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Publicado el 22 de octubre, 2019

José Agustín Muñiz: #RompePaga: Ethos

Esta crisis no es porque falta o no llega la suficiente información (logos), ni porque las autoridades sean insensibles (pathos), sino por falta de ethos, aquello que nos une y que tenemos en común.

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A medida que pasan las horas de esta crisis, no dejo de constatar lo estrecho del repertorio con que nuestras autoridades públicas en general procesan los eventos. Salvo por la intendenta Karla Rubilar y, ahora mismo mientras escribo, la ministra Gloria Hutt, no hay autoridades capaces de comunicarse con los chilenos. Hay muchos que nos envían información; pero pocos que se comunican, que nos muestran que todavía tenemos algo en común, un ethos compartido.

Esta crisis no es porque falta o no llega la suficiente información (logos), ni porque las autoridades sean insensibles (pathos), sino por falta de ethos, aquello que nos une y que tenemos en común. Cuando no se leen novelas porque parecen ser una pérdida de tiempo, cuando se manda a hacer vida social al consultorio o se comen pizzas a destiempo, el espectro de luz visible se estrecha, se encoge la mirada y, con ella, se encoge también el corazón. La capacidad afectiva de encontrar al otro detrás de un problema político se desvanece.

Primero, el ethos se construye desde el discurso, partiendo por el del Presidente, que va a tener que hacer un examen profundo a su retórica. Cuando se declara la guerra a los propios compatriotas y, acto seguido, se llama a la unidad, se atenta contra el ethos. Su tendencia a usar siempre los mismos tríos de adjetivos calificativos para cualquier situación le impide lograr un registro emocional distinto cuando enfrenta una situación que lo requiera. Cuántas veces le hemos oído decir que algo es “la madre de todas las batallas” o cuántas “guerras contra…” ha anunciado. Anteanoche, cuando la situación era excepcional, su manida metáfora sonó trágica. Como contraejemplo, vea el discurso de Ronald Reagan sobre la tragedia del Challenger. Tiene dos grandes virtudes que aprender: Reagan les habla a todos los tipos de audiencia –incluidos los niños y los soviéticos- y da con el tono emocional correcto. Con independencia del texto del mensaje, Reagan construyó un espacio en el que nadie quedó fuera a punta de símbolos e imágenes comunes a toda su audiencia.

Segundo, el ethos es un espacio político, en el que elegimos vivir. La policía y los militares pueden controlar las transgresiones más serias que ocurran dentro de ese espacio, pues siempre hay un pequeño porcentaje que está dispuesto a usar la violencia. Y el discurso de las autoridades en las últimas 90 horas está calibrado para llegar a ese grupo que no quiere participar del ethos. Las autoridades no se pueden olvidar de hablarnos al resto en un idioma en que nos sintamos respaldados y acogidos como miembros.

Más importantes que las sanciones de la autoridad a los transgresores es que distingamos con claridad al resto. Porque entre los que conformamos el resto de la comunidad, hay algunos que nunca cometen transgresiones, otros que intentarían aprovecharse si se dan las condiciones y, un tercer grupo, que está dispuesto incluso a arriesgarse por castigar a los transgresores. El modo como reaccione la autoridad es clave para saber cómo van a reaccionar estos dos últimos grupos de personas. Si ven que hay impunidad o que hay una norma distinta para juzgar a unos de otros, los que están dispuestos a arriesgarse por mantener la vida en común dejarán de hacerlo. Y si éstos desaparecen, el grupo que se aprovecha de las condiciones no encontrará motivos para seguir siendo un buen ciudadano. Si la reacción de la autoridad no es fina, podríamos cruzar un umbral del que no hay vuelta atrás; pues la policía y los militares no pueden llegar adonde sólo se llega con la sanción social de la comunidad.

En las últimas 90 horas hemos visto esas ganas de vivir juntos de parte bomberos, ciudadanos que cuidan su barrio, vecinos que cruzan la calle para limpiar el metro, carabineros y militares –cuyas familias tienen los mismos problemas para llegar a fin de mes– que entienden que su deber es perseguir al lumpen y no a los manifestantes de una causa social legítima, diputados que se quedan solos en su bancada para votar un proyecto de ley y de parte de comunicadores que cuentan estas historias.

Ellos ya nos tendieron la mano. Es ahora la elite la que tiene que responder a ese llamado. Gobernantes, legisladores, jueces, empresarios y los comunicadores que tenemos acceso a estas tribunas públicas. Ellos quieren vivir juntos con nosotros. ¿Qué les vamos a responder?

@jose_muniz

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