Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 11 de abril, 2020

Juan Carlos Gazmuri: Helicópteros, COVID y el alma de Chile

La actitud de quienes juegan golf, viajan en helicóptero o se trasladan a la playa en medio de una pandemia mundial -infringiendo cuarentenas y cordones sanitarios- demuestra una desconexión que parte de nuestra élite aún tiene arraigada.

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Con un rostro atónito, esta semana el Intendente anunciaba que tres sujetos habían intentado infringir la prohibición de salir de la Región Metropolitana durante Semana Santa, trasladándose en helicóptero al litoral. El día anterior un vecino de la comuna de Las Condes fue sorprendido incumpliendo la cuarentena total por estar jugando golf en la plaza. Antes de eso, muchos automovilistas habían sido enviados de vuelta a sus casas cuando intentaban ir a sus lugares de veraneo para pasar la cuarentena. ¿Qué pasa por la cabeza de quienes creen que pueden infringir abiertamente la decisión de la autoridad sin sufrir consecuencia alguna?

El “estallido social” de octubre pasado todavía es un fenómeno que no se termina de analizar. Instrumentalizado por muchos y condenado por otros, pasará mucho tiempo antes de que podamos hacer un lectura fría de lo ocurrido. Sin embargo, indiscutiblemente, algo pasó ahí. Algo reventó ese 18 de octubre. Y dentro de sus principales motivos se encontraba ese hastío con la desigualdad en nuestro país. Una desigualdad que iba más allá de lo meramente económico y que algunos llamaron “desigualdad de trato”. Lo que había era un malestar con cómo se percibía que se distribuían los beneficios y cargas en la sociedad chilena. “Cárceles para los pobres, clases de ética para los poderosos” se leía en muchos de los carteles y rayados a fines del 2019. No se trata de justificar los rayados, la violencia, ni los saqueos, sino de identificar un elemento genuino que se vio detrás de ese malestar inicial.

La actitud de quienes juegan golf, viajan en helicóptero o se trasladan a la playa en medio de una pandemia mundial -infringiendo cuarentenas y cordones sanitarios- demuestra una desconexión que parte de nuestra élite aún tiene arraigada. Es una percepción que se debe combatir: la noción de que una determinada posición de privilegio le permite a algunos sustraerse de reglas que son obligatorias para todos. Esa sensación de que el mundo propio es ajeno al del resto, como si las noticias de la televisión y los diarios no afectaran en nada por ser una realidad demasiado lejana.

Esta vez, afortunadamente, la autoridad dio una respuesta clara e igual para todos: no importa si usted se mueve en carreta o en helicóptero, usted no puede salir este fin de semana de la Región. Sin embargo, estos episodios demostraron que -a pesar de lo que ocurrido en octubre- hay quienes permanecen desconectados con el resto del país y que siguen creyendo que sus actos no tiene mayores repercusiones en el resto.

Si algo nos ha demostrado la crisis del COVID-19 es que los destinos de cada uno de nosotros están vinculados entre sí. No somos individuos aislados que casual y ocasionalmente debemos interactuar unos con otros. Por el contrario, somos individuos eminentemente conectados, que interactuamos permanentemente a lo largo de nuestra vida. Vivir en sociedad no es una opción, es una realidad inexorable.

Cualquiera sea mi situación, mis acciones afectan a quien está a mi lado, al que está al lado suyo y, eventualmente, a la sociedad en su conjunto. Esa cadena consecuencial puede operar con mayor o menor inmediatez, pero siempre –de una forma u otra- se producirá. Esta cuestión se hace muchísimo más evidente cuando estamos frente a un virus contagioso, pero aplica en todo orden de cosas. El comportamiento que tengo en mi familia, en el trabajo o en la vida social, impacta en quienes me rodean e impactará –eventualmente y en algún grado- en la comunidad nacional. Si todos los grupos que componen nuestra nación asumen esta realidad, ese puede ser el primer gran paso para empezar a sanar el alma de Chile.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete