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Publicado el 10 de enero, 2019

Juan Carlos Said: Marihuana: la solución final

Médico Internista Juan Carlos Said

Sinceremos el debate. Se puede estar a favor del autocultivo, pero sin promover algo que no es cierto: que la marihuana es una cura mágica, mejor que cualquier otro medicamento, para casi todas las enfermedades.

Juan Carlos Said Médico Internista
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Supongamos que me instalo afuera de un hospital y empiezo a vender un medicamento que fabrico en mi casa y que tiene los siguientes efectos: calma la ansiedad, alivia todo dolor crónico, mejora el sistema inmune (y cura, además, enfermedades autoinmunes) y alivia de enfermedades infecciosas como el VIH. Es más, cura la epilepsia, incrementa el apetito y quita las náuseas. Es más sano, completamente natural, no tiene efectos adversos, y por cierto, más barato que cualquier otro fármaco disponible para esas mismas enfermedades.

La oferta equivale a la de esos vendedores de antaño que en la micro “no venían a vender, sino a regalar” y por mil pesos te ofrecían infinitos productos. Se trata, en el fondo, de  “la solución final”. La “panacea” buscada por lo médicos de la Edad Media que cura de todas las enfermedades. La oferta es tentadora y es, por lo demás, falsa. Un medicamento con esas características no existe. Ese discurso, lamentablemente, parece haberse instalado respecto a la marihuana: un medicamento que sirve para todo.

Si algo nos ha enseñado la historia es que cuando alguien propone una sola cosa o producto como la solución a todo, ese no suele ser el camino.

En momentos en que se discute el proyecto de Autocultivo de Marihuana, es importante distinguir en el debate. Una cosa es apoyar este proyecto, el cual definitivamente respaldo, dado que en razón de la autonomía individual en un estado liberal y laico, lo que cultive y fume en mi casa no debe ser problema del gobierno. Otra cosa, sin embargo, es promover la marihuana como algo saludable para infinitas cosas.

Lo primero que hace dudar de sus beneficios es justamente este concepto englobador y totalitario. Si algo nos ha enseñado la historia es que cuando alguien propone una sola cosa o producto como la solución a todo, ese no suele ser el camino. Si bien la humanidad ha buscado desde tiempos inmemoriales una cura para toda enfermedad, el aprendizaje de la biología nos enseña que los mecanismos  celulares son infinitamente complejos e interactúan delicadamente. Actuar sobre un determinado mecanismo siempre afecta otro, dado lo cual no hay medicamentos sin efectos adversos. Por el mismo motivo, al menos en lo teórico, es altamente improbable que un solo fármaco actúe sobre cientos de enfermedades diferentes y con la misma maravillosa efectividad.

Y la verdad es que no es así. Una extensa revisión realizada por Epistemonikos (equipo de investigadores chilenos especializados en análisis de evidencia científica) en base a la revisión de cientos de artículos concluyó que no hay evidencia de que la marihuana sea efectiva en el tratamiento del dolor en cáncer terminal, epilepsia u otras enfermedades. Además, si existe algún beneficio (lo cual en ningún caso descarto pueda descubrirse), es improbable que dosis efectivas y seguras se consigan fumando o cocinando lo que planté en mi casa. La planta de la amapola o el árbol del sauce dan origen a la morfina o a la aspirina. ¿Qué probabilidad hay de que cultivando y procesando alguna de esas plantas pueda obtener un medicamento tan seguro y efectivo como una ampolla de morfina o un comprimido de aspirina?

Por otra parte, fumar marihuana aumenta el riesgo de brotes de psicosis, se asocia al síndrome amotivacional por marihuana y tiene los mismos efectos que fumar cualquier otra cosa: padecer diferentes enfermedades al pulmón, entre ellas cáncer.

Sinceremos el debate entonces y separemos las aguas. Se puede estar a favor del autocultivo, sin promover algo que no es cierto: que la marihuana es una cura mágica, mejor que cualquier otro medicamento, para casi todas las enfermedades.

 

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

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