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Publicado el 08 de julio, 2019

Jose Antonio Viera-Gallo: En el trapecio

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

El ciclo autoritario que marca el inicio del siglo XXI parece coincidir con la decadencia del papel hegemónico de EE.UU. Junto a la incertidumbre del futuro, se advierte una búsqueda de los valores democráticos y libertarios de los “padres fundadores”, la búsqueda de un nuevo sentido común, una voluntad de que EE.UU. recupere su legitimidad cultural y política y que pueda contribuir positivamente a la emergencia de un nuevo orden mundial más solidario. La presidencia de Obama no fue en vano.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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De paso por Nueva York, le pregunto a un amigo arquitecto que reside en EE.UU. hace muchos años que me señale lo peor y lo mejor de Trump. Su interés principal no es la política. Reflexiona y responde: lo peor, el temor de los migrantes ilegales a ser deportados. Un mexicano que trabaja en la construcción teme ir a faenas fuera de la ciudad. Y lo mejor –se ve que no es partidario de Trump–, que ahora todos nos interiorizamos más del funcionamiento del sistema político, del Congreso, de la inclinación política de los diversos Estados y de los contrapesos del sistema al poder presidencial.

Un abogado de renombre me comenta en su casa de Connecticut mirando el mar que las principales preocupaciones son el costo de la educación universitaria y la cobertura de los servicios de salud pública. Es un claro demócrata. Su hijo se casó con una galerista colombiana y él colabora con una de las 28 universidades jesuitas de EE.UU. favoreciendo becas para estudiantes extranjeros. En el almuerzo había un egipcio y un lituano. Espera que Trump sea un cometa fugaz.

El debate entre los pre candidatos demócratas en televisión se centró en la salud, en la mantención de la reforma de Obama del Medicare, en la extensión de un seguro universal de salud público y obligatorio o en su combinación con seguros privados. Ni una referencia a la situación internacional: ni la tensión con Irán, ni la crisis venezolana, ni la ola migratoria, ni el conflicto comercial con China. En su diversidad, desde Sanders a Biden, todos comparte un mismo objetivo: derrotar a Trump en las elecciones del próximo año.

La tarea no es fácil. Porque la economía está teniendo buenos resultados. Se nota en las construcciones nuevas en los diversos sectores de NY. Por todas partes se busca mano de obra. Y al ver a la gente que realiza los servicios en restaurantes, construcciones, choferes de taxis y tiendas, nadie se sorprende si uno les habla en español: muchos son “latinos”, con o sin papeles al día. ¿Qué sería de NY sin los migrantes de todas las latitudes? Son una fuerza indispensable de esta ciudad multicultural. Algunos economistas sostienen que el repunte económico actual viene de Obama y no se debe a la baja de impuestos. Pero ahora es palpable.

Conversando con padres de familia de una escuela pública bilingüe de Greenpoint donde concurre mi nieta mediante un sistema computacional de ingreso similar al chileno, se advierte una preocupación creciente y difusa, una suerte de malestar sobre el futuro. No están orgullosos de su presidente y sí inquietos sobre el papel de EE.UU. en el mundo. Como si caminaran contra el viento de la historia que sopla fuerte. Uno de ellos ha comprado una casa de campo en Bretana, Francia, para que su hija pueda vivir por si “pasa algo” y nada esencial le falte. Recuerdan los padecimientos de la crisis del 2008 y les angustia el calentamiento global. Su esfuerzo minucioso por reciclar la basura choca con la indiferencia de Trump.

Recorriendo las librerías me fijo en los principales títulos de no ficción. Abundan los libros sobre el género y el nuevo rol de las mujeres, sobre la automatización y la destrucción y creación de empleos y, en especial, sobre el cambio climático, la sobrevivencia del planeta y cómo vivir en una etapa ecológica frágil.

Entre los libros políticos abundan los referentes al declive de la democracia, la pérdida de legitimidad del liberalismo, las contradicciones del capitalismo global. Ojeando algunos de ellos se advierte una inquietud sobre el futuro de la democracia en un mundo donde aparecen nuevas formas de autoritarismo: Rusia, Turquía, Italia y algunos países del este europeo, China, India, Brasil, Medio Oriente, y la lista podría continuar. En uno de ellos se lee: no por haber vivido en un determinado régimen político, se puede pensar que sea eterno.

Para muchos de estos pensadores la principal amenaza a la democracia es interna. No como en el período de la Guerra Fría. Mencionan a Trump y al Brexit como ejemplos en que el voto popular se ha inclinado por soluciones equivocadas. Para fundamentar su alarma recurren a las críticas de Platón a la democracia y a la teoría clásica de evolución de las diversas formas de gobierno. Inquietos reconocen que la Constitución Americana no menciona el concepto “democracia”. Recurren entonces a la Declaración de Independencia y a su invocación de los derechos humanos.

El ciclo autoritario que marca el inicio del siglo XXI parece coincidir con la decadencia del papel hegemónico de EE.UU. Esos autores parecen desconcertados frente a la emergencia de China e India. Pese al auge de regímenes autoritarios, Trump no ha creado una red de sólidas alianzas políticas y militares. Incluso ha desafiado a los otros miembros de la OTAN. Los otros líderes autoritarios son sus rivales geopolíticos.

Junto a la incertidumbre del futuro, se advierte una búsqueda de los valores democráticos y libertarios de los “padres fundadores”, la búsqueda de un nuevo sentido común, una voluntad de que EE.UU. recupere su legitimidad cultural y política y que pueda contribuir positivamente a la emergencia de un nuevo orden mundial más solidario. La presidencia de Obama no fue en vano.

Es verdad que NY no es un espejo de EE.UU. Pero tampoco es de otra galaxia. En muchas ocasiones, esta ciudad ha marcado tendencia.

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