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Publicado el 26 octubre, 2020

José Antonio Viera-Gallo: ¡Aló, aló…!

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

La ciudadanía está llamando. Quiere entablar una conversación y transmitir un recado. ¿Alguien levantará el auricular para responder? ¿Escucharán esta vez? ¿O dejarán sonar el celular?

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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El contundente apoyo al inicio de un proceso constituyente a través de una convención plenamente electa habla con claridad. Ayer la gente concurrió masivamente a votar. Entre ellos, muchos jóvenes, que lo hicieron por primera vez. No faltaron quienes se emocionaron al ver que no estaban solos en sus esperanzas. Pese a la pandemia, los votantes quisieron manifestar su voluntad. Se tomaron en serio lo que afirma la teoría política democrática: ustedes son el pueblo soberano y su parecer debe incidir en la conducción del país.

El hecho que la orientación del sufragio haya sido diferente según el sector social y que en las comunas más ricas el Rechazo haya ganado o al menos se haya equiparado con el Apruebo, puede llevar a concluir que las personas más influyentes que votan en esos lugares tengan una posición más fría, distante o escéptica sobre los resultados. No hay que apresurar juicios. Esperemos las reacciones.

A ellos les podrá costar responder el llamado. Tendrán que vencer prejuicios y disponerse a escuchar, siendo que están más acostumbrados a impartir órdenes. De su disposición a restablecer una comunicación con la ciudadanía depende, en gran medida, el curso de los acontecimientos.

No podemos, sin embargo, pasar por alto que una parte de esa elite optó por el Apruebo y que significativos líderes políticos de ese sector y dirigentes empresariales han mostrado disposición al diálogo. Incluso por parte de significativos miembros del gabinete.

El otro signo relevante es la confianza que los ciudadanos demostraron tener –y con razón– en el sistema electoral. Es el principal elemento de legitimidad de nuestro sistema político en este momento, y no es poco. En otros países –pienso en EE.UU.– el propio Trump se ha encargado de sembrar la duda sobre los resultados electorales. Eso no sucede en Chile. El sistema funciona y es correcto.

El voto masivo significa, además, una afirmación que los cambios se quieren llevar adelante respetando la ley. No por la violencia. El plebiscito es la antítesis del vandalismo y de la represión. Vivimos ayer una jornada pacífica protagonizada por millones de personas en ciudades y campos. Este punto es de gran importancia. De padres a hijos se ha trasmitido una fuerte tradición electoral. Lagos fue aplaudido no sólo por sus méritos personales, sino también por ser el símbolo del fin de la dictadura gracias a otro plebiscito que se ganó limpiamente.

Los chilenos quieren iniciar una nueva etapa política, que tiene su eje principal en el proceso constituyente, pero que comprende también diversas e impostergables reformas legales en campos como las pensiones, la salud, la educación y, en general, las políticas públicas, con miras a ir construyendo una vida mejor para todos. Para no hablar del cuidado del medio ambiente, el rediseño de las ciudades y la defensa de los derechos de las personas.

No se esperan resultados inmediatos, como lo afirmaron más de una persona entrevistada en el día de ayer, sino un camino de cambio que apunte en la dirección de una sociedad más solidaria y menos desigual. Chile debe reencontrar el rumbo. Todos saben que no será fácil ver logros a corto plazo, dada la pandemia y sus consecuencias económicas y sociales, pero lo importante es sentir que se responde al llamado y se entabla una conversación nueva, sabiendo que nadie se salvará solo.

Algunos de esos cambios podrían concretarse desde ya. Otros se lograrán con una nueva Constitución y con otro gobierno. Lo importante es el rumbo que se adopte. La gente está esperando señales de que las autoridades han levantado el auricular y están dispuestas a escuchar y a empezar a caminar juntos. La principal responsabilidad la tiene el Gobierno. Pero también los parlamentarios, los partidos políticos, los líderes de opinión y, en general, todos los que tienen mayor poder en la sociedad.

La alocución presidencial de anoche, acompañado de un gabinete que estuvo dividido, fue más bien un discurso oficial. Que puede ser respondido desde la oposición por otros mensajes igualmente obvios. El país, en cambio, espera una inflexión, un giro.

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