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Publicado el 17 febrero, 2021

Jorge Martínez: Un simpático seductor: Carlos Saúl Menem

Profesor en la Universidad Católica San Pablo Arequipa (Perú) Jorge Martínez

En su segunda presidencia hubo una serie de hechos que empañaron esa gestión. Se trata de cosas cuya gravedad conviene recordar porque en algunos de ellos hubo mucha gente inocente muerta trágicamente (…) En suma, los hechos que acabo de relatar hacen muy difícil considerar al expresidente Carlos Saúl Menem como el simpático y ocurrente seductor que, a sus 70 años, se casó con una ex Miss Universo 34 años menor que él.

Jorge Martínez Profesor en la Universidad Católica San Pablo Arequipa (Perú)
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Nadie discutirá que Carlos S. Menem fue un presidente que dejó una huella imborrable en la política argentina. Tampoco se discutirá que durante su primera presidencia introdujo cambios en la vapuleada economía de su país, ya muy castigado por la pésima administración de su predecesor Raúl Alfonsín. El mandato de este último terminó con la famosa “hiper”, como se conoce en Argentina a la hiperinflación, que en el último año de la presidencia de Alfonsín fue del 3.080% anual. Este último renunció el 8 de julio de 1989, 5 meses antes del final de su mandato, ya cansado de negociar un posible gobierno conjunto con Menem y su equipo.

Quienes vivimos ese tiempo en Argentina, recordamos especialmente dos importantes políticas de Estado de Menem, decididas durante su primera presidencia: la desregulación de la economía y la drástica reducción de la inflación. Lo primero implicó la adopción de medidas promercado. Lo segundo fue una apuesta muy arriesgada cuyos frutos no fueron aprovechados por haber confundido, a sabiendas o no, una medida de emergencia con una política definitiva. La desregulación económica significó la introducción de una práctica extraña en el ideario peronista: la apertura de la economía, y con ello la promoción de la competencia.

Lo segundo, esto es, la lucha contra la inflación, se sustentó en la adopción del dólar norteamericano como moneda de hecho mediante una ley erróneamente llamada de “convertibilidad cambiaria”, según la cual 1 peso argentino equivaldría a 1 dólar estadounidense por un tiempo indefinido. Digo “erróneamente” porque todo peso argentino es convertible a cualquier divisa en cualquier momento; en realidad, de lo que se trató entonces fue de que esa convertibilidad fuera fija, sin fecha de vencimiento. Esto ya fue un error desde el punto de vista económico, o al menos no acorde con las otras políticas económicas de liberación de los mercados. Como quiera que sea, lo cierto es que los argentinos vivieron (vivimos) sin inflación durante 10 años.

Ya en su segunda presidencia, ganada en 1995 con casi el 50% de los votos frente al 30% de su competidor, el también peronista José Octavio Bordón, embajador en Chile durante la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019), hubo una serie de hechos que empañaron esa gestión. Se trata de cosas cuya gravedad conviene recordar porque en algunos de ellos hubo mucha gente inocente muerta trágicamente.

En primer lugar, debo mencionar la invalorable ayuda peruana en la guerra de Malvinas, “agradecida” por el presidente Menem con la venta ilegal de armas a Ecuador justo en el momento de la guerra del Cenepa. Esta venta ilegal incluyó también una triangulación hacia Croacia y Bosnia-Herzegovina, naciones islámicas, durante las guerras de la ex Yugoslavia. Según las investigaciones judiciales, Ecuador recibió 8.000 fusiles FAL, 36 cañones de 105 y 155 mm, 10.000 pistolas, 350 morteros, 50 ametralladoras pesadas, 58 millones de balas, 45.000 proyectiles de cañón, 9.000 granadas y 200 toneladas de explosivos, todo por 33 millones de $US.

Estas armas fueron elaboradas por la empresa argentina Fabricaciones Militares, en la ciudad de Río Tercero, provincia de Córdoba. Con el objeto de borrar pruebas, se decidió volar la fábrica. La terrible explosión ejecutada el 3 de noviembre de 1995, cuya intencionalidad fue probada, dejó un saldo de 7 muertos, más de 300 heridos y una parte de la ciudad destruida. Las demoras y las permanentes obstrucciones y chicanas judiciales, llevaron a que, en 2018, 23 años después de la explosión, la Cámara de Casación Penal decidió, en un fallo escandaloso, absolver a Menem y a todos los acusados, argumentando que el tiempo que tardó la justicia en resolver un caso relativamente simple implicaba una violación de los derechos humanos de los acusados. Se entiende por qué la ciudad de Rio Tercero es la única que no adhiere a los tres días de duelo por Menem decretados por el gobierno argentino.

Para volver a lo de Malvinas, recordemos que la ayuda de Perú fue solicitada en 1982 por Buenos Aires durante la presidencia de F. Belaúnde Terry, pedido que fue acogido de inmediato, así como también por el Ministro de Aeronáutica peruano de la época, Gral. José Gagliardi y el entonces jefe de la FAP, Hernán Boluarte. A esto debe sumarse la permanente intermediación con Washington, las gestiones diplomáticas peruanas en la OEA y la indisimulable colaboración del entonces Secretario General de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. Por lo menos 10 aviones de la flota de 32 asentados en el Grupo 6 de Chiclayo fueron enviados a Argentina. Varios aviones de carga DC 8, a su vez, hicieron el trayecto Lima-Tel Aviv-Buenos Aires, para el traslado de material bélico. Por su parte, aviones A-37 b Dragonfly del grupo 7 de la FAP se trasladaron a la IV Brigada Aérea de Mendoza para hacer ejercicios de recarga con aviones KC130 y de combate con aviones A-4 Skyhawk.

