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Publicado el 05 de noviembre, 2018

José Alberto Bravo: Plan Araucanía: una nueva mirada

El éxito del Plan Araucanía no se juega tanto en lo abundantes o escasos que sean los recursos económicos que se apliquen, sino en la capacidad de todos los chilenos —mapuche y huinca— de investigar juntos nuestra historia, reconocernos, valorarnos, respetarnos …. querernos mutuamente.

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Las autoridades de gobierno han presentado el denominado “Plan de Paz para la Araucanía”. Han surgido no pocas voces señalando que él no contempla el mayor de los programas de obras públicas que hayamos conocido para la zona, ni el mejor proyecto regional de promoción de cultivos no tradicionales, ni la reforma electoral o constitucional más trascendental que haya visto la luz en nuestro país. Se indica, además, que se dejan fuera a muchos mapuches que no viven en la Araucanía, y que en Chile conviven también pueblos originarios —como los rapanui y los aymara — que no están siendo considerados.

 

Es posible que todo ello sea cierto, pero este no parece ser el punto. Tal vez se trata de un primer paso dentro de un proceso que sólo se inicia, inscrito en una nueva mirada centrada no tanto en “el qué” ni en “el cuánto”, sino en “el cómo”.

 

El Ministro Alfredo Moreno y su equipo están dedicando muchas y largas jornadas a recorrer la región, trabando amistades, confiando y conquistando confianzas y, sobre todo, disponiéndose a aprender y a escuchar. Han organizado –y continúan promoviendo– no pocos encuentros distendidos entre mapuches y huincas de pensamientos y experiencias marcadas por recientes violencias y enfrentamientos cruzados, pero que ahora se dan cuenta experimentalmente que es posible conversar y entender el origen de los dolores y no sólo sus consecuencias. Y que todo ello es posible sin ignorar una visión histórica mapuche que es dramáticamente diferente de la que percibimos nosotros, los huincas.

 

A lo largo de mi vida he ido aprendiendo que el estudio de la historia convierte los hechos del pasado en experiencias, que ayudan a entender el presente y a proyectar el futuro. En este sentido me ha resultado particularmente valiosa la lectura de varias obras de autores mapuche. He cotejado estos contenidos con textos que se han escrito por plumas huinca. Es muy impresionante la dramática profundidad de los contrastes.

 

Parafraseando lo que dijo Neil Armstrong al poner sus pies sobre la luna, el Plan de Paz para la Araucanía es un pequeño paso iniciado por un puñado de chilenos, pero un gran salto para nuestra convivencia.

 

Particular impresión me ha causado entender que, en la tradición mapuche, el nombre de su pueblo se forma de dos conceptos no siempre bien entendido por nosotros: “mapu” y “che”. La voz “mapu” en mapuzungún -según la grafía de Pedro Cayuqueo- tiene una ancestral impronta similar a la de “Madre Tierra”, parecida a lo que para los católicos es un sacramento. No es raro entonces que los mapuche más tradicionales se sientan algo desconcertados ante programas simplificados en extremo, que sólo se centran en la compra de trozos de “su madre”, para entregarlos a los inscritos en la Conadi y hacerlo con títulos de “propiedad individual”, concepto jurídico bastante extraño a su cultura ancestral. La última sílaba del nombre de su pueblo —“che” —, significa “personas”, término que tiene una enorme carga simbólica, muy superior a “masa de gente”. Esto parece clamar por el reconocimiento por los huinca de la dignidad de la raza mapuche, que ellos sienten actualmente degradada, menospreciada … “ninguneada”, como diría mi nieto.

 

De este modo, lo central del Plan Araucanía parece depender de nuestra auténtica capacidad para entender, reconocer, dignificar, respetar y abrazar a un grupo de hermanos que no se sienten chilenos, principalmente desde la eufemísticamente llamada “Pacificación de la Araucanía”, drama este que ellos perciben como una atroz invasión extranjera, caracterizada por destrucción de sus rucas, quema de su sembrados y espantoso derramamiento de sangre mapuche.

 

Parafraseando lo que dijo Neil Armstrong al poner sus pies sobre la luna, el Plan de Paz para la Araucanía es un pequeño paso iniciado por un puñado de chilenos, pero un gran salto para nuestra convivencia, caracterizado por una nueva manera de relacionarnos.

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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