Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 15 febrero, 2021

José Antonio Viera-Gallo: El Chile invisible

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

El proceso de vacunación ha sido un buen ejercicio pedagógico de lo que debe ser, por ejemplo, la salud como un derecho de todos, sin discriminaciones odiosas.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Mi amiga María Antonieta Saa, exdiputada y luchadora feminista, solía decir, refiriéndose a las mujeres: en la Cámara los hombres nos miran y no nos ven, nos oyen y no nos escuchan: somos invisibles. Hoy las mujeres han irrumpido con nueva fuerza en los espacios públicos denunciando discriminación, violencia y exclusión. La paridad se ha convertido en un principio que llegó para quedarse.

El ex almirante Martínez Busch, siendo senador designado, argumentó que en Chile no existían indígenas, que todos éramos miembros de una misma raza mestiza cuyo símbolo era el “roto chileno”. Actualmente, para votar en la elección de representantes de los pueblos originarios a la Convención Constitucional, se han inscrito en el padrón especial cerca de 1.300.000 personas que se identifican como indígenas. Son casi el 10% de la población, tomando en cuenta quienes no se han registrado y a los menores de 18 años.

El Gobierno tuvo que corregir su primera afirmación en el sentido que los extranjeros indocumentados no serían vacunados. Muchos pensaron que eran tal vez pocos. Resulta que sólo los venezolanos rodean los 400.000. La mayoría de ellos no tienen su situación regularizada, entre otras causas, porque el gobierno de Maduro no entrega a tiempo los pasaportes y no los renueva fácilmente. El otro día quedé sorprendido cuando vi en la Urgencia del Hospital de Los Vilos letreros en criollo haitiano para que los emigrantes entiendan. Ello demuestra que son muchos en la zona, que uno ve en los balnearios y en los valles interiores. Una buena parte sin papeles.

Por la pandemia y sus efectos nos hemos enterado de que los trabajadores informales son más o menos un tercio de la mano de obra ocupada (3.600.000). Esas personas no tienen jubilación y con dificultad acceden a beneficios sociales. Una buena parte está formada por los jóvenes que, terminada la enseñanza media, no trabajan, no estudian ni hacen el servicio militar.

Las personas que viven con alguna discapacidad según un estudio del 2015 alcanzan al 16.7% de la población: 2.800.000. Esta realidad incide en el gasto familiar.

Los jubilados y pensionados alcanzan los 6.900.000 que reciben un promedio mensual de 288.308 pesos, habiendo una diferencia notoria entre hombres (353.206) y mujeres (217.380), inferiores al salario mínimo.

Son algunos ejemplos del Chile invisible que muchos no ven, y que se asoma hoy reclamando sus derechos. Son un botón de muestra de las personas que el Papa denomina “descartados” y que constantemente llama a atender y solidarizar.

Los estudios sobre estratificación, movilidad social y pobreza han diseñado nuevos instrumentos para medir estas realidades. Pero sus conclusiones no han permeado del todo en la cultura imperante.

No se puede vivir como si esos sectores no existieran, ni menos diseñar e implementar políticas públicas desconociendo esa realidad. Entre quienes toman decisiones, los parlamentarios tienen la ventaja que por su contacto cotidiano con los habitantes de sus distritos forzosamente entran en contacto con la otra cara de la sociedad. Lo mismo ocurre con los alcaldes, concejales y consejeros regionales. Distinta es la experiencia de los técnicos y de muchos ministros de Estado, que con frecuencia sólo han conocido estudios y el conteo de las estadísticas. Como han popularizado algunos diputados, se puede afirmar que “les falta calle”.

El cambio se acelera porque no se trata de mundos estancos y separados. La difusión de las tecnologías multiplica el conocimiento – si se quiere prestar atención a la realidad – y surgen inevitablemente las comparaciones. El joven campesino hindú de la película “Tigre blanco” (Netflix) llega a la triste conclusión que en la India para progresar en la escala social hay sólo dos caminos: la política o el delito. Entre nosotros, el auge del narcotráfico y su expansión en los barrios populares nos hablan de este dilema. La misma cruda realidad nos mostraron las películas ganadoras del Oscar “Roma” (mexicana) y “Los parásitos” (coreana)

Lo más novedoso del estallido social fue que esos sectores postergados y borrados del mapa de referencias se hicieron escuchar, rompieron la segregación urbana y sin que hubiera ni un planteamiento definido, ni un liderazgo claro, ni menos una opción partidista, marcharon bajo un concepto que ha marcado el país después del 18 de octubre del 2019: la dignidad. Esa palabra aparece en la actual Constitución como uno de los principios fundamentales de la institucionalidad, pero pese a todos los esfuerzos realizados y los innegables avances económicos y sociales durante los mentados 30 años, no se logró que se hiciera carne en la cultura nacional.

Hoy deberíamos decir: igual dignidad para todos. Detrás del reclamo por mayor igualdad no se esconde el anhelo de una sociedad uniforme, sino la crítica de las desigualdades injustificables y la valoración de las diferencias legítimas propias de un mundo diverso y plural, pero preocupado de la suerte de todos. Por eso para la nueva Constitución se postula la garantía efectiva de derechos sociales y económicos esenciales para la convivencia social, ese tanto civilizatorio compartido que una economía bien organizada pueda permitir diría Bobbio.

El proceso de vacunación ha sido un buen ejercicio pedagógico de lo que debe ser, por ejemplo, la salud como un derecho de todos, sin discriminaciones odiosas. Quienes hicimos la fila y esperamos el turno vimos cómo el sistema de salud respondió eficazmente. La conclusión es que, si se quiere, se puede. En cambio, el resultado esperado de la prueba para acceder a la educación superior vuelve a mostrar un rasgo inaceptablemente clasista: el rendimiento no depende tanto del mérito de cada estudiante sino del colegio al cual asistieron. Se trata de una brecha injusta que es necesario remediar. Existe un proceso de reforma en marcha que viene del Gobierno anterior, ampliamente aprobado en el Parlamento, destinado a emparejar la cancha. Pero todo indica que hay que acelerar el tranco. La pandemia también sacó a luz que muchos hogares no están conectados a internet, lo que les impide que sus hijos sigan la educación a distancia.

El sentido más profundo del proceso constituyente es -como muchos han afirmado – lograr un nuevo acuerdo social inclusivo que sirva de sustento e inspire a una democracia renovada.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior hazte miembro, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podamos ampliar nuestra labor.

HAZTE MIEMBRO