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Publicado el 3 febrero, 2021

José Joaquín Brunner: ¿A qué apuestan el PS y su candidata?

Académico UDP, ex ministro José Joaquín Brunner

Llama la atención que la candidata socialista haya elegido, para poner en el frontis de su campaña, un enunciado que busca separarla de una parte sustancial del pasado de su propio partido, de la Concertación e incluso de la Nueva Mayoría.

José Joaquín Brunner Académico UDP, ex ministro
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En la prensa de los últimos días varios expertos en los dialectos de la política han preguntado: ¿Qué mensaje buscó transmitir la candidata recién ungida por el PS cuando solemnemente anunció que: “La política de lo posible no da para más, y debe ser reemplazada por una política de lo necesario”?

I

Sin duda, en una primera instancia comunicativa, como constatan esos analistas, ella buscó contrastar su propio sentido de misión con aquel principio que suele atribuirse a la Concertación, según el cual las cosas que atañen al poder se hacen ‘en la medida de lo posible’. Por el contrario, su propósito —venía a decir la recién estrenada candidata— era hacer lo necesario, lo que se debe hacer, sin limitarse ni sujetarse a lo posible.

Ya durante el gobierno-2 de Bachelet, de dispar desempeño, la Nueva Mayoría había ensayado una regla intermedia entre el posibilismo del que se acusa a los gobiernos Aylwin-Frei-Lagos-Bachelet-1 incluso, y el imperio de lo necesario, regla que quedó registrada en la consigna: ‘mover los límites de lo posible’. Pero, claro, esa fórmula permanece todavía atrapada dentro de las fronteras de lo posible. Las empuja, las expande, pero es posibilismo igual.

Ahora, en cambio, la candidata pretende señalizar una nueva actitud política; una ruptura con el espíritu timorato, gradualista, híper-realista que habría caracterizado al reformismo y que, en el caso de la Concertación, se habría basado por mitades en el temor a los poderes fácticos y en la obsesión por los consensos, aún al costo de un abandono parcial de los propios ideales. Tal es la narrativa crítica de su pasado que la antigua Concertación, luego Nueva Mayoría, ha ido acogiendo, o ha contribuido a crear, corroyendo con ello su propia legitimidad histórica y las proyecciones futuras del reformismo.

De esta manera se introduce, además, una clara división ética entre la política idealista, de valores últimos —capaz de soñar un país distinto— y la política pragmática, de fines acomodaticios, que solo aspiraría a aquello que puede alcanzar.

En cualquier caso, llama la atención que la candidata socialista haya elegido, para poner en el frontis de su campaña, un enunciado que busca separarla  de una parte sustancial del pasado de su propio partido, de la Concertación e incluso de la Nueva Mayoría.

Antes pues que abrir una perspectiva y un horizonte, ella ha preferido, como inicio de su campaña pública, desmarcarse del pasado, en un movimiento que supuestamente debería aproximarla a la sensibilidad del “No son 30 pesos, son 30 años”; treinta años, se subentiende, de ‘política neoliberal’. De esta manera, la candidata trata de situarse al alero del ‘estallido social’ del 18-O. Semánticamente, en tal sentido, su frase es una sutil interpelación a ese espíritu de revuelta y una reclamación eficaz de una (nueva) identidad.

A la vez, esta frase le permite salir al paso de las críticas que le formulan desde el PC y sectores del Frente Amplio, en el sentido de no haber ella participado del cambio que vivió Chile en esa fecha —léase, el 18-O, tras el prologado letargo de la transición concertacionista— ni dar muestras de una auténtica conviccion anti neoliberal.

Dicho en otras palabras, la candidata socialista parece hacerse cargo de la tesis comunista-frenteamplista según la cual lo que hoy está en juego en Chile, en la primera línea de la batalla política, es la hegemonía dentro de la izquierda —PS+PPD versus PC+FA— y, por ende, el carácter (intensidad, profundidad, rupturismo) de los futuros cambios de la sociedad chilena. A un lado estaría la alternativa comunista frenteamplista, del cambio radical, necesario, que conduce a un quiebre con la democracia formal y el capitalismo neoliberal y, al otro lado, la alternativa posibilista, de centro izquierda reformista de los últimos 30 años, ya sobrepasada y que, por lo mismo, debe dejarse atrás.

Puestas así las cosas, Narváez pretende desembarazarse de ese pasado y mostrar un talante tan resueltamente de izquierdas como sus críticos desde ese costado.

II

Para eso reivindica, en una segunda instancia comunicativa, aquella vieja tradición de izquierdas de una política de ‘lo necesario’; esto es, aquello que hace falta indispensablemente para alcanzar algo, que forzosa o inevitablemente ha de ser o suceder, que se hace y ejecuta obligado por la fuerza de las circunstancias. Todo eso, efectivamente, significa obrar determinado por la necesidad, sin quedar entrampado dentro de los estrechos márgenes de lo posible.

Por lo pronto, hay algo esencial y rotundo en esa perspectiva. Entramos allí, nada menos que en el terreno de la ‘necesidad histórica’. O sea, de lo absolutamente determinado e ineluctable; de lo que objetivamente nos viene impuesto por la realidad de las cosas. ¿A quién, situado en la tradición cultural de izquierdas esa formulación  no le suena conocida?

