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Publicado el 04 de julio, 2020

Jorge Pumpin: No dejemos que maten la educación

Presidente Movimiento Gremial Jorge Pumpin

Se apagaron las cámaras, se fueron los periodistas, Chanfreau y compañía celebraron su boicot, pero hoy las secuelas hablan por sí solas. La pandemia puede ser una buena segunda oportunidad para detener los intentos de algunos extremistas de querer matar la educación chilena.

Jorge Pumpin Presidente Movimiento Gremial
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Las mismas sillas que durante años amoblaron las salas para aprender y escuchar a los profesores, están amontonadas en las rejas demostrando la voluntad de no querer escuchar a nadie. Los lienzos que deberían ser utilizados para promover la libertad de educación, lucen frases excluyentes y politizadas que son para defender a unos pocos. Las puertas de los colegios o universidades que deberían estar abiertas para que entren aquellos que quieren pensar y discutir, están cerradas con cadenas y candados por aquellos que no quieren reflexionar ni mucho menos debatir. Si bien producto de la pandemia hemos ido olvidando estas imágenes, siguen latentes, no por noticias de una nueva toma, sino por los resultados que éstas causaron.

Víctor Chanfreau se convirtió en un ícono de la triste revolución secundaria en los días de la realización de la PSU. Abiertamente llamó a boicotear e impedir que sus mismos compañeros pudieran poner a prueba sus conocimientos y esfuerzos para acceder a la educación superior. Muchos, incluyendo a la moribunda Confech, le entregaban apoyo e impulsaban esta iniciativa de manera extremadamente irresponsable. Pero hace algunas semanas conocimos el verdadero impacto que generaron estas conductas: la disminución de un 8% al ingreso en primer año en la educación superior este 2020.

Entonces nos queda preguntarnos, ¿dónde está Chanfreau refiriéndose a esos 27.000 compañeros que no pudieron seguir estudiando? ¿Por qué esos dirigentes, que tanto decían representar a los secundarios, no se sorprendieron con esas cifras? Básicamente, porque nunca les importó el costo que tendrían sus acciones en el futuro de los miles de alumnos de IV medio. Así fue, se apagaron las cámaras, se fueron los periodistas, Chanfreau y compañía celebraron su boicot, pero hoy las secuelas hablan por sí solas. En un mar de incertidumbres para nuestra educación, aparecen -sin ser representados por aquellos líderes- una gran cantidad de compañeros que no pudieron seguir aprendiendo, absorbiendo conocimientos y formándose como profesionales o técnicos.

Lamentablemente, esa actitud de ciertos secundarios se puede extrapolar en otros momentos del año pasado. No fue hace mucho tiempo, cuando el Instituto Nacional era digno de admirar, nos demostraba a todo el país que algunas instituciones de la educación pública podían competir con las privadas. Estudiábamos en nuestros libros de historia a los 18 ex Presidentes de la República que se habían graduado de ese liceo y así, con orgullo, nos mostraban su impacto en el desarrollo de Chile. Tristemente hoy la realidad es otra, y en vez de admirarnos por lo anterior, nos damos cuenta de cómo los paros y las tomas efectivamente les pasaron la cuenta. En el último informe de la Agencia de la Calidad se exponen las cifras negativas frente al último SIMCE que obtuvo dicha institución, cayendo sus puntajes en todas las asignaturas (29 puntos en lenguaje y matemáticas, mientras que 55 unidades en historia). ¿Qué explicaciones les dan esos cobardes dirigentes que se escondían en las techos, a todos esos padres que apostaron por el Instituto Nacional y ven con perplejidad estos resultados? ¿Qué les dirán a sus mismos compañeros, que se esforzaron por llegar a ese Instituto, y no lo han podido aprovechar al máximo por el capricho político de una minoría?

No es novedad para nadie que los países se construyen a través de su educación. No dejemos que un puñado de secundarios jugando a ser revolucionarios y con ideales políticos extremos capture el futuro de todos. Ayer, hoy y mañana, debemos defender fuertemente el derecho a poder aprender libremente, de combatir la violencia con argumentos y a los cobardes de capucha con la valentía de tener la cara descubierta. La pandemia puede ser una buena segunda oportunidad para detener los intentos de algunos extremistas de querer matar la educación chilena.

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