El pasado miércoles 8 de diciembre, la excanciller alemana Angela Merkel asistió -sentada en la tribuna para visitas- a la sesión parlamentaria en la que se eligió al presidente del Bundestag, la socialdemócrata Bärbel Bas. Al inicio fue ovacionada de pie por los parlamentarios, en homenaje a sus 16 años de gobierno.

Una semana antes, fue despedida por las Fuerzas Armadas Federales de Alemania en una ceremonia de historia centenaria llamada “Zapfenstreich», celebrada en el Bendler Block, emblemático edificio del Ministerio de Defensa. Es una tradición que en dicha ceremonia la música sea elegida por quien recibe los honores. Entre las tres canciones que eligió la homenajeada, se cuenta una de la cantante punk Nina Hagen: “Du hast den Farbflim vergessen” (“Olvidaste la película de color”), grabada en 1974 en lo que fue la Alemania Oriental, donde la estrafalaria cantante dio sus primeros pasos musicales.

Un par de años después de su primer éxito, en 1976, Nina Hagen y su familia fueron expulsados de la República Democrática Alemana, a causa de la actitud contestataria de su padrastro, Wolf Bierfmann, y de la propia Nina hacia el gobierno de ese país. Su llegada a la República Federal Alemana significó para la cantante punk la oportunidad de ser conocida no sólo en Europa y los Estados Unidos, sino también por acá, al sur del mundo, cuando a mediados de los años ochenta algunas radios FM comenzaron a tocar su mayor éxito, la estridente y genial “New York, New York” (que, por cierto, no tiene nada que ver con la canción popularizada por Frank Sinatra).

Por su parte, la canción elegida por Angela Merkel habla de las vacaciones de una pareja en un lugar paradisiaco, y la frustración de la mujer porque su enamorado olvidó llevar película de color, por lo que solo tiene para recordar fotos en blanco y negro, que no logran transmitir la belleza del lugar. Así, nadie les creerá lo lindo que fue.

Angela Merkel y Nina Hagen son contemporáneas (la excanciller es solo un año mayor que la cantante) y ambas se educaron y vivieron su adolescencia en la Alemania del Este. Es probable que la excanciller se haya identificado en su momento con la crítica de Hagen al gobierno en blanco y negro de la RDA, y que más de cuarenta años después quisiera hacer el contraste con lo que es Alemania hoy, política y económicamente uno de los países más importantes del mundo.

A fines del año 1989, el mundo se asombró con la caída del Muro de Berlín, con lo que se  inició, entre otros fenómenos políticos, la reunificación de Alemania. Ese proceso fue extremadamente complejo, ya que las realidades económicas de la RFA y de la RDA eran diametralmente distintas. La productividad de las empresas de la RDA era de aproximadamente un tercio que aquellas de la RFA, y mientras en esta última la inversión se encaminaba a mejorar y hacer más eficientes los procesos productivos, en la Alemania del Este la infraestructura era antigua, anticuada, y sin siquiera mantención. Como se comprenderá, la calidad de vida en uno y otro país no tenía comparación, por lo que fue necesario hacer grandes esfuerzos para nivelar la cancha. Tras treinta años, podemos concluir que el proceso fue exitoso.

Por su parte, a fines del año 1989 Chile también vivía cambios profundos, con las primeras elecciones parlamentarias y presidenciales después de casi un par de décadas, con lo que se concretó el retorno a la democracia. Paradójicamente, Erich Honecker, presidente del Consejo de Estado de la RDA desde 1976 hasta el 18 de octubre de 1989, terminó sus días en Chile, acogido por razones humanitarias por el gobierno de don Patricio Aylwin, luego de un complejo conflicto diplomático entre nuestro país, Alemania, la extinta Unión Soviética y la renaciente Rusia. El dictador de esa Alemania en blanco y negro que hace una semana Angela Merkel contrastaba con el país que gobernó durante los últimos 16 años, fue recibido por ese Chile del arcoíris al que había llegado la alegría.

En fin, como podrá advertir, todo depende del lente con que se mire. Y no solo eso, también depende de quien esté tras el obturador: hoy nos encontramos ante una generación que no valora los logros políticos, económicos y sociales de Chile en los últimos treinta años. Muchos de ellos, por su juventud, no tienen con qué comparar o contrastar, y no le creen a las cifras que nos demuestran que ha sido uno de los períodos más exitosos de nuestra historia. Algunos, más grandes, temen el regreso de ese Chile en blanco y negro de principios de la década de 1970. Otros, añoran esa misma época, y se la imaginan o evocan llena de colores.

Hoy, la canción de Nina Hagen parece no tener sentido: todos pueden sacar fotografías, en todo momento, a todo color, o con los más variados filtros. Basta tener el teléfono celular a mano. Pero no todos son fotógrafos: para obtener una buena fotografía sigue importando el encuadre, el enfoque, la profundidad de campo, la apertura del diafragma, la velocidad de obturación, y hacerle caso al fotómetro. Parece fácil, pero no lo es. En una semana tenemos la posibilidad -y el deber- de elegir al próximo Presidente de Chile: ¿Cómo quiere las fotos de los próximos cuatro años de nuestro país?

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