Efectivamente, ella es parte de la filosofía marxista-leninista de la historia. Ya Marx, en uno de los prólogos de El Capital, había escrito: “Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad”.

O bien, expresado en el lenguaje plúmbeo de la historia de la filosofía soviética: “La doctrina de Marx y Engels sobre la misión socialista del proletariado se desprende necesariamente de toda la experiencia histórica anterior y del anásisis del desarrollo del pensamiento social, cuyas consecuciones fueron reelaboradas por los fundadores del marxismo desde una perspectiva crítica. La doctrina marxista expresa científicamente la necesidad histórica de la transformación socialista de las relaciones sociales, cuyas premisas no hacían más que empezar a configurarse en la época de Marx y Engels”.

Podría ser, entonces, que el giro hacia la política de lo necesario anunciado por Narváez signifique nada más que un saludo y una reivindicación ritual del antiguo marxismo-leninismo que sobrevive hasta hoy en partes del PS, aunque algunos creímos que había pasado a ser un instrumento más de análisis dentro de la caja de herramientas intelectuales de la renovación  socialista de los años 1980 y 1990.

De ser así, esa visión anacrónica de la ‘necesidad histórica’ y las ‘leyes científicas’ que gobiernan el desarrollo de las sociedades no necesitaría tomarnos mucho tiempo. Hace rato dejó de tener sostén en la academia y en los círculos políticos de occidente. Es como sostener que la historia tiene un sentido prescrito por los dioses y que el marxismo tiene acceso a su verdad necesaria, ineluctable.

Alternativamente, podría ser que aquella formulación deba entenderse a la luz de una suerte de lectura renovada de la necesidad histórica, como la de Daniel Bensaïd, francés, pensador marxista contemporáneo (murió en 2010), lectura según la cual la ‘necesidad histórica’ enunciaría lo que debe y puede ser, no lo que será: “actualizando una posibilidad, la revolución es, por esencia, intempestiva y, en cierta medida, […] una imprudencia creadora”, dice él. Ahí estamos derechamente en el terreno del revisionismo; el mismo Bensaïd agrega más adelante en su texto que una revolución surgida de la necesidad, justo a tiempo, “sin riesgos ni sorpresas, sería un acontecimiento sin acontecimiento, una especie de revolución sin revolución (Una mirada a la historia y la lucha de clases).

En verdad, esta versión más fluida de lo necesario equivale a hablar de lo posible; supone no dejar atrás lo posible sino actualizar todo su potencial, que es justamente donde se inscribe el espacio de la política. Es decir, hacer las cosas en la medida más posible de lo posible, enunciado que nos devuelve al realismo político de la Concertación y del PS de entonces.

De cualquier forma, no es hacia allá que se dirige el giro que ahora sugiere la candidata socialista, cuando propone dejar atrás lo posible para abrazarse a lo necesario. Su espíritu, más bien, es repudiar ese pasado y acoger los tiempos de lo necesario.

III

En suma, lo más probable, entonces, es que la candidata, con su fórmula, haya querido asumir una posición contra el posibilismo reformista junto con afirmar que llegó la hora de hacer lo históricamente necesario en el contexto de treinta frustrantes años y del despertar impuesto por el estallido.

Esa necesidad sería objetiva, expresándose en problemas estructurales o sistémicos de explotación y abusos que subjetivamente provocaron una  acumulación de frustraciones, malestares y rabias, dando lugar al estallido del 18-O.

Este relato, que el PC y el Frente Amplio vienen articulando desde esa fecha contra la antigua Concertacion y la ex Nueva Mayoría, ha terminado pues por acorralar a la izquierda reformista, posibilista, la que ahora tendrá que competir en el terreno de la ‘necesidad histórica’.

En esa carrera la izquierda extrema lleva las de ganar, pues tiene menos inhibiciones en ofrecer cambios, metas superlativas, gasto público y todo tipo de oportunidades y beneficios estilo socialismo siglo 21. Por definición, será más rupturista que la izquierda que (todavía) levanta estandartes social democráticos, por mucho que éstos se estiren para satisfacer la ‘necesidad histórica’.

Por el contrario, un posibilismo al estilo de Bensaïd, que busca no un cambio inevitable, predeterminado por lo necesario,  sino el cambio potencialmente posible, sería una alternativa más sensata y seguramente con mayor capacidad de atracción electoral hacia el centro. Además, se inscribe más fielmente en la tradición socialdemócrata que, a fin de cuentas, nació y se desarrolló como una alternativa posibilista frente al bolchevismo, el comunismo, el socialismo siglo 21 y los populismos rupturistas.

Habrá que ver pues en qué terminan la apuesta del PS y su candidata.

  1. Peodair Leihy dice:

    Muy buena y oportuna la columna.

    A cada cual según sus derechos sociales, de cada cual según su entendimiento de (y sus ganas de cumplir con) sus deberes sociales… hay cada vez más de la bohemia burgesa en el centrismo chileno.

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