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Publicado el 10 de diciembre, 2018

José Antonio Viera-Gallo: AMLO, una novedad en el horizonte

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo
Los principales desafíos de AMLO son la probidad, la seguridad pública y las migraciones. Y por cierto sus relaciones con los EE.UU.
José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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México es el país más grande habla hispana. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es un fenómeno nuevo e interesante. Va contra corriente: su triunfo contrasta con el auge  de los gobiernos de derecha en la región. Algunos comentaristas hacen el contrapunto con la victoria de Bolsonaro en Brasil, el otro gigante regional.

 

Después de varios intentos fallidos, de abandonar el PRI y el PRD que contribuyó a crear, pasando por el gobierno de la Ciudad de México (donde cabe todo Chile), alcanzó un resultado aplastante en las elecciones que le permite a su nuevo partido MORENA controlar las dos ramas del Congreso. Su nombre evoca a la Virgen de Guadalupe, ícono de lo mexicano. Su coalición es más amplia: comprende a partidos menores de izquierda y a grupos evangélicos conservadores.

 

Constatamos que el desafío de México no está en la legislación –cuentan con normas modernas y suficientes instituciones– sino en su aplicación y en el  funcionamiento del aparato público de un Estado Federal, en el comportamiento del sector empresarial y, en general, de los ciudadanos.

 

Estuve en México hace poco formando parte de una delegación chilena para tomar contacto con el equipo de AMLO que se ocupará de la transparencia y luchará contra la corrupción, y por dos días intercambiamos experiencias. Todo ello promovido por nuestra Embajada. Fue interesante percatarse del entusiasmo con que nuestros interlocutores se preparaban a gobernar, en su mayoría jóvenes profesionales bien preparados. Constatamos que el desafío de México no está en la legislación –cuentan con normas modernas y suficientes instituciones– sino en su aplicación y en el  funcionamiento del aparato público de un Estado Federal, en el comportamiento del sector empresarial y, en general, de los ciudadanos. El equipo estaba decidido a propiciar un cambio de mentalidad.

 

Así se entiende el énfasis que AMLO pone en sus discursos y apariciones públicas en dar el ejemplo de rectitud y moderación en los gastos. Trata de despojar al poder de sus prebendas y de sus oropeles, en lo que recuerda a Mujica. Lo que no es fácil en un país habituado a lo que Enrique Krauze ha llamado “la presidencia imperial”, que hunde sus raíces en la historia mexicana.

 

Según AMLO, ahora se inicia un cambio profundo de régimen político, que él llama la cuarta reforma, luego de la independencia, la reforma propiamente tal del siglo XIX y la revolución. Su ímpetu reformista apunta a devolverle mayor protagonismo al pueblo. Por eso insiste en la participación y ha hecho varias consultas sobre medidas del gobierno: el nuevo aeropuerto y el tren maya de Yucatán. Ya lo había hecho como Gobernador del DF consultando: regulación de las marchas, cambio del horario de verano, subida del boleto del metro, construcción del segundo piso de la autopista del periférico, revocación del mandato.

 

Hacen bien las autoridades chilenas en cultivar las buenas relaciones con México, país clave en la Alianza del Pacífico y en la APEC.

 

Los principales desafíos de AMLO son la probidad, la seguridad pública y las migraciones. Y por cierto sus relaciones con los EE.UU. Apoyó la renegociación del tratado de libre comercio con EE.UU. y Canadá realizada por Peña Nieto, que ahora debe ser aprobada por el Congreso mexicano, y ha planteado la necesidad de un plan especial de inversiones de esos tres países a favor de Guatemala, Honduras y El Salvador, de donde provienen la mayoría de los migrantes. Las caravanas que se asientan en Tijuana a la espera de pasar a los EE.UU. han despertado incluso cierta hostilidad de parte de la población mexicana. Por eso AMLO está dispuesto a que México juegue un papel más activo para lograr una disminución del flujo migratorio.

 

Hacen bien las autoridades chilenas en cultivar las buenas relaciones con México, país clave en la Alianza del Pacífico y en la APEC. Larga ha sido la amistad entre Chile y México en todos los campos. Baste recordar a Gabriela Mistral y Vasconcelos o al escritor puente Roberto Bolaño. La figura de Salvador Allende es muy estimada y el recuerdo que tienen del exilio chileno es  positivo.

 

Sólo queda esperar que AMLO pueda realizar al menos una parte significativa de su programa de reformas. Al asumir el mando –siguiendo una antigua tradición– rechazó la reelección y señaló que a los dos años sometería su mandato de 6 a la consideración del pueblo para poder continuar. Lo importante –dijo– es que esos cambios orienten el futuro del país, aunque otros gobiernen.

 

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