Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 06 de julio, 2020

José Antonio Viera-Gallo: El tira y afloja legislativo

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

Los parlamentarios de oposición han descubierto un mecanismo para poner en jaque al Ejecutivo, y como éste se ha mostrado indeciso al momento de usar sus facultades constitucionales, han persistido en ese camino, alentados además por el respaldo que han obtenido de algunos parlamentarios de Chile Vamos –antes se les llamaba díscolos– que rompen la disciplina de sus bancadas. Además, todos ellos sienten el canto de sirena de la popularidad frente a una elección cada vez más cercana.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Los parlamentarios aprueban proyectos inconstitucionales. Ni el Gobierno ni sus bancadas recurren al Tribunal Constitucional para que ponga las cosas en su lugar. Ese Tribunal aparece sumido en una fuerte disputa interna. El Presidente convoca a expertos para que le aconsejen otros caminos de solución y la iniciativa es criticada por moros y cristianos. Tampoco ejerce con decisión su facultad de veto.

El problema tiene varias aristas.

Por una parte, la actual Constitución restringe en demasía la iniciativa de ley de los parlamentarios. Sólo el Presidente puede poner en discusión legislativa una serie tan amplia de asuntos, que diputados y senadores sienten que tienen las alas cortadas. El actual artículo 65 es a todas luces excesivo. Por ejemplo, ¿por qué los parlamentarios no pueden presentar mociones sobre negociación colectiva, sobre las competencias de los servicios públicos y sobre asuntos que incidan, aunque sea indirectamente, en la seguridad social? Es lógico que el Presidente que tiene a su cargo la Administración del Estado tenga la llave para cualquier legislación que implique gasto público. Pero la actual Constitución fue mucho mas allá. Pecó por exceso de celo.

La segunda dimensión del problema es estrictamente política. Este tipo de mociones parlamentarias son presentadas, frecuentemente, con el propósito de llamar la atención del Gobierno respecto de un tema importante al que no ha prestado atención o que no está dentro de su agenda, con el propósito de que, en diálogo con el ministro respectivo, se pueda alcanzar una solución de consenso, para lo cual el Ejecutivo tendría que brindar su respaldo a la iniciativa. Eso ocurre con frecuencia cuando se discuten las indicaciones a un proyecto de ley durante la discusión en particular: se aprueban ad-referéndum –de acuerdo con el Ejecutivo– a la espera que éste las patrocine una vez terminado ese trámite.

La tercera arista es también política. Consiste en poner ante la opinión pública la verdadera intención del adversario, mostrando en este caso que el Gobierno no quiere patrocinar algún proyecto que es popular. Ni los parlamentarios oficialistas, ni el Gobierno quieren aparecer haciendo abortar la iniciativa, por el costo en popularidad que ello podría significar. Por eso no recurren al Tribunal Constitucional, y el Presidente vacila sobre ejercer su facultad de veto. Así quedó demostrado en la Ley que regula la pesca de la jibia o en el debate sobre las 40 horas laborales por semana y ahora con la extensión del post natal mientras dure el estado de excepción y con esperar hasta el último minuto para no vetar el proyecto que regula la reelección de autoridades, pudiendo promulgarla hace 30 días.

¿Qué conclusiones podemos desprender de este tira y afloja?

En primer lugar, que los parlamentarios de oposición han descubierto un mecanismo para poner en jaque al Ejecutivo, y como éste se ha mostrado indeciso al momento de usar sus facultades constitucionales, han persistido en ese camino, alentados además por el respaldo que han obtenido de algunos parlamentarios de Chile Vamos –antes se les llamaba díscolos– que rompen la disciplina de sus bancadas. Además, todos ellos sienten el canto de sirena de la popularidad frente a una elección cada vez más cercana.

La segunda constatación es la impericia en el manejo legislativo del Gobierno, que, conocedor de la estratagema, debería tener una mayor presencia en la discusión legislativa y en algunos casos llegar a acuerdos con las propuestas planteadas dándoles su patrocinio y en otros recurrir prontamente al Tribunal Constitucional, evitando que el proyecto cuestionado siga avanzando en su tramitación. Postergar el problema es la peor actitud. La actitud de denunciar la inconstitucionalidad sin ejercer las acciones correspondientes para evitarla no hace sino agravar la situación. Si bien la discusión legislativa tiene un aspecto jurídico, no hay que olvidar que es ante todo un proceso político de cara a la ciudadanía.

El Ejecutivo debería demostrar su capacidad de manejar la agenda legislativa. Si no va al Tribunal Constitucional, pudiendo hacerlo, da la impresión o que no confía en su postura o que estima que esa instancia carece de la legitimidad para cumplir sus tareas. Esta inacción también provoca un problema de imagen, que en este caso se vuelve en su contra y de pasada afecta al propio Tribunal Constitucional, ya debilitado por sus querellas intestinas.

Esa falta de manejo erosiona también la coherencia de la alianza de gobierno y fomenta la indisciplina de sus parlamentarios. En el tira y afloja actual, tanto en términos constitucionales como políticos, el sartén por el mango lo tiene el Presidente. Para ordenar el cuadro lo fundamental es que el Gobierno persista en una política de acuerdos con un eje claro, que le sirva al país y al propio Parlamento. Cuando una de las partes es más poderosa, la política del tira y afloja favorece al contrincante más débil, que apela a la defensa de las prerrogativas del Congreso.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete