Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 27 de octubre, 2019

José Antonio Viera-Gallo: La calma en medio de la tormenta

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

Chile tiene todas las condiciones para superar bien este terremoto social: una economía sana, una población solidaria cuando se la convoca, niveles todavía sólidos de convivencia y probidad, como se reveló en la marcha del viernes en Santiago. La responsabilidad de conducir la recuperación está principalmente en los dirigentes sociales y políticos y, particularmente, en el nuevo gabinete. No dejemos pasar la oportunidad.

 

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Imposible prever el curso de los acontecimientos. Luego de las manifestaciones masivas del viernes y los anuncios del Presidente vivimos una quietud similar a la que existe luego del paso de un ciclón. Pero hay que estar atentos porque los ciclones son como un embudo y en el medio hay un tenso inmovilismo que engaña a los incautos que no se percatan que la tormenta no ha terminado de pasar.

Pueda ser que el levantamiento del estado de emergencia y el mandato que tenga el futuro gabinete cumplan con su objetivo. Todo depende de la intuición y voluntad del Presidente. Hay momentos en los sistemas presidenciales en que las decisiones se concentran en quien está al mando del timón. Este es uno de ellos. ¿Cómo perfilará Sebastián Piñera la segunda etapa de su mandato? ¿Logrará sintonizar con las demandas y el humor de la ciudadanía?

No es tarea fácil porque el movimiento social que ha sacudido Chile es espontáneo, sin dirigentes ni portavoces, carente de un petitorio específico y en el cual se acumular muchas demandas y malestares diversos. Algunos dirigentes de oposición tratan de legitimar sus visiones en la protesta ciudadana. Pero nada indique que ellos acierten en el intento.

Este tipo de movimientos no son originales de Chile. Responden al tipo de procesos que se viven a comienzos de este nuevo siglo en muchas latitudes, como lo demuestran casos como los de Brasil bajo Dilma Rousseff, Perú y Ecuador. Algo similar, pero más distante, ocurre en Argelia, Líbano, Irak, Hong Kong y Cataluña. Y antes con los chalecos amarillos en Francia. Cada uno de esos casos tiene sus particularidades, pero hay varios rasgos en común.

En general se desatan por alguna medida gubernamental que afecta la vida de miles de personas: el alza del precio del transporte o del combustible, por ejemplo. Esa chispa incendia la pradera. La gente se convoca por internet, sobre todo los jóvenes, y salen a relucir los abusos y las desigualdades arbitrarias. Pensemos por un momento en los abusos en los planes de Isapre, en las listas de espera en los hospitales públicos, en la falta de médicos especialistas en las regiones, en el precio de los medicamentos, en las bajas pensiones, en la jornada laboral extendida más el tiempo de transporte, en la colusión de algunas empresas, en los escándalos que han sacudido la vida pública desde hace décadas, en la letra chica de los contratos de adhesión, en el alto costo de las autopistas, en el precio del metro, los bajos salarios, la delincuencia, la presencia opresiva del narcotráfico,  etc. Sin olvidar el maltrato con los pueblos originarios. Todo eso exige pronta corrección.

No es que Chile no haya progresado en los últimos 30 años. El problema es que quedaron pendientes diversas reformas importantes o llegaron tarde y en forma parcial; y además las aspiraciones van siempre más rápido que las posibilidades. Todos nosotros vivimos no sólo de datos objetivos, sino de sensaciones, temores y esperanzas.

Todos debiéramos reflexionar en medio del ciclón, aprovechando este período de calma, y estar disponibles para contribuir a ir eliminando los abusos y disminuyendo las desigualdades injustificables.

Con las desigualdades sucede que han ido perdiendo toda justificación. La gente no cuestiona la mayor retribución al mérito o al esfuerzo, pero ya no tolera los privilegios inmerecidos que se trasmiten de generación en generación. No me refiero sólo a diferencias de ingreso o patrimonio, sino a la mala distribución de bienes públicos como parques, lugares de esparcimiento, centros deportivos, espacios de socialización, seguridad ciudadana, es decir, todo aquello que hace la vida menos dura y fatigosa.

Todos debiéramos reflexionar en medio del ciclón, aprovechando este período de calma, y estar disponibles para contribuir a ir eliminando los abusos y disminuyendo las desigualdades injustificables. Una responsabilidad especial recae en los movimientos sociales que animan la protesta y en los partidos políticos presentes en el Congreso que deben debatir y aprobar los cambios que sean necesarios. Hay que poner más el acento en elevar la mirada que en recriminaciones recíprocas sobre las causas de lo sucedido.

La oposición debe adoptar un comportamiento constructivo si quiere ser creíble como alternativa política para las próximas elecciones. La consigna del “nuevo pacto social” es demasiado abstracta y suena a algo que pudiera carecer de consistencia y sustancia. Si se abre la discusión constitucional, como espero, que se haga con responsabilidad partiendo de los consensos mayoritarios necesarios y para disensos importantes se podría convenir un sistema de plebiscito bien pensado. Así se podría avanzar hacia una democracia que tuviera más canales de participación, junto con la iniciativa popular de ley y otros mecanismos similares.

Chile tiene todas las condiciones para superar bien este terremoto social: una economía sana, una población solidaria cuando se la convoca, niveles todavía sólidos de convivencia y probidad, como se reveló en la marcha del viernes en Santiago. La responsabilidad de conducir la recuperación está principalmente en los dirigentes sociales y políticos y, particularmente, en el nuevo gabinete. No dejemos pasar la oportunidad.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más