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Publicado el 04 de marzo, 2019

José Antonio Viera-Gallo: Venezuela en su laberinto                            

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

Ningún camino es fácil para restablecer la democracia, pero tampoco resulta sencillo para el gobierno continuar en el poder por 6 años más manteniendo la lealtad de los militares. En otras experiencias análogas, algún hecho imprevisto ha desatado la reacción popular, pero como demuestra lo vivido en esos países, no es seguro que procesos descontrolados conduzcan a una democracia estable, sobre todo cuando permanecen los desafíos económicos existentes.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Concluido el intento –más bien simbólico– de llevar ayuda humanitaria a Venezuela, muchos se preguntan qué pasará ahora. Juan Guaidó ha reiterado su voluntad de regresar al país en estos días y Nicolás Maduro ha advertido que tendrá que enfrentar la justicia por haber quebrantado una orden de arraigo. ¿Podrá cruzar la frontera? ¿Será detenido o simplemente amedrentado?

La comunidad internacional se ha inclinado mayoritariamente a favor de Guaidó, pero Rusia y China respaldan a Maduro y pueden bloquear cualquier resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, como ocurrió la semana pasada. En Chile existe un respaldo muy amplio a las fuerzas democráticas venezolanas. Lamentablemente, por decisiones precipitadas e inconsultas o por cálculo político, hasta ahora no han actuado de consuno. Este tipo de debate se repite en varios países, debilitando el repudio a la dictadura, como sucede por ejemplo con la polémica electoral en España.

Más allá de la sucesión vertiginosa de los acontecimientos, los problemas de fondo de la sociedad venezolana continúan. Me refiero a la crisis económica que incide fuertemente en la vida diaria de los ciudadanos. Desde el 2014 Venezuela está en recesión y la CEPAL pronostica una caída de la economía de un 10% para este año; la renta per cápita ha caído 58% desde el 2013.

Como demuestra lo vivido en esos países, no es seguro que procesos descontrolados conduzcan a una democracia estable, sobre todo cuando permanecen los desafíos económicos existentes.

El FMI prevé que la hiperinflación llegará a 10.000.000% en 2019, lo que ha provocado una verdadera “dolarización” de la economía: hasta el más modesto puesto callejero en una esquina de Caracas vende en dólares. Los llamados bolívares soberanos a poco andar comenzaron a escasear. El Banco Central ha ido perdiendo gradualmente el control del sistema monetario y cambiario y los precios se van equiparando a los del mercado internacional, agravando la penuria de los sectores populares y medios. Ha salido a luz una cantidad enorme de dólares que la gente guardaba para sortear la inflación. Hay una brecha insalvable entre quienes tienen dólares y quienes no. Pero la apreciación del tipo de cambio ha provocado que el ahorro en dólares comience a agotarse. La fiebre del dólar que comenzó en 2012 está topando fondo.

¿Qué más harán los venezolanos para salir de esta encrucijada? ¿Se acomodarán a una economía más restringida y pobre a la espera de tiempos mejores? ¿Se agravará la migración masiva?

La caída de las exportaciones petroleras a la mitad y las trabas impuestas al manejo de las cuentas de PDVSA hacen más costosas y difíciles las importaciones. No sabemos hasta dónde pueda llegar el respaldo financiero de Rusia y China. Los bonos venezolanos han caído estrepitosamente, pasando a manos de fondos especulativos, lo que dificultará una renegociación de la deuda externa. A este cuadro hay que sumar los escándalos de corrupción en que se han visto involucrados altos dirigentes del chavismo, denunciados incluso por las autoridades venezolanas o por investigaciones judiciales de terceros países.

¿Hasta cuándo Maduro podrá mantener el control de una sociedad que funciona desafiando reglas económicas elementales? ¿Qué más harán los venezolanos para salir de esta encrucijada? ¿Se acomodarán a una economía más restringida y pobre a la espera de tiempos mejores? ¿Se agravará la migración masiva? ¿Se agudizará la tensión de Venezuela con sus vecinos? ¿Se abrirá una negociación como ocurre actualmente en Nicaragua o continuará la anomalía de un doble poder, uno legítimo y otro de facto? ¿Habrá elecciones libres anticipadas?

Ningún camino es fácil para restablecer la democracia, pero tampoco resulta sencillo para el gobierno continuar en el poder por 6 años más manteniendo la lealtad de los militares. En otras experiencias análogas, algún hecho imprevisto ha desatado la reacción popular, sobrepasando los aparatos de seguridad  mientras los militares se  replegaban a sus cuarteles abandonando a la cúpula en el poder. Así sucedió durante la llamada “Primavera Árabe”, pero como demuestra lo vivido en esos países, no es seguro que procesos descontrolados conduzcan a una democracia estable, sobre todo cuando permanecen los desafíos económicos existentes.

De ahí la responsabilidad de los dirigentes opositores, principalmente de Juan Guaidó. Su diseño general es claro: fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Pero otra cosa es su implementación. Ellos deben cuidar la amplitud del frente opositor, la conexión con el sentimiento, las necesidades y las aspiraciones de los venezolanos que sufren la crisis, y apostar por  la lucha interna. Deben rechazar cualquier hipótesis de intervención armada extranjera. No basta con tener la razón: la acción política se juzga sobre todo por sus resultados.

FOTO: DANIEL HERNANDEZ/AGENCIAUNO

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