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Publicado el 21 de enero, 2019

José Antonio Viera-Gallo: Un nuevo escenario político

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

Estamos viviendo la primera etapa de la configuración de un cuadro político diferente a cuatro bandas, cuya consolidación dependerá de la coherencia con que actúen y se presenten los dos polos extremos.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Los análisis de la política antes de 1973 destacan que el sistema de partidos estaba conformado por tres corrientes principales, que se dividían por tercios el favor del electorado: la derecha, formada por el entendimiento entre conservadores y liberales; el centro, que fue ocupado un tiempo por el Partido Radical y luego por la DC; y la izquierda, constituida por el acuerdo entre socialistas y comunistas. Cada uno tenía un proyecto político relativamente bien definido y excluyente, que dificultaba la cooperación y el consenso. Los últimos presidentes gobernaron sin mayoría parlamentaria, y cuando Jorge Alessandri se vio forzado a llamar a los radicales al gabinete, ese partido sufrió fuertes tensiones. Muchos analistas buscaron la causa del golpe de estado en la existencia de esos tres tercios con sus visiones ideológicas autorreferentes, y en la existencia de un sistema presidencial incapaz de sustentarse en una coalición política mayoritaria.

Con el regreso a la democracia desaparecieron los tres tercios, y las ideologías se habían debilitado. Favorecido por el sistema electoral binominal, surgió un sistema bipolar formado por dos agrupaciones de partidos. Este esquema dejó fuera a significativos sectores políticos, algunos tradicionales, otros nuevos. Como desde un comienzo se permitieron los pactos electorales, ninguna de esas alianzas dio origen a un nuevo gran partido de centroderecha o centroizquierda; en su interior subsistían diversas corrientes y sensibilidades.

El nuevo cuadro está formado por cuatro corrientes centrales: una derecha conservadora y autoritaria, una derecha republicana y más liberal, un progresismo de nuevo tipo y una nueva izquierda radical.

Este sistema duró hasta la última elección parlamentaria, que tuvo lugar con un sistema electoral proporcional sin ningún contrapeso que morigerara la dispersión en el Congreso. Se abrió paso entonces a un nuevo escenario, que gradualmente comienza a manifestarse. El nuevo cuadro está formado por cuatro corrientes centrales: una derecha conservadora y autoritaria, una derecha republicana y más liberal, un progresismo de nuevo tipo y una nueva izquierda radical. El sistema no termina todavía de perfilarse: aún hay fuerzas de un sector que permanecen en otro por inercia o cálculo electoral, pero que tarde o temprano tenderán a encontrar su espacio natural.

La relación entre estos cuatro espacios políticos no es fluida. Les cuesta admitir sus diferencias dentro de lo que tradicionalmente se llamó la derecha, el centro y la izquierda, y todavía piensan en la posibilidad de alianzas amplias que pudieran retrotraer el cuadro hacia un sistema bipolar. Puede haber acuerdos, pero ellos estarán marcados más por la necesidad y el interés que por la afinidad profunda en torno a un proyecto de largo aliento. A la primera de cambio resurgen las controversias y las discrepancias, como hemos visto en recientes votaciones en el Congreso.

Los pactos que puedan producirse frente a los desafíos electorales tendrán la impronta del pragmatismo. Difícilmente esos grupos podrán orientar a su electorado, por ejemplo, para una elección presidencial de segunda vuelta, en la cual pueden darse votos cruzados en múltiples direcciones según quienes sean los candidatos en disputa.

Con el acercamiento de las elecciones municipales y de gobernadores se acentuará la competencia entre el progresismo y la izquierda radical, aunque existan posibles pactos; mientras que esa tensión asomará con fuerza en la derecha cuando enfrentemos la elección presidencial y parlamentaria.

Ya podemos ver el perfilamiento de dos formas de hacer oposición, una más dialogante y otra más intransigente, que se reflejan más en la Cámara de Diputados -por la presencia del FA y del PC- que en el Senado -donde esas fuerzas prácticamente no tienen representación-. Por su parte, el auge de la derecha autoritaria de José Antonio Kast es un hecho innegable, como se advierte en las encuestas. Ella constituye un polo de atracción para parlamentarios de la UDI y RN que se sienten más interpretados por esa opción que por Chile Vamos, pero que mantienen todavía su militancia tradicional.

Estamos viviendo la primera etapa de la configuración de un cuadro político diferente a cuatro bandas, cuya consolidación dependerá de la coherencia con que actúen y se presenten los dos polos extremos. Con el acercamiento de las elecciones municipales y de gobernadores se acentuará la competencia entre el progresismo y la izquierda radical, aunque existan posibles pactos; mientras que esa tensión asomará con fuerza en la derecha cuando enfrentemos la elección presidencial y parlamentaria.

FOTO :PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

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