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Publicado el 17 enero, 2021

Josefina Lecaros: El Papa lo advirtió

Periodista Josefina Lecaros

En su visita a Chile, hace tres años, Francisco nos invitó a hacer de nuestro país “un lugar de encuentro (…) en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación”. Casi proféticamente, nos advirtió hasta qué extremos podemos llegar de no seguir ese camino hacia una “cultura del encuentro”.

Josefina Lecaros Periodista
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Se cumplen tres años de la visita del Papa Francisco a Chile y al releer lo que dijo a los chilenos, sus palabras parecen proféticas. Es como si estuviesen dichas precisamente para encontrar una salida a estos momentos de polarización, descalificación e incomprensiones mutas. En aquellos días nos invitó a hacer de nuestro país “un lugar de encuentro (…) en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación”. Sin embargo, es ahora cuando se hace urgente recoger el desafío que nos planteó: trabajar por una auténtica amistad cívica entre los chilenos y así fortalecer los lazos de unión que deben primar sobre las legítimas diferencias que se dan en toda comunidad.

Se puede decir que en su viaje apostólico Francisco también nos advirtió hasta qué extremos podemos llegar de no seguir ese camino hacia una “cultura del encuentro”. Lo dijo en la misa “por el progreso de los pueblos”, en Temuco: “Es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas”.

El extravío irracional y destructivo se desata porque se olvida lo que es, no ya la amistad cívica, sino la misma vida social. Lo señaló el Papa casi al término de su paso por Chile en la Universidad Católica: “Sin el «nosotros» de un pueblo, de una familia, de una nación y, al mismo tiempo, sin el nosotros del futuro, de los hijos y del mañana; sin el nosotros de una ciudad que «me» trascienda y sea más rica que los intereses individuales, la vida será no sólo cada vez más fracturada sino más conflictiva y violenta”.

En estos tres años, las circunstancias del país han hecho ganar fuerza al camino propuesto por el Papa en la misa celebrada “por la paz y la justicia” en el Parque O’Higgins: “¡Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar. El trabajador de la paz sabe que muchas veces es necesario vencer grandes o sutiles mezquindades y ambiciones, que nacen de pretender crecer y «darse un nombre», de tener prestigio a costa de otros”.

En este empinado camino que es necesario recorrer para alcanzar la deseable paz social, el Papa Francisco propone tender puentes a través del diálogo, el mutuo respeto y la apertura a los demás, en un contexto de real y sincera convivencia. El desafío empieza, por tanto, en el plano personal: en la familia, en el barrio, en las mesas de conversación, en los debates. Implica exigirse para ser más abiertos y acogedores, saber preguntar y oír, interesarse a fondo por nuestro interlocutor, evitar considerar al adversario como un enemigo, poner especial cuidado al formular juicios sobre otros, tanto verbalmente como a través de las redes sociales.

Lo dijo hace tres años. Hoy lo recordamos. Estamos a tiempo. Rescato dos conceptos e invito a dos propósitos: cultura del encuentro y amistad cívica.

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