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Publicado el 29 marzo, 2021

José Antonio Viera-Gallo: Al mal tiempo, buena cara

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo

Si somos capaces de seguir por la vía de la colaboración podemos sortear los peligros actuales y llegar a aguas más calmas en nuestro navegar. Ello supone un cambio de disposición, de actitud.

José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Pareciera que seguimos en un barco a merced de la tempestad. El oleaje socava el equilibrio y los vientos enloquecen a la brújula. No sabemos cuanto durará, ni la capacidad de resistencia y mutación del virus que desafía nuestras vidas. Sin embargo –como dice el pensador israelí Yuval Noah Harari en una reciente columna– hoy tenemos nuevos instrumentos científicos y tecnológicos para enfrentar la pandemia: los avances de la biología permiten conocer la secuencia del ADN del virus y elaborar con velocidad impresionante la correspondiente vacuna, y las telecomunicaciones facilitan la continuidad en el funcionamiento de la sociedad a través de las comunicaciones, la robótica y el teletrabajo.

Lo que ha fallado a todas luces en prácticamente todos los países es la decisión política y, en especial, la necesaria cooperación internacional para hacer frente a la peste. Así hemos visto las disputas en la OMS, la inequidad en la distribución de las vacunas y la falta de coordinación en las medidas sanitarias adoptadas. Vivimos en un ambiente de reproches, descalificaciones, denostaciones que a nada conducen. Puede ser una reacción natural frente a la impotencia.

Para reflexionar sobre este desajuste, los invito a leer el capítulo XXV de El Príncipe de Maquiavelo: en cinco páginas aborda el conflicto entre el azar, la suerte o la fortuna -como se quiera llamar a todo lo que escapa a nuestro control– y la libertad de las personas y su capacidad para definir el futuro, todo ello desde una perspectiva política, no individual, relativa al destino de la colectividad.

El refrán popular dice: “el hombre propone y Dios dispone”. La visión religiosa atribuye el acaso a la Providencia divina y acto seguido con el salmista afirma: los caminos de Dios son inescrutables. San Pablo sostiene que Dios desconcierta a los sabios. ¿No están ante nosotros los acontecimientos imprevistos que trastocaron completamente nuestra seguridad y nuestros planes? No me refiero sólo a las catástrofes naturales que en Chile se suceden con cierta regularidad, sino a las crisis sociales y políticas sorpresivas: el derrumbe de la URSS, la crisis sub prime, los atentados a las Torres Gemelas, el calentamiento global y ahora la pandemia. Luego de sucedidos los acontecimientos, abundan las explicaciones.

Algunos parecieran negar la crisis y poner entre paréntesis el movimiento social del 2019 y la pandemia, como si todo pudiera volver a ser como antes.

Beck ha escrito sobre la sociedad del riesgo como una característica de la modernidad. La producción social de la riqueza va acompañada por un incremento social del riesgo. Ello se ve agravado por lo vertiginoso y simultáneo de los cambios en la era global y el debilitamiento para calcular las amenazas y peligros. Pero sobre todo por la fragmentación social y la dificultad para que los distintos grupos sociales enfrenten causas colectivas, más allá de sus intereses, sus identidades y sus esquemas ideológicos. Todos parecen correr tras el espejismo del consumo, del éxito fácil, del reconocimiento sin reparar en las trampas de la contingencia, sobre todo cuando la polarización de las elites trae consigo una simplificación de los puntos de vista. Se les escapa, entre otros, el hecho que actores transnacionales se introducen en las decisiones del poder, en las orientaciones de los medios de comunicación y en las redes sociales, lo que resulta evidente en materia económica.

La pandemia –no lo olvidemos– nació en una ciudad de China desconocida para muchos y en poco tiempo cubrió el planeta. Las pestes anteriores tardaban más en difundirse. Ello demuestra –como afirma A. Giddens– que vivimos en una etapa en que nuestras vidas están condicionadas por relaciones sociales foráneas: en este caso el comercio de animales salvajes en una feria Wuhan.

