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Publicado el 13 de junio, 2019

Juan Carlos Said: La urgencia de actuar por el cambio climático

Médico Internista, investigador asociado de Horizontal Juan Carlos Said

La contaminación atmosférica no es un accidente. Es una decisión consciente, promovida por el Estado y tolerada por sus habitantes, y como tal, puede cambiar.

Juan Carlos Said Médico Internista, investigador asociado de Horizontal
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Hay dos formas de negar un problema. La primera es simplemente decir que no existe, mientras la segunda es no darle la importancia que se merece y no tomar las medidas necesarias. En Chile, si bien el completo negacionismo del cambio climático es infrecuente, la indiferencia o la falta de un sentido de urgencia es muy común.

Mientras los estudiantes ingleses hacen protestas masivas pidiendo cambios inmediatos que impliquen reducción de gases contaminantes y exigen al gobierno que declare una emergencia climática, algunos estudiantes chilenos marchan por poder usar un uniforme de verano. En política, en tanto, hay quienes aún ven como una señal de progreso abrir una mina de carbón en un santuario de la naturaleza para alimentar una generadora termoeléctrica.

¿Pero, es urgente cambiar? Efectivamente eso nos dice la ciencia del cambio climático. La constante acumulación de gases invernadero (generados por la quema de combustibles) ha incrementado progresivamente la temperatura de la Tierra a niveles sin precedentes. Actualmente, estamos en rumbo directo a alcanzar un aumento de temperatura de entre 3 y 5 grados mayor al actual. Esto nos expondrá a un incremento del nivel de los océanos y a fenómenos climáticos extremos, que afectarán particularmente a los países más pobres y menos capaces de adaptarse a estas situaciones (como Chile). Revertir esto requiere cambios en la forma en que producimos de aquí al 2030, adoptando rápidamente energías renovables no contaminantes.

No sólo Puchuncaví es una zona de sacrificio. Los habitantes de estas otras ciudades son también todos los días sacrificados en una nube tóxica.

Sin embargo, predomina la indiferencia y no avanzamos. ¿Qué hacer para que tomemos este problema en serio y nos unamos como país? Quizás dejar de verlo como un problema del futuro y verlo como un problema hoy, empezando a contar nuestros muertos. La polución, que origina el cambio climático, no solo matará chilenos en el futuro, sino que lo hace todos los días.

Recientemente, el gobierno propuso neutralizar nuestras emisiones para el 2050. En Chile, según cifras de la OMS, mueren 5.000 chilenos al año por contaminación del aire. Para ese año, los muertos por polución del aire ya sumarán aproximadamente 150.000. Si bien es significativo que por primera vez exista una meta así en Chile, es necesario que progresemos más rápido.

A modo de ejemplo, mucho se habla de Puchuncaví como “zona de sacrificio”. El problema es peor. Hoy tenemos ciudades muchos más grandes que son zonas de sacrificio, sin embargo, lo hemos normalizado.

Debemos acelerar la transformación de Chile, avanzando en buses eléctricos, energías renovables y dejando de lado la leña y el carbón como formas de calefacción.

El PM 2.5 se refiere a pequeñas partículas de polución, tan pequeñas que entran directamente a los pulmones produciendo cáncer, enfermedades al corazón y enfermedades respiratorias. Se trata formalmente de un agente cancerígeno que respiramos todos los días. ¿Y cómo estamos en Chile al respecto? Coyhaique, con 55.000 habitantes, tiene seis veces el valor de PM 2.5 recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), siendo la ciudad más contaminada de Latinoamérica. Osorno, con casi 140.000, tiene casi cuatro veces dicho límite. Santiago, en tanto, tiene tres veces el valor recomendado y dos veces el valor de casi cualquier capital europea como Roma, Berlín, Atenas o Londres. En definitiva, no sólo Puchuncaví es una zona de sacrificio. Los habitantes de estas otras ciudades son también todos los días sacrificados en una nube tóxica.

Además, las muertes no se distribuyen homogéneamente. Existe evidencia que la población más afectada son menores de edad y adultos mayores. Más aún, la distribución de la polución en ciudades como Santiago, afecta predominantemente comunas de menores ingresos, como Pudahuel. Por lo tanto, si pudiéramos medirlo, sería posible constatar que a quienes más mata la polución es a los ancianos de menos recursos.

Sin embargo, la contaminación atmosférica no es un accidente. Es una decisión consciente, promovida por el Estado y tolerada por sus habitantes, y como tal, puede cambiar. Ya empezó la temporada de invierno y si bien todos miramos a la Influenza y sus muertos, nadie contará los muertos por polución. Debemos acelerar la transformación de Chile, avanzando en buses eléctricos, energías renovables y dejando de lado la leña y el carbón como formas de calefacción.

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