fondo de compensación de riesgo inter-isapres. Si queremos que los pacientes puedan cambiarse de aseguradora libremente, debe existir un fondo común que permita que quienes, en razón de su sueldo, cotizan menos, pero tienen más edad o enfermedades, reciban aportes a su cotización provenientes de ahí, financiado por quienes son más jóvenes, sanos y tienen mayores ingresos. Esto permitirá la efectiva movilidad entre las isapres, incorporando solidaridad al sistema.

Por otra parte, el aumento en costos en salud es real, pero el ajuste de los precios en los planes debería realizarlo un ente consultor estatal autónomo y no las mismas isapres, las cuales además deberían incorporar metas sanitarias, como por ejemplo,  cumplimiento de exámenes preventivos en cáncer, diabetes o enfermedades cardiovasculares.

El número de planes debe reducirse y simplificarse, pasando de los más de 50.000 actuales a no más de cinco opciones, que tengan coberturas mínimas establecidas por ley.

Fonasa debe comenzar un proceso progresivo en donde el pago de prestaciones en el sector público y privado esté alineado con resultados y metas sanitarias, y no sólo con el número de atenciones.

Respecto a Fonasa, la necesidad de recursos es real. Una opción es promover un aporte por parte del empleador, del 1% adicional, que vaya a un fondo común que busque favorecer a los pacientes de menos recursos. Sin embargo, como sostuvo una de las comisiones de reforma, la experiencia mundial indica que no es posible realizar con éxito una transformación de fondo de los sistemas de financiamiento de salud si no se considera en paralelo una reforma a la manera en que estos recursos son asignados. Fonasa debe comenzar un proceso progresivo en donde el pago de prestaciones en el sector público y privado esté alineado con resultados y metas sanitarias, y no sólo con el número de atenciones.

Los grandes gobernantes son recordados por sus transformaciones sociales en salud y educación.  Esperemos, entonces, que el Presidente saque su reforma del laberinto, renovando las esperanzas de millones de chilenos.

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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