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Publicado el 05 de agosto, 2019

José Antonio Viera-Gallo: Argentina en la mira

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

Las próximas elecciones presidenciales en Argentina pueden ser  decisivas. Algunos analistas las consideran emblemáticas para América Latina. Por la importancia del país, atraen la atención más que las que tendrán lugar en Bolivia y Uruguay.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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​​El 11 de agosto tendrán lugar las primarias obligatorias y simultáneas (las PASO), en que medirán sus fuerzas todos los candidatos, aunque no tengan un contrincante en su propio sector. Se trata de una especie de ensayo general, que podría ser indicativo del resultado final si participa un porcentaje superior al 70% del electorado, que es lo más probable. En Argentina el voto es obligatorio y la abstención suele ser baja.

La elección se ha polarizado: Mauricio Macri y su candidato a vicepresidente, el senador peronista por la provincia de Río Negro, Miguel Ángel Pichetto, de un lado, y al frente la dupla peronista de Alberto Fernández y Cristina Fernández (CFK), opacando las otras candidaturas. Entre ellas, sin embargo, destaca la del ex ministro Roberto Lavagna y el gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey, ambos peronistas confrontados con el kirchnerismo. Las PASO indicarán la magnitud de la polarización y si existe alguna posibilidad que alguna de las dos principales opciones pueda ganar en primera vuelta.

El peronismo como movimiento entró en contradicción con el kirchnerismo, que se puede entender como una versión populista más radical que se desarrolló en sintonía con el socialismo del Siglo XXI y el PT de Brasil.

A primera vista llama la atención la presencia ubicua de candidatos peronistas. Esto confirma que el peronismo no es un partido político, sino un movimiento, un espacio, marcado por una cultura y una experiencia que se han trasmitido de generación en generación por casi 70 años. Es un movimiento pragmático, poco doctrinario, basado en ciertas afirmaciones generales -el Justicialismo de Perón- como la valoración del pueblo, la importancia de los sindicatos, la industrialización nacional y una clara definición contra lo que llaman la oligarquía, principalmente agraria y financiera, y el imperialismo. Su fuerza social está en los poderosos sindicatos, los habitantes de las periferias urbanas (los descamisados de Evita) y el mundo intelectual y de la cultura, generalmente apoyado por los gobiernos peronistas aunque hayan sido de distinta orientación ideológica. El peronismo es fuerte en la Provincia de Buenos Aires (no en la capital) y en varias otras: la mayoría de sus gobernadores son peronistas.

El peronismo como movimiento entró en contradicción con el kirchnerismo, que se puede entender como una versión populista más radical que se desarrolló en sintonía con el socialismo del Siglo XXI y el PT de Brasil. Porque, en definitiva, el peronismo es más de centro, o dicho de otra manera, es una expansión del centro político arrinconando a la derecha y la izquierda tradicionales. Sólo se le ha contrapuesto como alternativa el radicalismo. Tanto, que Macri organizó un nuevo partido (PRO) ocupando el espacio de centroderecha que antes solía actuar a través de los militares. En las filas peronistas cabe un amplio espectro político. Cada uno de sus gobiernos ha tenido un perfil diferente.

Durante los períodos de clandestinidad y cuando ha estado en el poder, su estructura ha sido férreamente vertical a partir de quien tiene a su cargo la conducción hasta el puesto de trabajo (a través del dirigente sindical) o el barrio (mediante el dirigente local llamado “puntero”). Cuando está en la oposición, esta verticalidad se dispersa porque adquieren mayor peso los gobernadores en cada una de sus provincias, teniendo en cuenta que es un país federal. Cada gobernador cuida sobre todo de su propia permanencia en el poder y de organizar su sucesión.

No es de extrañar, entonces, que el peronismo concurra dividido a las elecciones. Si hubiera logrado unirse, su triunfo habría sido seguro. Pero esta vez las contraposiciones en su interior eran demasiado profundas y el liderazgo de Cristina Fernández era más un factor de división que de agrupamiento, por lo cual ella decidió ceder la candidatura presidencial a Alberto Fernández, que había sido ministro de Néstor Kirchner y luego fuerte crítico de CFK.

Todas las encuestas indican que predominará el voto negativo. La gente se inclinará por Macri o por Alberto Fernández más que por adhesión a su planteamiento, para impedir que la otra opción triunfe. Unos no quieren que siga Macri dada la magnitud de la crisis económica y otros se oponen a que vuelva el kirchnerismo, al que culpan de originar el descalabro económico. La economía –y particularmente el precio del dólar- será un factor decisivo para inclinar el voto del amplio sector indeciso o del llamado voto fluctuante, sobre todo de las clases medias urbanas. Últimamente la economía muestra signos de recuperación por la buena cosecha agrícola y el dólar se ha mantenido controlado. Pero nadie sabe lo que pueda pasar de aquí a octubre.

Todos los analistas coinciden que la elección se dirimirá por pocos votos. Es decir, la Argentina post electoral seguirá polarizada.

La campaña de Macri y Pichetto aparece bien organizada. Cuenta con el asesor ecuatoriano que lo llevó al poder, Jaime Duran Barba, quien se ha vuelto famoso por sus dichos polémicos, y utiliza todos los métodos científicos para llegar a través de las redes sociales a los diversos sectores del electorado. Al frente, la campaña Fernández-Fernández se muestra más improvisada y deja ver las contradicciones que hay todavía entre el kirchnerismo más puro del grupo La Cámpora liderado por el hijo de CFK y el peronismo más tradicional, por ejemplo en la Provincia de Buenos Aires: por una parte los alcaldes peronistas y por otra el candidato a Gobernador el economista Axel Kicillof que enfrenta a la actual gobernadora y estrella del PRO María Eugenia Vidal.

Todos los analistas coinciden que la elección se dirimirá por pocos votos. Es decir, la Argentina post electoral seguirá polarizada. Si se reelige Macri, habrá una gran diferencia con su primer mandato: en el manejo del gobierno tendrán mayor peso el Partido Radical y el sector peronista que ha respaldado a Pichetto, lo que le dará un cariz político diferente, sobre todo porque deberá intensificar los acuerdos con los gobernadores peronistas no kirchneristas, lo que en su actual gobierno hizo en forma constante pero sin consolidar un verdadero eje político. El PRO perderá su hegemonía. Este cambio se acentuaría si hubiera  segunda vuelta, en la cual el apoyo de Lavagna-Urtubey podría ser decisivo.

A su vez, si vence el peronismo, lo más seguro es que no se reedite una nueva etapa kirchnerista. Alberto Fernández tendrá que definir un camino nuevo para el peronismo, como en su momento lo hicieron Menem y Néstor Kirchner. Los contornos de ese proyecto no son claros. Pero es probable que se vaya abriendo paso una expresión más republicana y moderna del peronismo. Mucho dependerá de la posición que adopte frente al FMI y ante el acuerdo del Mercosur con la UE.

Lo que sí es seguro es que el futuro gobierno tendrá que hacer frente a la crisis económica en curso: recesión, alta inflación, significativos niveles de pobreza, poca inversión, escasa confianza en el peso, caída del consumo y del empleo, déficit fiscal y pago de una deuda externa abultada. No son temas fáciles de abordar. Más todavía en una sociedad inquieta acostumbrada a vivir por sobre sus posibilidades.  

Desde una perspectiva chilena sólo cabe admirar la vitalidad de la democracia argentina, la conciencia política de sus ciudadanos y auspiciar que cualquiera que sea el resultado, la política de convergencia estratégica continúe en todos los campos. Mientras mayor éxito tenga Argentina, mejor para Chile.

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