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Publicado el 11 de septiembre, 2019

Juan Carlos Said: Un desafío medioambiental

Médico Internista, investigador asociado de Horizontal Juan Carlos Said

El principal residuo que contamina nuestras playas no son neumáticos ni aceite, sino las colillas de cigarrillos. Lamentablemente, no son biodegradables, demoran 10 años en desintegrarse, tiempo en que contaminan y destruyen la naturaleza.

Juan Carlos Said Médico Internista, investigador asociado de Horizontal
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Chile pronto será sede de la mayor cumbre medioambiental del planeta COP25, con el objetivo de enfrentar los desafíos del cambio climático y la contaminación. En ese contexto, ¿qué estamos haciendo para proteger nuestras playas y el mar de la polución? Recientemente entró en vigencia la ley de responsabilidad extendida del productor, que obliga a las empresas que producen neumáticos, baterías y aceites para vehículos, entre otros, a responsabilizarse de recolectar y reciclar al menos el 30% de los desechos que producen. Sin embargo, el principal residuo que contamina nuestras playas no son neumáticos ni aceite, sino las colillas de cigarrillos.

En el mundo, cada año se producen 6 trillones de colillas de cigarro. La mitad de estas terminan desechadas directamente en el medio ambiente. La realidad no es distinta en Chile. Según un estudio de la Universidad Católica del Norte, 40% de la basura en nuestras playas son colillas de cigarrillos. Lamentablemente, las colillas no son biodegradables, demoran 10 años en desintegrarse, tiempo en que contaminan y destruyen la naturaleza. Uno de sus grandes problemas es que contienen de forma concentrada las partes más tóxicas del cigarrillo como arsénico (usado como veneno), y contaminan hasta 50 litros de agua, enfermando a los peces, que las confunden con alimento.

El problema es de un gran impacto ambiental y no se resolverá sólo con campañas para recoger colillas ni con más basureros. Por el contrario, este problema mundial requiere una solución estructural.

En primer lugar, es necesario disminuir la producción de colillas. En Chile esto puede alcanzarse a través de la ley, actualmente en el Congreso, que prohíbe publicidad de  tabaco en puntos de venta y establece un diseño genérico para las cajetillas (todas las marcas de un solo color). La evidencia comparada muestra que esta simple medida podría hacer bajar el número de fumadores (y la producción de colillas) a la mitad al desincentivar el tabaquismo en adolescentes.

Un segundo paso clave es expandir a las tabacaleras la ley de responsabilidad extendida de productores: quien produce el desecho que más contamina nuestras playas debe hacerse cargo de su disposición final. No existe motivo para exigirle a tabacaleras un estándar distinto que a productores de aceite o baterías. Aprovechemos el impulso de la COP 25 y salvemos a nuestras playas de la contaminación del cigarrillo. El momento es ahora.

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