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Publicado el 29 de junio, 2020

José Manuel Castro: Jaime Guzmán y el origen de la Constitución de 1980

Investigador Instituto de Historia/CEUSS, Universidad San Sebastián. Estudiante doctorado en Historia University College London, Inglaterra José Manuel Castro

Con la declaración “Hacia una nueva institucionalidad a través de la renuncia de Allende” de agosto de 1973, los universitarios gremialistas cuestionaban la pervivencia del sistema institucional chileno: “todos concuerdan en que la tradicional institucionalidad chilena, hoy virtualmente no existe. No procede, por tanto, seguir defendiendo con declaraciones o recriminaciones mutuas algo que, en la práctica, ha muerto”.

José Manuel Castro Investigador Instituto de Historia/CEUSS, Universidad San Sebastián. Estudiante doctorado en Historia University College London, Inglaterra

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Era el 30 de agosto de 1973. En medio del proceso de descomposición política que vivía Chile, el diario El Mercurio publicó una declaración firmada por las federaciones de estudiantes de la Universidad Católica de Chile y la Universidad Católica de Valparaíso. El texto, titulado “Hacia una nueva institucionalidad a través de la renuncia de Allende”, había sido redactado por el joven abogado Jaime Guzmán Errázuriz y expresaba la definición que desde entonces asumiría el gremialismo en materia institucional. De algún modo, el contenido de esa declaración anticiparía el camino constitucional iniciado tras el 11 de septiembre de ese año y del que el propio Guzmán sería protagonista.

“La institucionalidad chilena se ha quebrado definitivamente” señalaba la declaración de las federaciones estudiantiles, haciendo eco del Acuerdo de la Cámara de Diputados que una semana antes acusaba al gobierno de Salvador Allende de haber infringido gravemente la Constitución y las leyes, exhortándolo a rectificar, y que el mandatario interpretó como un llamado al golpe de Estado. Para entonces era habitual escuchar en la radio o leer en la prensa que el conflicto político se resolvería por las armas, ya fuese a través de un golpe de Estado o una guerra civil; algunos afirmaban que el gobierno estaba al margen de la ley, mientras otros sostenían que grupos sediciosos conspiraban para derrocar al gobierno legítimo. Con la declaración “Hacia una nueva institucionalidad a través de la renuncia de Allende” de agosto de 1973, los universitarios gremialistas cuestionaban la pervivencia del sistema institucional chileno: “todos concuerdan en que la tradicional institucionalidad chilena, hoy virtualmente no existe. No procede, por tanto, seguir defendiendo con declaraciones o recriminaciones mutuas algo que, en la práctica, ha muerto”.

Para entonces, la Constitución de 1925 era vista como un problema por todos los sectores políticos del país y era motivo de fuertes cuestionamientos. En su gobierno, la Democracia Cristiana había demandado fuertes reformas en cuanto “la Constitución no se amolda a los requerimientos políticos de la época actual”. Por su parte, Jorge Alessandri sostenía la necesidad “cada vez más urgente, de ir a una reforma drástica de nuestra Carta Fundamental, que vigorice la autoridad y la acción del Jefe de Estado, ponga fin de una vez a los desbordes del Congreso en áreas que le son absolutamente ajenas, y a la acción desquiciadora de los parlamentarios en múltiples asuntos”. La posición de la Unidad Popular iba más lejos y planteaba como urgente el establecimiento de una “nueva Constitución Política” que “institucionalizará la incorporación masiva del pueblo al poder estatal”. Hacia fines del gobierno de Allende, la izquierda chilena vivía sus propias tensiones internas entre quienes insistían en la “vía chilena al socialismo” respetando la institucionalidad y quienes estimaban que era necesario descerrajar la Constitución de 1925, suerte de jaula que les impedía la realización del socialismo en Chile.

La declaración de la FEUC y FEUC-V de agosto de 1973 establecía, además, la necesidad de crear una nueva institucionalidad y no solo el restablecimiento del régimen anterior que, en la práctica, estimaban muerto: “Urge devolverle a Chile una verdadera institucionalidad que presida sus destinos. Teniendo presente que acerca del sistema institucional que hasta ahora nos ha regido se han formulado variadas y certeras críticas desde todos los sectores ciudadanos, no resultaría adecuado plantear su mero restablecimiento. Chile necesita volver integralmente a la democracia, pero sobre la base de crear una nueva institucionalidad, que adopte los valores permanentes de nuestro Estado de Derecho a las profundas transformaciones que la ciencia y la técnica han ido introduciendo en el mundo contemporáneo”.

En medio de la polarización política, los últimos meses del gobierno de la Unidad Popular estuvieron marcados por los llamados de distintos sectores ciudadanos para que Salvador Allende dimitiera y siguiera los pasos de Bernardo O’Higgins y Carlos Ibáñez del Campo. Los gremialistas se inclinaron por esta opción y estimaban que, tras la renuncia de Allende, un gobierno encabezado por las Fuerzas Armadas debía conducir el proceso político que derivara en la creación de una nueva institucionalidad democrática: el Presidente Allende “sabe que ya no tiene ninguna posibilidad de solucionar la profunda crisis que aflige al país. Frente a tal realidad, no tiene otro camino patriótico que la renuncia a su cargo… Solo bajo la dirección unitaria de las Fuerzas Armadas, Chile puede reunir a sus mejores hombres en la misión de proponer la nueva institucionalidad que el país necesita para restablecer su democracia, y que el pueblo tendría que refrendar con su voto libre, secreto e informado. Abrir el camino hacia ello es la única alternativa realista para evitar toda forma de enfrentamiento fratricida, de totalitarismo de Estado o de dictadura arbitraria e indefinida”.

La historia le daría parcialmente la razón a la tesis guzmaniana: aunque Salvador Allende no renunció, las Fuerzas Armadas asumirían el poder desde el 11 de septiembre de 1973, iniciando un proceso de creación institucional en el que Jaime Guzmán sería el hombre clave.

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