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Publicado el 23 de septiembre, 2019

Jorge Reyes: Inmaculada

Cuesta entender que tres ministros del máximo tribunal del país no comprendan la dimensión de la expresión Inmaculada y su deliberada modificación al introducir la letra “i” en su penúltima sílaba, y más aún que exijan que se pruebe que esa expresión resulta ofensiva.

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El pasado 9 de septiembre, una Sala de la Corte Suprema acogió, 3 votos contra 2, un recurso de queja que interpusiera Canal 13 por la multa aplicada por el CNTV y que la Corte de Apelaciones ratificara unánimemente. El “humorista estrella” del canal se permitió referirse a la Santísima Virgen, Madre de Dios, bajo la advocación de uno de sus dogmas de fe, el de su Inmaculada Concepción, agregándole una “i” a la penúltima sílaba de “Inmaculada”,  agrediendo, bajo la excusa del humor, a quienes tenemos por cierta una condición única de la Hija predilecta del Padre que, en razón de ser Madre de Jesús, fue preservada de toda mancha de pecado. De ahí la expresión sin mácula que el “humorista”, con una sola letra, modificó radicalmente en el sentido contrario, es decir, atribuyéndole la peor de las manchas a Nuestra Madre.

Advirtamos desde ya que es absolutamente irregular que se acoja una apelación disfrazada de queja, como en este caso. La misma CS ha impuesto esta sana doctrina. Pero tres ministros de la CS estimaron que la unanimidad de una Sala de la Corte de Apelaciones dictó una resolución –la que ratificó la multa- con falta y abuso, y ello en atención a que, primero, los Ministros acusados no explicaron de modo suficiente “cómo es que la misma expresión resulta ofensiva”, dando por cierto que el humorista “incurrió en mofa y menosprecio de un símbolo que para otros tiene el carácter de sagrado”. Tal yerro los habría conducido al segundo, consistente en “realizar una ponderación de derechos constitucionales… que era inexistente, y concluir que se había hecho un uso abusivo de la libertad de expresión”.

Cuesta entender que tres Ministros del Máximo Tribunal del país no comprendan la dimensión de la expresión Inmaculada y su deliberada modificación al introducir la letra “i” en su penúltima sílaba, y más aún que exijan que se pruebe que esa expresión resulta ofensiva. Al mismo tiempo pidan que se acredite que el “humorista” lo hizo para mofa y grave menosprecio de  una inmensa mayoría de personas de este país. ¿Acaso no saben que ellos no trabajan el día 8 de diciembre, ya que la ley ha elevado justamente ese “símbolo sagrado” a la categoría de feriado nacional? ¿Acaso no saben que una de las principales carreteras del país se cierra, de lado a lado, para que casi un millón de peregrinos rinda solemne veneración justamente a la Inmaculada Concepción? Es obvio que exigir esa prueba no era necesario, en este caso, y, por el contrario, hacerlo deja en el suelo el derecho a la honra, a la libertad religiosa y de culto de millones de chilenos ofendidos grave y deliberadamente por el “humorista”. Si los Ministros exigen ese nivel de prueba, no es porque sea necesario para acreditar el abuso del esencial derecho a la libertad de expresión que en este caso es, claro, ostensible, provocador, injusto y despreciable, que aquel “humorista” se permite, sino que entran en un nivel de exigencia extrajurídica, y que puede responder más bien a que existe o un desprecio por la fe que profesamos un inmenso número de chilenos o vergüenza quizá de profesarla y no se atreven a defenderla por parecer abiertos o avanzados.

Queda en evidencia que los únicos que han cometido falta y abuso en una resolución judicial, en esta causa, son los tres Ministros de la Suprema. Ellos mismos desnudan algún pudor al dictarlo, ya que no se atreven a enviar los antecedentes al pleno de la Corte de Apelaciones para que sancione a los Ministros que ellos sindican como autores de la falta y abuso que malamente atribuyen.

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