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Publicado el 20 de junio, 2020

Jose Miguel Stegmeier: Desencapuchar la causa

Presidente Consorcio Agrícola del Sur (CAS) José Luis Stegmeier

Esta gravísima situación ya se mantiene por más de 20 años, generando nefastas consecuencias económicas y sociales, constituyéndose en un factor significativo en el aumento de la pobreza y en una barrera prácticamente infranqueable para que el Estado acuda en auxilio de estos chilenos que sufren las consecuencias de esta violencia desbordada.

José Luis Stegmeier Presidente Consorcio Agrícola del Sur (CAS)

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Para nadie es desconocido que desde hace años, grupos radicalizados han arrasado con el Estado de Derecho en las zonas rurales de La Araucanía, el sur del Biobío y ahora también el norte de la Región de Los Ríos. Estos grupos, amparados en una supuesta causa indígena, han desolado campos, han esparcido el terror, han quemado, disparado e incluso, asesinado.

Esta gravísima situación ya se mantiene por más de 20 años, generando nefastas consecuencias económicas y sociales, constituyéndose en un factor significativo en el aumento de la pobreza y en una barrera prácticamente infranqueable para que el Estado acuda en auxilio de los chilenos que sufren las consecuencias de esta violencia desbordada, coartándose además sus derechos básicos como ciudadanos.

Estos grupos violentistas, bajo la falsa promesa de lograr la recuperación de un territorio en donde se impondría un estado indigenista, independiente, y autogobernado, utilizan para promover su ideologizada causa a diversas embajadas extranjeras, organismos internacionales, ONG’s, partidos políticos, etc., solicitando el reconocimiento de un estado mapuche, sin contar con una base representativa legítima ni democrática, de este propio pueblo.

Así han engañado también a muchos chilenos que ingenuamente empatizan con la llamada «causa mapuche». Estos grupos radicalizados y violentos cultivan el odio hacia las autoridades legítimamente constituidas, hacia las policías y hacia toda persona que intente desarrollar normalmente su vida y su trabajo en lo que ellos denominan “su territorio”. No se reconocen parte de la cultura que conforma nuestra nacionalidad, niegan nuestra condición fundamental de ser un país unitario y con esto niegan, o reniegan, de lo que en su esencia y origen, de lo que constituye a Chile propiamente como República. Por lo tanto, niegan a nuestro país, detestan nuestras tradiciones y costumbres, odian nuestra bandera, a nuestro escudo patrio, en definitiva, no aceptan nuestra idiosincrasia y menos aceptan el concepto que contiene y representa nuestra chilenidad.

Para instalar comunicacionalmente el aspecto territorial en su elaborado y artero plan de acción, usurpan predios productivos, poniendo al frente y exponiendo cobardemente a ancianos, mujeres y niños, de tal manera de conseguir neutralizar la acción de las fuerzas de la ley que constitucionalmente deben restablecer el Estado de Derecho. Esta deleznable actitud, es exactamente lo opuesto a la noble y valerosa forma de ser de aquel guerrero mapuche que maravillosamente describe Alonso de Ercilla.

Dicen «luchar por la causa»: ¿atacar a operadores de equipos y maquinarias es luchar?; ¿disparar a choferes de camiones es luchar?; ¿abrir fuego a buses de pasajeros y asaltar peajes es luchar?, ¿incendiar sembradíos, bosques, viviendas es luchar? Nada puede ser más cobarde y cruel que atacar a civiles inocentes, a trabajadores que esforzadamente se desempeñan en faenas rurales y hostigar criminalmente a parceleros, a pequeños y medianos agricultores, a emprendedores, comerciantes, profesionales y pequeños contratistas y prestadores de servicios, para que forzosamente se vean obligados a abandonar sus campos, sus talleres, sus comercios y sus viviendas.

La opinión pública debe entender que ellos no son el pueblo mapuche ni tampoco lo representan. La cruda realidad demuestra que son meros delincuentes, narcotraficantes y terroristas.

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