¿Qué debe hacer el político frente a estos cataclismos, según Maquiavelo? En primer lugar, estar consciente que nada es para siempre, que la historia no es lineal, que todo tiene un ciclo vital, y en consecuencia prepararse en los momentos de mayor estabilidad para la próxima crisis. Usando la metáfora de la crecida de un río cuyas aguas pueden arrasar con todo lo que encuentren a su paso, Maquiavelo sostiene que con anterioridad se deben construir diques, espigones y canales para morigerar los efectos negativos del aluvión. Es una buena comparación. Frente a la pandemia actual, por ejemplo, no hubo una actitud previsora que hubiera implicado un mayor reforzamiento de los servicios de salud y un apoyo efectivo al esfuerzo de los científicos por explorar las amenazas de los coronavirus y un instrumento internacional para prevenir el daño y reaccionar a tiempo. Así lo ha denunciado Bill Gates.

Otros se empeñan en subrayar el estallido social y no toman en consideración la emergencia sanitaria cautivados por la utopía de la insurgencia.

Luego, Maquiavelo aconseja al político flexibilidad para adaptarse a los cambios y así poder acompasar su conducta a los nuevos desafíos. No se trata de optar entre ser cauteloso o impulsivo, sino de ser precavido y atento a lo que se perfila en el horizonte. Para lo cual son útiles los consejos de los científicos –en muchos países existe un organismo público encargado de estudiar el futuro, las oportunidades y los peligros-, pero también tiene una importancia decisiva la capacidad de intuición del político, que le permite adelantar escenarios y evaluar cursos de acción. No es fácil -advierte Maquiavelo– cambiar de actitud, sobre todo si se ha alcanzado éxito con la que es preciso dejar de lado.

Algunos parecieran negar la crisis y poner entre paréntesis el movimiento social del 2019 y la pandemia, como si todo pudiera volver a ser como antes; otros se empeñan en subrayar el estallido social y no toman en consideración la emergencia sanitaria cautivados por la utopía de la insurgencia. Hay que hacer un esfuerzo por mirar toda la realidad sin anteojeras. Chile enfrenta hoy y mañana desafíos insospechados para recuperar los avances perdidos, reparar los daños y dar respuesta a las aspiraciones populares.

Lo peor es el inmovilismo fruto del empecinamiento, del desconcierto o del refugio ideológico. A veces la excesiva cautela puede ser percibida como indecisión y confusión de ideas. Es mejor actuar audazmente y tomar decisiones oportunas. Siempre habrá tiempo para cambiarlas si se demuestran equivocadas, y reconocer el error. Si bien por lo general la política se mide por sus resultados, la gente aprecia el esfuerzo por enfrentar el peligro, salvo que prescinda del consejo de quienes por sus conocimientos y competencias están en mejores condiciones para indicar el camino. Mientras más compartida sea la decisión, mayor resguardo tendrá el gobernante.

Si somos capaces de seguir por la vía de la colaboración podemos sortear los peligros actuales.

En estos períodos de crisis cobra mayor valor el consenso científico, social y político. Por ejemplo, ha sido desafortunada la actitud del Gobierno de no esforzarse por encontrar una sintonía mayor con los principales integrantes de la mesa encargada de abordar la pandemia; en cuanto a las ayudas económicas, fue positivo el acuerdo transversal de los economistas convocados por el Colegio Médico que ayudó a definir un monto para ir en ayuda de las personas y las empresas, pero no se siguió ese camino al momento de establecer los mecanismos para efectuar el gasto, generando entonces un ambiente favorable a propuestas populistas.

Punto aparte merece el exitoso proceso de vacunación, donde el Gobierno obtuvo la colaboración de científicos y universidades y de los municipios a través de los servicios locales de salud. Es la mejor muestra de lo que se puede lograr cuando todos se unen tras un propósito común. Ello ha levantado la imagen del país.

En lo referente a alterar el calendario electoral, la convocatoria de varias comisiones de la Cámara de Diputados para discutir el tema junto a los Ministros involucrados en una sesión conjunta mañana martes puede ser una instancia adecuada para resolver este tema en forma adecuada. Cabe resaltar igualmente la actitud abierta de varios candidatos a la presidencia de la república.

Si somos capaces de seguir por la vía de la colaboración podemos sortear los peligros actuales y llegar a aguas más calmas en nuestro navegar. Ello supone un cambio de disposición, de actitud.

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