El equipo encabezado por el Presidente Boric llega a la Moneda en una coyuntura compleja: a los efectos del estallido social y la pandemia, se suman la sequía prolongada, el cambio climático y los efectos negativos de la guerra de Ucrania en la economía nacional y mundial, en especial el impacto inflacionario por el aumento del precio de algunas materias primas como el  petróleo y los alimentos y las dificultades para las cadenas de suministros en la cual está inserta una economía abierta como la chilena. 

Además, la agenda inmediata del Gobierno poco tiene que ver con los propósitos de transformaciones sociales profundas y duraderas, al estar marcada por la demanda social por seguridad pública, provocada por el aumento de la delincuencia y el crimen organizado, como por el impacto del flujo migratorio ilegal y la violencia en la Araucanía.

En política se entrecruzan la voluntad de quienes llegan al poder con las exigencias de la realidad y los fenómenos imprevistos. Por eso, se suele afirmar que se asemeja a un arte, es decir, a un saber hacer más que a un enunciado teórico. Más que mirarse en el espejo de los propios ideales, es preciso encontrar el ángulo desde el cual reconocer la realidad, el que se encuentra en los bordes, en el bisel del cristal que limita el reflejo de nuestra propia imagen.

En tal contexto el Presidente Boric ha hecho bien en recordar que los cambios planteados en el programa de gobierno deben ser graduales y con amplio respaldo social y político, si se quiere que sean duraderos y formen parte de un proceso que trascienda el período gubernamental: “debemos ir despacio si queremos llegar lejos”, dijo. Es la postura contraria al populismo y la demagogia, que se contentan con discursos encendidos que dividen a la sociedad, sin medir sus efectos en el tiempo.

En consonancia con esa visión el Ministro Marcel ha afirmado que su tarea no consiste en impedir las transformaciones, sino en hacerlas posible y duraderas, es decir, en realizarlas bien. Adelantó que el primer debate estará centrado en la reforma tributaria en dos etapas: en la primera se discutirá terminar con la elusión y reducir las exenciones tributarias y en incrementar el global complementario de las grandes fortunas; en la segunda se buscará desacoplar la tributación de las utilidades de las empresas del ingreso de sus controladores. 

También Marcel señaló que para fines de abril se entregará un esquema de la trayectoria de la política fiscal para los cuatro años del Gobierno. Se trata de dar certezas a los actores económicos y a los ciudadanos para que la economía recupere un nuevo impulso de crecimiento que permita cimentar un mayor bienestar para todos.

Por su parte R. French Davis nos recuerda que desde hace 20 años la economía chilena ha venido disminuyendo su ritmo de crecimiento desde un 7,1% en la década del 90 al 1% o 2% actual. A su juicio, se requieren cambios de fondo para impulsar la inversión y el desarrollo, agregando valor a nuestras exportaciones y fomentando el empleo de calidad. Un sector promisorio es el de los servicios, donde las empresas startups están teniendo un papel relevante. No cree oportuno avanzar ahora hacia una reducción de la jornada laboral.

Un gran desafío será cómo controlar la inflación. Es muy importante que la autoridad insista en la necesidad de la austeridad y del trabajo eficiente, sobre todo luego del espejismo de un consumo artificial provocado por el retiro de los fondos de pensiones. Sólo así tendrá sentido la promesa de un salario mínimo de 500.000 pesos a fines de la actual administración. La inflación carcome el poder adquisitivo de quienes viven de su trabajo. La presidenta del Banco Central Rosana Costa ha reconocido que espera coordinarse con el equipo económico del nuevo gobierno manteniendo una comunicación fluida, para frenar la inflación.

Por eso -como ha reiterado Marcel- las reformas deben ser viables y sustentables en el tiempo; si la economía falla o escasean los recursos, los anhelos de cambio se pueden esfumar. 

Este espíritu de responsabilidad debiera irse abriendo camino en la Convención Constitucional. Boric ha auspiciado una Constitución que una a los chilenos, para lo cual resulta indispensable alcanzar acuerdos amplios y sustantivos, dejando de lado veleidades ideológicas o reivindicaciones sectoriales. En abril sabremos lo que el pleno de la CC ha aprobado, debatiendo norma por norma. Ese material debería ser analizado por una instancia como la Comisión de Armonización para precisar los conceptos, pulir la redacción de los artículos y darle coherencia al texto, con la contribución de las personas expertas en Derecho Público. Por lo demás, siempre ha sido así en los procesos constituyentes exitosos. Para lograrlo es indispensable que la CC no se tranque al votar una materia esencial que no puede estar ausente de la propuesta constitucional, como el sistema político.

También resulta esencial que la CC concuerde un calendario razonable de entrada en vigor de la Constitución, sobre todo de la parte orgánica en lo relativo a la vigencia de los mandatos de las autoridades electas o designadas conforme a la Constitución actual.

Por último, no se puede dejar de considerar que mientras más amplio sea el consenso en el proyecto de nueva Constitución, más fácil será el debate parlamentario de las leyes que harán posible su implementación. Recordemos que las asambleas provinciales establecidas en el artículo 94 de la Constitución de 1925 nunca funcionaron porque no se dictó la ley respectiva. Sólo en el gobierno de Patricio Aylwin se crearon los gobiernos regionales tal como los conocemos hoy. 

La CC. debe ir despejando la incertidumbre que surge de sus debates, muchas veces amplificada por quienes se inclinan por el rechazo en el plebiscito  buscando otro camino alternativo para el cambio constitucional, sin reparar en los efectos políticos que podría traer consigo esa opción. Esa preocupación, sin embargo, se advierte en algunos de los suscriptores del manifiesto de los llamados amarillos.

El Presidente Boric ha demostrado tener la capacidad política suficiente para haber llegado a la Moneda en poco tiempo, lo que hace posible que conduzca exitosamente su gobierno. La derecha, por su parte, hoy en la oposición, haría bien en abandonar su tono quejumbroso y en algunos casos su discurso apocalíptico, y ser capaz de ubicarse en el nuevo escenario social y político con un planteamiento de futuro. Por su parte, el progresismo debe renovarse siguiendo las coordenadas del nuevo proyecto político en curso. 

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