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Publicado el 31 marzo, 2021

José Joaquín Brunner: La centro izquierda sin mapa ni brújula

Académico UDP, ex ministro José Joaquín Brunner

¿Podría ser que la actual emergencia que vive el país y las próximas definiciones constitucional y presidencial ordenen este disperso cuadro de las centroizquierdas? No parece posible, pues la crisis que enfrentan no es de coyuntura y superficie sino de largo aliento y en profundidad.

José Joaquín Brunner Académico UDP, ex ministro
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La crisis de perspectiva intelectual de la centroizquierda (social)democrática chilena es tanto de su marco de referencia internacional como de posicionamiento al interior de la sociedad. Es una crisis que comprende su sistema de representación de la realidad global en que se desenvuelve; la falta de un horizonte —de mediano y largo alcance— hacia el cual dirigirse; la ausencia de un punto de vista desde el cual juzgar los desafíos que debe enfrentar y una confusión ideológica que le impide asentar su propia identidad política.

Los signos inmediatos de la crisis abundan. Fragmentación entre los partidos, movimientos, liderazgos y voces que reclaman para sí el carácter de socialdemócratas o se proclaman de centro izquierda. Al interior de ellos, a su vez, un predominio de dinámicas centrífugas, con múltiples fracciones burocráticas y personalidades en competencia, e incoherencias doctrinarias y programáticas. Además, la sistemática autodestrucción de su tradición ideológica-cultural, como ha ocurrido con el juicio sobre la transición democrática, la modernización de la sociedad chilena durante los últimos treinta años y la Concertación de partidos (social)demócratas que la impulsó.

Reflejo dramático del retroceso experimentado por estas fuerzas políticas es el hecho que, de cara a la próxima elección presidencial, no son las figuras socialdemócratas —Maldonado, Muñoz, Narváez o Rincón (en la vertiente socialcristiana)— las principales contendientes desde el lado de las izquierdas sino dos representantes extemporáneos: los candidatos Jadue, del Partido Comunista, y Jiles, ex-comunista y hoy dirigente medial de un fraccionado minipartido humanista.

La crisis de nuestra socialdemocracia local es parte de un proceso internacional de disgregación de esta antaño poderosa corriente ideológica, que durante el siglo XX gobernó la construcción europea de los Estados de bienestar. Hoy, en cambio, esa tradición sólo gobierna en solitario en Portugal y en alianzas de centroizquierda en Dinamarca, Finlandia , Suecia y República Checa. En España, en tanto, ha debido juntarse con su competidor por la izquierda, el partido Podemos, para así reunir una mayoría en el parlamento. En cambio, en los principales países de Europa —Alemania, Francia e Inglaterra— así como en Austria, Bélgica, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Países Bajos y Polonia, gobiernan fuerzas de centro, centroderecha, derecha o de unidad nacional, como en el caso italiano.

Las izquierdas chilenas han sido históricamente sensibles a los vaivenes ideológicos de su sector alrededor del mundo. Han sido, desde sus orígenes, tributarias de las pugnas ideológicas de las izquierdas. Hemos tenido estalinistas (como lo fue Neruda por algunos momentos en sus poemas de batalla), trotskistas, maoístas (como el PCR, Partido Comunista Revolucionario), castristas y guevaristas, hoy chavistas y cultores del socialismo del siglo XXI. En el propio frente socialdemócrata a nivel local pueden detectarse ecos de los debates europeos, como en años recientes entre ortodoxos y partidarios de la tercera vía, o entre planteamientos más o menos críticos frente a la modernidad, la globalización y el futuro (¿desplome?) del capitalismo.

Lo mismo sucede en el campo de la memoria histórica, terreno donde los socialdemócratas locales mantenemos una no resuelta pugna sobre cómo evaluar las revoluciones soviética, China, cubana o sandinista. Y, en el terreno político-intelectual, sobre qué juicio cabe hacer sobre los renovadores del pensamiento tradicional de las izquierdas, tan variados como Bernstein, los fabianos, Marcuse, Berlinguer y, más recientemente, Giddens y otros.

