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Publicado el 7 febrero, 2021

José A. Ugolini: (Des)conectados en el mundo rural

En nuestro país el mundo rural es mirado desde fuera, y por lo tanto se desconocen sus especiales características geográficas, sociales, culturales y económicas, y las necesidades que ello conlleva.

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El confinamiento a que nos ha obligado la pandemia desde mediados de marzo del año pasado nos ha hecho valorar mucho más las vacaciones propias del período estival, y agradecer el permiso que para tales efectos ha dispuesto la autoridad sanitaria. Casi dos millones de personas han obtenido la autorización para trasladarse a alguna localidad donde poder descansar, conectarse con la naturaleza y desconectarse del teletrabajo, las clases virtuales, y los cumpleaños por Zoom.

Lamentablemente, la falta de conciencia de algunos que olvidaron el distanciamiento social en el litoral central hizo peligrar a finales de enero la continuidad de dichos permisos. A las fiestas clandestinas de Cachagua se sumó la saturación de algunas playas de Algarrobo, lo que nos hizo pensar que quedarse “Veraneando en Zapallar” -como en la comedia teatral de Eduardo Valenzuela Olivos- sería nuestra única y triste realidad. Al final, y previo e inesperado consenso entre el exministro Mañalich y el honorable senador Girardi en orden a la necesidad de mantener dichas autorizaciones, ha primado la cordura, y los chilenos podremos seguir accediendo a un permiso para vacaciones, tan necesario para la salud mental de la población.

En la búsqueda de la tan anhelada desconexión, muchos compatriotas -entre los que me incluyo- hemos optado por sectores agrestes y aislados donde descansar. Así queda de manifiesto en las magníficas fotografías que se suben a Instagram, con las que los viajeros buscan compartir los maravillosos paisajes de nuestra loca geografía.

Sin embargo, para aquellos adictos a las redes sociales y a los likes, la desconexión puede ser un problema: en el mundo rural no siempre es posible acceder a internet, y cuando se logra una conexión, generalmente la señal es inestable y la velocidad escaza. A los problemas de comunicación digital, se suman los de conexión física: largas distancias, caminos difíciles e incluso peligrosos, y escasos medios de transporte. Esto se traduce en la dificultad de acceso a la salud, la educación, y a las políticas sociales, que no siembre se adaptan a la realidad de la población rural.

Y es así porque, a mi juicio, en nuestro país el mundo rural es mirado desde fuera, y por lo tanto se desconocen sus especiales características geográficas, sociales, culturales y económicas, y las necesidades que ello conlleva. Así quedaba de manifiesto cuando Don Francisco nos decía “Usted no Conoce Chile”, o un presentador de altos decibeles nos muestra “¡Lugares que hablan!”: en ambos casos, se muestra el mundo rural de Chile como algo tan lejano y ajeno como una tribu del centro de África. En ese sentido, la aproximación de Paul Landon y su programa “Tierra Adentro” era mucho más digna, ya que mostraba el mundo rural pensando en sus habitantes como su público objetivo.

Inesperadamente, en los últimos días la contingencia ha llevado a los medios a mostrarnos la realidad del mundo rural y sus dificultades. Como nunca, la localidad de Colchane se ha llenado de periodistas, ante la crisis que la afecta producto de la migración ilegal de cientos de personas. La Macrozona Sur de la Araucanía sigue haciendo noticia por la seguidilla de atentados terroristas que la azotan. Y el Gobierno ha debido decretar emergencia agrícola en las regiones del Maule y O’Higgins producto de las recientes lluvias. Sin embargo, la realidad y contingencia urbana es la que prima en los medios de comunicación: el mundo rural no se manifiesta en Plaza Italia, no exige escaños reservados en la Convención Constituyente, ni convoca a conferencias de prensa.

Esa brecha entre los urbano y lo rural que se advierte en los medios tiene múltiples manifestaciones: de las 346 comunas de Chile, 263 son rurales, y en 59 de ellas no hay farmacia, y 86 no tienen una sucursal bancaria. El acceso a banda ancha es de tan sólo el 16%, mientras que en las zonas urbanas alcanza al 60% de la población. Si a usted durante sus vacaciones le costó conectarse para obtener su pasaporte sanitario o sacar el permiso de regreso de vacaciones, imagínese lo que es vivir todo el año sin Internet, y por lo tanto, sin acceso a las políticas públicas que se canalizan a través de la red.

Muchas de esas brechas solo pueden ser acortadas con la intervención del Estado, y especialmente, con la gestión municipal. Y para ello, se requieren recursos. Mientras una municipalidad urbana recibe en promedio $39.400 millones por concepto de permisos de circulación, las comunas rurales reciben en promedio $4.900 millones. Por eso, una forma de colaborar a disminuir la brecha entre lo urbano y lo rural es pagar el permiso de circulación en una comuna rural. Para ello, desde hace algunos días está disponible el portal sacatupermisorural.cl que busca facilitar el pago del permiso de circulación en 12 comunas rurales. Si le gustó desconectarse durante sus vacaciones en una comuna rural, conéctese con ella y con su gente, y pague allá su permiso de circulación.

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