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Publicado el 16 de septiembre, 2019

José Antonio Viera-Gallo: Crisis venezolana: Chile en la disyuntiva

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

El gobierno de Chile ha tomado una mala decisión apelando al TIAR. Es de esperar que en los siguientes pasos reafirme, sin matices, que es favorable a una salida pacífica de la crisis venezolana.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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El Gobierno de Jorge Alessandri, formado por conservadores y liberales, reconoció a la Revolución Cubana poco tiempo después de la caída del dictador Fulgencio Batista, siendo canciller Germán Vergara Donoso. Luego, en la reunión de la OEA en Punta del Este en 1962, junto a otros países, se opuso a la expulsión de Cuba del organismo y en 1964, en otra reunión de la OEA, se abstuvo en la votación que terminó por exigir la ruptura de relaciones diplomáticas con la isla. Alessandri fue un  tenaz defensor del principio de no intervención.

El voto del actual gobierno en la OEA a favor de convocar el órgano consultivo del TIAR se coloca en la vereda opuesta. Secundando al gobierno de EE.UU., Chile dio su consentimiento para invocar un tratado de 1947 cuyo objetivo es defender solidariamente a los países de América frente a una agresión militar externa. Según el artículo 3.1, en caso de (…) un ataque armado por cualquier Estado contra un País Americano, será considerado como un ataque contra todos los Países Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas”. El TIAR tiene un marcado sesgo castrense. Si bien se ha recurrido a él  más de 20 veces, nunca se ha aplicado. La única vez en que hubo una guerra extra continental, me refiero al caso de las Islas Malvinas, no operó porque EE.UU. prefirió su compromiso OTAN arguyendo que el país que había iniciado las hostilidades era precisamente Argentina.

Por estas razones varios países han declarado que el TIAR está obsoleto y se han retirado México, Venezuela, Perú, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Ecuador. La oposición venezolana aprobó un voto en la Asamblea Nacional de reingreso de Venezuela al TIAR. Ante la grave crisis que vive ese país, hay sectores contrarios a Maduro que desde hace meses apoyan una intervención militar extranjera para derrocarlo, en sintonía con los halcones del gobierno Trump, que señalan que “todas las opciones están sobre la mesa”.

¿Dónde está la “democracia ejemplar” que EE.UU. pretendía para todo el Medio Oriente?

La invocación del TIAR va en esa dirección. Es verdad que el grupo de consulta formado por los cancilleres que se reunirán probablemente en septiembre durante la Asamblea General de la ONU puede adoptar otras sanciones no militares contra Maduro, pero todas ellas están pensadas como una respuesta a una “agresión militar”, como “la interrupción parcial o total de las relaciones económicas, o de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas o radiotelegráficas, y el empleo de la fuerza armada», y pueden desembocar en un conflicto bélico. Así podría ocurrir, por ejemplo, si se acordara un bloqueo marítimo y aéreo. De poco sirve que nuestra Cancillería, junto con apoyar ir al TIAR, haya declarado que es contraria al uso de la fuerza. Como no hay un conflicto internacional, los países que recurren al TIAR invocan su artículo 6°, que se refiere a “Si la inviolabilidad o la integridad del territorio o la soberanía o la independencia política de cualquier Estado Americano fueren afectadas por una agresión que no sea ataque armado, o por un conflicto extra continental o intracontinental, o por cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América”, dándole una interpretación sesgada.

La oposición venezolana debe seguir bregando y si lo hace sin apelar a tropas extranjeras, contará con una amplia solidaridad internacional.

La historia enseña que el camino para terminar con las dictaduras no es el de las sanciones y el aislamiento, donde el directamente afectado es el pueblo. No hay ninguna transición a la  democracia en las últimas décadas que haya seguido ese derrotero. Lo que vale es la presión popular y la decisión política interna, la denuncia de las violaciones a los derechos humanos y la solidaridad internacional. No la amenaza de la intervención de fuerzas extranjeras. Esto nunca ha resultado. Las invasiones norteamericanas en la zona del Caribe han sido siempre cruentas y contraproducentes.

Además, suponiendo que una invasión foránea fuera exitosa y se instalara un nuevo gobierno, ¿cuál sería su legitimidad? Ante la primera dificultad sería tildado de “gobierno títere”. No contaría tampoco con respaldo internacional suficiente. Pesarían en su contra las muertes que traería consigo la guerra. ¿No basta la situación de Irak para ilustrar esta hipótesis? ¿Dónde está la “democracia ejemplar” que EE.UU. pretendía para todo el Medio Oriente?

El principio de no intervención tiene a su favor razones jurídicas y de hecho. Lo que no significa resignarse a la existencia de las dictaduras oprobiosas como las de Maduro. La oposición venezolana debe seguir bregando y si lo hace sin apelar a tropas extranjeras, contará con una amplia solidaridad internacional. Si se inclina por la solución bélica, se aislará y aumentarán las divisiones en su interior. No puede cargar sobre sus hombros la responsabilidad histórica de justificar un conflicto bélico. Ya la situación en la frontera entre Venezuela y Colombia es suficientemente conflictiva.

El gobierno de Chile ha tomado una mala decisión apelando al TIAR. Es de esperar que en los siguientes pasos reafirme, sin matices, que es favorable a una salida pacífica de la crisis venezolana.

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