Todo esto el presidente Menem lo “agradeció” con la venta ilegal de armas a Ecuador.

A continuación, tenemos el desmantelamiento del llamado “Proyecto Cóndor II”. El Cóndor era un misil que había estado desarrollándose desde hacía muchos años, especialmente después de la guerra de Malvinas. En el Cóndor también hubo colaboración con el Perú desde hacía algún tiempo. Sus antecedentes hay que buscarlos en la labor conjunta argentino-peruana en materia de cohetería con los proyectos Orión, Rigel, Canopus y Castor en los años 70’.

Fue ésta una labor de muchos años que concluyó en el Cóndor II, cuyos objetivos primordiales eran dos: el desarrollo de una capacidad disuasiva mediante un arma capaz de dañar a Inglaterra (se emplazaría en Río Gallegos, a 650 km de las Malvinas), y el desarrollo de tecnología propia para su aplicación en otros campos, por ejemplo, el de la inyección satelital. Debido a presiones estadounidenses, el entonces presidente Menem, mediante el Decreto Presidencial 995 del 28 de mayo de 1991, declaró el final del proyecto, cosa que fue saludada como “una decisión sabia y prudente, además de un ejemplo para el mundo” por el entonces Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas norteamericanas, general Colin Powell, y deplorada por la Fuerza Aérea Argentina.

Por último, los atentados contra instituciones judías. El primero de ellos, la voladura de la Embajada de Israel en Argentina, fue perpetrado el 17 de marzo de 1992. Hubo entonces 22 muertos y más de 200 heridos. Pero lo peor estaba por llegar.

El 18 de julio de 1994 se ejecutó el atentado terrorista contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita-Argentina). Murieron 85 personas y hubo más de 300 heridos. El brazo ejecutor fue la organización libanesa Hezbolá, sobre la cual pesan fuertes sospechas por la pavorosa explosión registrada el pasado 4 de agosto de 2020 en Beirut, que dejó 202 muertos y más de 6.000 heridos.

Los funcionarios de Carlos Menem encubrieron el atentado contra la AMIA armando una causa para imputar falsamente a ex policías de la provincia de Buenos Aires, quienes permanecieron 10 años en prisión. El juez a cargo de la investigación, Juan José Galeano, fue destituido por haberse comprobado su complicidad con las autoridades del gobierno menemista. En esa investigación intervinieron tres fiscales, de los cuales dos fueron también acusados de complicidad en el encubrimiento.

El tercero, libre de sospechas, fue Alberto Nisman, quien llevaba adelante una investigación gigantesca que iba a poner en evidencia muchas cosas, entre ellas las pruebas de que Irán estaba detrás del atentado como autor intelectual. La trama de todo culminaba con la persona de Cristina Fernández de Kirchner y la de su canciller cuando ella era presidente, Héctor Timerman, un judío a quien no le importó aliarse con los chiítas iraníes para encubrir un turbio asunto gestado, precisamente, durante la presidencia de Carlos Menem. El fiscal Nisman fue hallado muerto en su departamento el domingo 18 de enero de 2015. El lunes siguiente debía presentar en el Congreso argentino los resultados de su investigación, cosa que nunca sucedió.

Cabe señalar además que los dos atentados, la voladura de la embajada de Israel y la de la AMIA, ocurrieron mientras el gobierno de Menem abastecía ilegalmente de armas, no sólo a Ecuador, sino, como ya he señalado, a Croacia y Bosnia-Herzegovina, naciones musulmanas apoyadas por Irán, país que integraba con Argentina la red de contrabando de armas durante las guerras yugoslavas.

Algunos chilenos recuerdan con afecto a Menem porque siempre se mostró muy amistoso con ellos. Varios problemas limítrofes con Argentina fueron resueltos, aunque no sé si a plena satisfacción de La Moneda. En todo caso, en Chile también se recuerda con algo de humor la gestión del impresentable primer embajador menemista, Oscar Spinosa Melo, involucrado en hechos de chantaje contra la oligarquía chilena y por los cuales hubo de ser desplazado.

El embajador decía saber que en las fiestas a las cuales era invitado en Santiago, la droga corría a la misma velocidad que el alcohol y las orgías. Los testimonios de la esposa del ex embajador, Marilú Sword, son irreproducibles. Todo esto está relatado en el libro prohibido en Chile “Impunidad diplomática”, del periodista chileno Francisco Martorell, publicado en 1993 en Buenos Aires, y sobre cuya veracidad no me corresponde pronunciarme. Pero que el embajador fue acusado de chantaje, especialmente contra Andrónico Luksic, eso sí es verdad. Y que Chile fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por esta censura, también es verdad.

En suma, los hechos que acabo de relatar hacen muy difícil considerar al expresidente Carlos Saúl Menem como el simpático y ocurrente seductor que, a sus 70 años, se casó con una ex Miss Universo 34 años menor que él.

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