La erosión del marco ideológico-intelectual de la socialdemocracia internacional ha producido un efecto bien conocido: cuando el centro no sostiene, las cosas en la periferia se disgregan. Es lo que ha ocurrido en Chile, donde las agrupaciones sueltamente definidas como de centroizquierda no solo han perdido coherencia y por ahora carecen de una perspectiva sino que, además, experimentan un proceso que agrava esa incoherencia.

Se trata de una intensa dinámica de bricolaje, que la RAE define como “actividad manual y casera de reparación, instalación, montaje o de cualquier otro tipo, que se realiza sin ayuda profesional”. En el  plano ideológico, ella se convierte en una desordenada acción de reparación, instalación, montaje y consumo de todo tipo de ideas o consignas que circulan en el medio global. Muchas de estas acciones son operaciones de revestimiento y parche, pero otras son incorporaciones de variados elementos ideológicos a la moda (4a revolución industrial), o de lecturas mal digeridas (por ejemplo, sobre biopolítica), o préstamos tomados del populismo, o estrategias meramente mediáticas, o imitación de  lenguajes políticamente correctos.

Pronto, por esta vía, el perfil ideológico de nuestro colectivo socialdemócrata de centroizquierdas se vuelve una abigarrada, variopinta vitrina de ideas contradictorias: liberalismo (ético) del “todo va”, variegados tipos de comunitarismo, pensamiento Fabiano, socialismo liberal o viceversa, solidarismo moral, capitalismo popular, sueños científico-tecnológicos al rescate del progresismo político, admiración por la eficiencia del Estado chino, aspiración a un modelo-otro de desarrollo (capitalista), Estado emprendedor de Mazuccato y su mission economy,  igualitarismo rousseauniano, gasto social nórdico (pero con impuestos latinoamericanos), feminismo, ecologismo, ciudades inteligentes, posthumanismo, etc. Es decir, popurrí: mezcolanza de cosas diversas.

¿Podría ser que la actual emergencia que vive el país y las próximas definiciones constitucional y presidencial ordenen este disperso cuadro de las centroizquierdas? No parece posible, pues la crisis que enfrentan no es de coyuntura y superficie sino de largo aliento y en profundidad.

Es un fenómeno internacional y local a la vez, de pensamiento y estrategia, de doctrina y programático, de liderazgos y organización. Súmese a esto que en el campo directamente político-electoral y en la esfera ideológico-intelectual, las expresiones de centroizquierda se hallan confrontadas al desafío por la hegemonía planteado por el PC y las izquierdas radicales. Mas tampoco frente a esta situación ellas poseen una respuesta coherente. Al contrario, a medida que transcurren los días, sus vacilaciones se tornan cada vez más visibles.

Podría ocurrir entonces que, al final del día, se encuentren frente a dos opciones, ambas inscritas con el signo de una derrota: o apoyar a un candidato (propio) perdedor o sumarse a una unidad orquestada por el PC, tras público reconocimiento de que  renuncian a su pasado de “socialdemocracia neoliberal”, como les espetó el candidato presidencial comunista.

  1. Pit Leihy dice:

    Además, hay que separar “todo va” en “laissez faire”, “anything goes”, y “que se vayan todos”. Se requiere un genio de la altura de Menem para dividir tales matices en etapas temporales.

  2. Veronica Munita Bennett dice:

    El gobierno nuevamente cede en todas sus convicciones frente a la oposición. Yasna Provoste decide cómo se van a repartir los aportes, ya no serán en la forma focalizada que había determinado el Ejecutivo. Pero como lo importante es entregar las ayudas, hay que “ceder al chantaje”. ¿Será buenismo o mal manejo político? Triunfo total para la oposición.

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