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Publicado el 20 de marzo, 2019

José Antonio Viera-Gallo:  Pro…¿sur?

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

El tiempo dirá si es una buena idea, si supera los límites ideológicos de su nacimiento, si logra integrar a todos los países, estabilizarse  y favorecer la integración subregional. Y siempre subsistirá un pecado de origen: la no participación de México.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Tal vez sea una casualidad. Pero no resulta afortunada la coincidencia en Santiago de un encuentro de partidos conservadores y de la reunión de Jefes de Estado de Sudamérica que pondrá punto final a UNASUR y discutirá dar impulso a la creación de un nuevo organismo de cooperación, que el gobierno de Chile denomina anticipadamente como PROSUR. Aunque los organizadores no lo hayan planificado, la simultaneidad de estos encuentros alienta las críticas a la nueva organización, aun no nata, calificándola de ideológicamente cargada hacia la derecha.

Al encuentro de las fuerzas políticas viene el hijo de Jair Bolsonaro como una figura relevante. Se sentirán incómodos, entonces, los representantes de la derecha liberal y republicana. Es pública la posición extrema del nuevo gobernante brasilero y sus hijos, así como sus contactos con los movimientos populistas y autoritarios de derecha de la región, EE.UU. y Europa. En su paso por Washington el Presidente de Brasil ha apoyado la construcción del muro fronterizo con México, ha criticado en términos duros e hirientes a los migrantes y se ha propuesto estrechar una alianza con Trump para defender “la libertad” frente a una “globalización materialista comandada por el marxismo cultural”, según expresiones de su Canciller, y borrar el socialismo.  Algunos de sus ministros son abiertamente extremistas, como la encargada de Derechos Humanos, el de Educación y el de Medio Ambiente, para no hablar del Canciller, que en su blog ataca el cambio climático y las organizaciones multilaterales en cuyo origen y desarrollo siempre estuvo la mano de Itamaratí; frente al orden internacional basado en reglas, propicia el nacionalismo como valor supremo. Curiosamente, sirven de contrapeso a esta visión extrema los ocho ministros militares y el Vicepresidente General Hamilton Mourao, quien ya ha tenido varios roces públicos con Bolsonaro.

¿Qué apuro hay en crear una nueva instancia de integración cuando ya existen tantos foros y cumbres que se ocupan del tema?

Es probable que las resoluciones del encuentro político conservador no se alineen nítidamente con esta visión extremista, pero el clima de la reunión no sólo estará marcado por la presencia del conservadurismo intransigente con plena carta de legitimidad, sino por el aliento a los movimientos y fuerzas políticas de igual orientación en desmedro de los partidos republicanos y liberales. Resulta incomprensible que el gobierno y Chile Vamos hayan alentado una reunión de este tipo, que será un factor de desorden dentro de sus propias filas.

Prácticamente en forma simultánea, los Presidentes de América del Sur –todos de orientación derechista, salvo el de Ecuador– pondrán punto final a UNASUR e intentarán dar el puntapié inicial a un nuevo foro de integración, que por ahora las autoridades chilenas llaman PROSUR. La ausencia de Bolivia y Uruguay resulta significativa. UNASUR se paralizó por el veto venezolano a los postulantes al cargo de Secretario General, que permanece vacante por varios años. Maduro se comportó ciegamente, como si todavía camparan los gobiernos progresistas en la región. Cosechó su propio aislamiento. De UNASUR, que entró en funciones el 2011, cabe rescatar el trabajo de Cosiplán en materia de infraestructura y conectividad de la región y lo realizado por el Centro de estudios de la defensa, sobre todo en transparencia de los datos militares e iniciativas de confianza mutua, amén de importantes iniciativas a favor de la estabilidad democrática. Pero periclitó cuando cambió la orientación política de los gobiernos en la región.

Lo que despierta muchas preguntas es el proyecto de volver a crear otra instancia de integración de Sudamérica, que nacería ahora con un signo político opuesto al anterior. Da la impresión que estuviéramos volviendo a la política de las fronteras ideológicas de la guerra fría.  ¿No habría sido más prudente esperar el resultado de las elecciones en Bolivia, Argentina y Uruguay y el desenlace de la crisis venezolana? ¿Qué apuro hay en crear una nueva instancia de integración cuando ya existen tantos foros y cumbres que se ocupan del tema? El tiempo dirá si es una buena idea, si supera los límites ideológicos de su nacimiento, si logra integrar a todos los países, estabilizarse  y favorecer la integración subregional. Y siempre subsistirá un pecado de origen: la no participación de México.

FOTO: PRESIDENCIA VIA AGENCIAUNO

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