Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 07 de abril, 2020

José Agustín Muñiz: #RompePaga: La segunda oportunidad del virus bendito

De un porrazo, nos obligó a volver al mismo ritmo, al mismo tiempo y espacio, cada uno a su hogar. Pararon aviones, comercio y misas, elecciones y protestas, para partir todos juntos de nuevo, porque separados no íbamos a ninguna parte.

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Siento que estoy en la película “El Día de la Marmota”, que los días se repiten, iguales e indiferenciados. De todos modos, mi día se llena de actividades. Pero no de aquellas que se ordenan de acuerdo con el reloj, sino que con mis ritmos naturales -hambre, sueño, ganas de ir al baño. Algo pasa con el tiempo.

Italia y España ya no están cinco horas adelante, sino un par de semanas; con Nueva York estamos en la misma hora Greenwich, pero ellos saltaron al futuro en la “Coronahora” -y ojalá nunca los alcancemos. Vivo al ritmo de un virus, no de un reloj. El reloj es una tecnología que produce segundos -cada tic y cada tac es igual al anterior y son acumulables, regulares y predecibles. En cambio, el tiempo del virus es elástico y reversible. Vivíamos en un mundo en el que el futuro cercano es 99% igual que el pasado inmediato; ya no. Nos parecía natural la idea de que medimos el paso del tiempo según qué tanto han cambiado las cosas. Aaron Z. Lewis escribió que “el cambio de las cosas del mundo era un buen proxy para medir el paso del tiempo”; ya no.

Ahora comprendo que el reloj y los calendarios son los más poderosos medios de poder y control político y religioso; no porque medien entre personas, sino porque “negocian entre el cielo y la tierra, la naturaleza y la cultura, lo cósmico y la organización social, y definen nuestra orientación básica del tiempo y del espacio” (J. D. Peters). Es un poder tremendo, y este virus parece haberlo liquidado.

Sigo en Twitter a expertos que no logran dilucidar si alguna vez en la historia toda la humanidad estuvo preocupada de un único tema; un gigantesco experimento de agenda setting. Quizás el triunfo aliado en la 2 G.M. Un cuerpo de masa tan fantástica que absorbe todos los temas de actualidad, anulándola. Sólo vemos facetas del mismo virus en las distintas secciones del noticiario: economía, política, salud, deportes.

Vivir online, móvil, touch, portátil y sexy me parecía natural. Pero no es natural; es una interfaz creada según intereses corporativos. Un virus reintrodujo el ciclo natural en la sociedad y el mito de la tecnología se deshizo en el aire. Porque eso es, un rito, un mito escenificado allí donde alcance la señal Wifi.

Y recordé lo que nos decía el sociólogo Pedro Morandé: “el drama de la sociedad actual no es el del escape del tiempo, sino el de traerlos a todos a un mismo presente de modo coordinado. La sociedad tiene que regular cientos de tiempos distintos, miles de presentes simultáneos”. Íbamos en un vagón del Metro, cada uno con su agenda y su mundo, a su velocidad. El estallido de octubre nos advirtió de que ya casi no quedaban cosas que nos trajeran a todos los chilenos al mismo tiempo y espacio, que se nos deshacía la vida en común… y llegó este virus bendito y nos da una segunda oportunidad. De un porrazo, nos obligó a volver al mismo ritmo, al mismo tiempo y espacio, cada uno a su hogar. Pararon aviones, comercio y misas, elecciones y protestas, para partir todos juntos de nuevo, porque separados no íbamos a ninguna parte.

Al reintroducir en la sociedad los ritmos naturales de la vida, el virus derribó también el mito del control. El control es una ideología, una creación interesada que parece natural. Como todo dispositivo ideológico, tiene funciones manifiestas -manejar complejos sistemas y hacer predecibles sus resultados- y funciones latentes -la creación de jerarquías sociales, exclusión e inclusión de personas, distribución de recursos y prestigio, de castigos y premios. Estado y mercado por igual son constructos ideológicos cuyo mito es prometer control sobre la faceta política o económica de la persona y aspiran a controlarle completo. Y en sus códigos no están descritas la flexibilidad, la “anti-fragilidad”, la liquidez, la incertidumbre, la capacidad de prototipar y escalar masivamente soluciones en beta. Estas son las virtudes que tienen los sistemas sociales que son capaces de procesar la amenaza del coronavirus: si funciona, escálalo; si no funciona, abandónalo ya. La Contraloría General de la República no se traga ese sapo.

¿Quiénes entendieron esto y supieron abordarlo? Una de profesión que no es prestigiosa y cuyo heroísmo descubrimos hoy día: las educadoras de párvulos y de Educación Básica que abandonaron sus planes de control y adaptaron sus medios para el único fin que valía la pena: la felicidad de los seres vivos más flexibles, anti-frágiles e impredecibles sobre la faz de la tierra.

@jose_muniz

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete