Ensayos asuntos públicos es presentado por:
Publicado el 1 octubre, 2020

Jorge Guzmán: Zonas extremas, áreas de sacrificio

Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis Dr. Jorge G. Guzmán

En el caso de los territorios de la Macroregión Austral, el centralismo que considera a las regiones extremas áreas de sacrificio se ha vestido de un academicismo teórico a ultranza (siempre rentable en términos gestos de honorarios), argüido por grupos de “asesores expertos” en teorías de las relaciones internacionales y el derecho internacional, pero “sin conocimiento ninguno” de la geografía regional, ni menos del significado que la misma y sus recursos naturales tienen para las propias comunidades locales.

Dr. Jorge G. Guzmán Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Epidemia y centralismo

Mucho más que un récord, la designación de una cuarta Intendente de Magallanes y Antártica Chilena (en solo tres año y medio) constituye una demostración empírica (otras más) de que el “gobierno a comando a distancia” de las zonas extremas simplemente no funciona. A pesar de una reciente visita del Ministro de salud y de la llegada de un puñado de profesionales desde Santiago, la epidemia continúa rampante a través de nuestras ciudades, pueblos, fiordos y praderas australes. Esta penosa realidad ilustra con un dramatismo in crescedo el hecho evidente de que, en nuestra Región, no solo ninguna de las fórmulas del gobierno central ha funcionado, sino que las mismas están terminando por empobrecernos social y económicamente. Nuestra agricultura, nuestro comercio, nuestros hoteles, hostales, restaurantes, cafés y todos los servicios conexos están, entiéndase bien, en estado terminal.  Ninguna “medida ideada en Santiago” parece poder cambiar esta realidad.

Esta circunstancia ha hecho más evidente la necesidad de contar con un Gobernador Regional elegido, que, en tanto representante directo del sentir regional, no solo asegure la continuidad y la coherencia de la acción del Estado, sino que asegure la oportunidad y la eficacia de la ayuda del fisco. En este caso, para proteger la salud y la seguridad económica de los habitantes de esta Región. Por ahora, las espectaculares cifras que, día a día, dejan registro del impacto en tiempo real de la epidemia, indican que el aforismo que afirma que “el centralismo mata” es, trágicamente, cierto.

El gobierno central y las pretensiones territoriales argentinas sobre territorios y recursos naturales de la macroregión austral

La asunción de funciones de la nueva Intedenta de Magallanes y Antártica Chilena ocurrió el 22 de septiembre, el mismo día que Clarín de Buenos Aires publicó un extenso artículo dedicado al “nuevo mapa de la Argentina que ubica a Tierra del Fuego en el centro del país”. Junto con revisar la historia de más de dos décadas de trabajos “en terreno” para aplicar ciertas fórmulas geo-legales del moderno Derecho Internacional del Mar, el artículo destaca la transformación de nuestros vecinos en un país bi-continental (el uso del prefijo “bi” refiere a la “Antártida Argentina”).

El artículo recoge declaraciones de expertos que, con meridiana claridad, explican cómo, desde el inicio, el enfoque legal y diplomático de su país tuvo como finalidad ampliar el territorio argentino, incluso hacia espacios disputados con Chile. En este ámbito es de observar que este “nuevo mapa” da por demarcados los sectores Ay B del Campo de Hielo Patagónico Sur, algo sobre lo cual, al menos en Punta Arenas, no estábamos informados.

En lo que concierne a los territorios del Mar Austral y la Antártica Americana, todo indica que, más allá de cualquier observación (o reparo de forma o fondo) sobre la tesis territorial argentina, el gobierno y la diplomacia de ese país entienden que, cumplido el procedimiento establecido en el Derecho del Mar para “reclamar” espacios de plataforma continental más allá de las 200 millas, los límites exteriores que ilustra “el nuevo mapa de la Argentina” son -para emplear la expresión de la propia Convención del Mar- “definitivos y obligatorios”.

Considerando  lo anterior, resultan preocupantes las explicaciones del Canciller Andrés Allamand, quien, refiriéndose a la tesis geopolítica que encapsula de “la nueva cartografía argentina”, ha insistido en que, primero, en relación con la situación de los espacios submarinos de la Antártica Chilena, la Comisión de Límites de la Plataforma Continental no puede pronunciarse, según él, porque “no tiene competencias para ello”;  segundo, y en cuanto a la “medialuna” de territorio de circa 9.600 kms2 chilenos al sureste de las Islas Diego, la pretensión argentina es “inoponible” a Chile.

A todas luces el Ministro Allamand ha estado mal asesorado.

Primero, porque la Comisión de Límites de la Plataforma Continental no es, como pretende Argentina (y parece aceptarlo el Ministro), un órgano del sistema de Naciones Unidas: es un órgano dependiente de la Reunión de los Estados Partes de la Convención sobre el Derecho del Mar.

Segundo, porque “de jure” la citada comisión sí tiene competencias para “validar” reclamos de plataforma continental más allá de las 200 millas (para eso fue creada). Solo en el caso que un segundo Estado efectúe un reclamo sobre un mismo territorio, esa Comisión de Límites podrá constar la existencia de la superposición de reclamos y, por lo mismo,
prescindirá de pronunciarse.  Esto no ha ocurrido en la Antártica Americana.

Ni Chile ni el Reino Unido han efectuado reclamos de plataforma continental extendida invocando la Convención del Mar. Lo que ha ocurrido es algo legal y políticamente distinto. En efecto, constatado el reclamo territorial argentino, entre agosto y septiembre de 2009, los gobiernos del Reino Unido, Estados Unidos, Rusia, India, Japón y los Países Bajos oficiaron a la citada Comisión de Límites para representar que, al sur de la latitud 60° sur, se encuentra vigente la normativa del Tratado Antártico. En virtud de ello (no porque exista una “superposición de reclamos”), esos países solicitaron a dicho órgano “no pronunciarse, por el momento” (“for the time being”) sobre el contenido antártico del reclamo de plataforma continental argentino.

Dicho de otra forma, ese grupo de países (que tampoco reconoce la legalidad del reclamo de 1942 que pretendió crear la “Antártida Argentina”) solicitó a la referida Comisión tener en cuenta que, mientras el Tratado Antártico se encuentre vigente, sus miembros deberían abstenerse de revisar la cartografía y los datos argentinos atingentes a los espacios cubiertos por la normativa antártica. Esto es, por supuesto, distinto a sostener que existe un impedimento legal permanente para que “Naciones Unidas” valide la pretensión argentina. Una confusión que el análisis chileno debe corregir urgentemente.

Tercero, respecto de la “medialuna” de territorios submarinos chilenos al sureste de las Islas Diego Ramírez, es efectivo que, bajo la conducción del ex ministro Teodoro Ribera, se notificó a Argentina que nuestro país considera que dicho reclamo nos resulta “inoponible”.  Sin embargo, y como lo ilustra “el nuevo mapa de la Argentina”, la presentación diplomática chilena no tuvo, como era presumible y para parafrasear la equivocada interpretación del canciller del Gobierno Bachelet 2, “importancia ninguna” sobre el pensamiento geopolítico del gobierno de Buenos Aires, el cual parece estar dispuesto a enfrentar cualquier posible impacto que la “litis creada” tenga sobre la relación bilateral con nuestro país.

Las preguntas aún sin respuesta

De este modo, y constatado una vez más que Argentina -hace tiempo y sin importar el costo sobre la relación bilateral- decidió disputar esos espacios a Chile, las preguntas aun sin respuesta del gobierno central chileno siguen siendo varias y complejas. A saber:

¿Por qué nuestro país parece haber decidido no actuar respecto de la pretensión territorial argentina de 2009, demorando -sin justificación plausible- la delimitación de la plataforma continental de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, al sur y al norte del área de aplicación del Tratado Antártico?

¿Por qué la Cancillería chilena se resiste no solo a enfrentar esa pretensión territorial, sino que, tan importante como ello, en los hechos sigue renunciando a, con las mismas herramientas empleadas por nuestro vecino, demostrar empíricamente la continuidad de nuestro territorio entre su componente sudamericano y su componente polar?

¿Por qué la Cancillería chilena no ha aprovechado el hecho esencial que dicta que el reclamo argentino de plataforma continental en la Antártica presenta de una debilidad estructural y “congénita”? ¿O por qué la diplomacia chilena no ha aprovechado la realidad geográfica que dicta que Argentina carece de una proyección geográfica hacia el Polo Sur y, por lo mismo, depende del éxito (poco probable)  de su reclamo de soberanía sobre territorios insulares administrados por el Reino Unido?

Sobre lo mismo, ¿por qué el análisis diplomático chileno sigue sin reparar que el reclamo de plataforma continental argentino en la Antártica depende, enteramente, de que se reconozca su soberanía sobre las Islas Falkland, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y que, por lo mismo, para el interés chileno esa circunstancia es, sencillamente, inconveniente? Dicho de otra forma, ¿por qué el análisis chileno sigue sin entender que, sin ese último componente -e incluso suponiendo que el Tratado Antártico dejara de estar vigente- las fórmulas geo-legales de la Convención del Mar resultan inútiles para materializar lo que Clarín denomina “la
bi-continentalidad de la Argentina”?

Asimismo, respecto de la demora en presentar una objeción formal a la pretensión argentina sobre la medialuna de territorio chileno equivalente a la superficie de la isla Grande de Chiloé al sureste de Diego Ramírez (totalmente ajena a la normativa del Tratado Antártico). ¿Fue esta una decisión calculada de la diplomacia nacional (Gobiernos Bachelet 1 y 2, Gobierno Piñera 1), hasta que el ex ministro Ribera decidió romper con esa “política”?

¿El territorio submarino al sur de las Islas del Cabo de Hornos y Diego Ramírez es, como algunos sostienen, “moneda de cambio” para una futura negociación atingente al Campo de Hielo Patagónico Sur? Si esto es así, ¿existe un pre-acuerdo bilateral “secreto” sobre esta materia? Por ahora, esto último es solo especulación.

Los territorios de las regiones extremas como “monedas de cambio“ para la política vecinal

Sin embargo, habida cuenta el errático manejo chileno de la cuestión del Campo de Hielo y, también, el “hecho histórico” comprobado que indica que, en situaciones de crisis, los territorio de las regiones extremas del país son, para efectos de la política vecinal, áreas de sacrificio, la cuestión no puede sino preocuparnos.

Esto es así si, por ejemplo, recordamos lo ocurrido a partir de 1975, cuando después de la firma de la denominada “Acta de Charaña” Chile consideró ceder a Bolivia circa 2.400 kms2 de territorio (con sus ciudadanos chilenos incluidos). Como sabemos esa iniciativa fracasó no porque el gobierno chileno no estuviera dispuesto a ceder, sino por la firme oposición de un tercero en discordia: el Perú.

En la forma de “corredores” y “enclaves” en el litoral del Norte Grande de la República, gobiernos posteriores (incluso algunos recientes) han intentando versiones alternativas al diseño “Acta de Charaña”, aportando de esa forma al desarrollo de la ficción legal de los “derechos expectaticios” de Bolivia. Relevante es señalar que este tipo de iniciativas (siempre impulsadas por las ex profeso desinformadas “élites intelectuales” de Santiago), no han contado ni con la consulta ni con la aprobación de las comunidades de Arica, Tarapacá o Antofagasta.

En el caso de los territorios de la Macroregión Austral, el centralismo que considera a las regiones extremas áreas de sacrificio se ha vestido de un academicismo teórico a ultranza (siempre rentable en términos gestos de honorarios), argüido por grupos de “asesores expertos” en teorías de las relaciones internacionales y el derecho internacional, pero “sin conocimiento ninguno” de la geografía regional, ni menos del significado que la misma y sus recursos naturales tienen para las propias comunidades locales.

La falacia pasada de moda de que las relaciones internacionales deben ser “materia reservada”, “temas de Estado”  y, por lo mismo, constituyen “cuestiones solo para expertos”, ha permitido que esos grupos de pseudo expertos en asuntos australes escondan del escrutinio democrático gravísimos errores y omisiones ya largos de enumerar y que, como el caso de la derrota en Laguna del Desierto, en el Austro chileno siguen siendo motivo de un profundo resentimiento con la diplomacia chilena.

La gran oportunidad del nuevo Canciller Allamand

Es de esperar que, en lo que se refiere a la integridad territorial de nuestra Macroregión Austral, el Ministro Allamand -cuya experiencia política nadie puede poner en duda-, continuará los esfuerzos del ex ministro Ribera para corregir errores y omisiones de nuestra política exterior austral.

Eso, nos parece, debe comenzar por despejar cualquier duda respecto de que no existe compromiso con Argentina para vincular la situación del Campo de Hielo Patagónico Sur con la soberanía sobre nuestros territorios submarinos polares y subpolares, incluidos aquellos situados dentro de la proyección legal de plataforma continental de las Islas Diego Ramírez. También debería considerar que, a estas alturas, somos muchos los que pensamos que la cuestión de la plataforma continental de Magallanes y
Antártica Chilena debe, sí o sí, ser una cuestión prioritaria.

Por lo que sabemos, si bien antes de año Chile realizará su primera presentación de plataforma continental extendida, esta no incluirá al territorio de nuestra Provincia Antártica (cuyo límite norte se sitúa sobre los Canales Beagle y Cockburn), y solo se referirá a espacios de algunos de nuestros territorios insulares en el Pacífico Sudeste. En ausencia de la cartografía y los datos geo-científicos que identifiquen los límites exteriores de nuestra soberanía submarina más allá de las 200 millas, la Cancillería chilena continuará contribuyendo a la consolidación del reclamo soberano argentino sobre territorios y recursos naturales que, en justicia, son chilenos.

En el austro chileno seguimos atentos.

  1. Annemarie Haensgen dice:

    Me parece fundamental aclarar las dudas que ha dejado este artículo en un debate público con Cancillería. El omitirlo podría significar una grave negligencia en el actuar del gobierno en el tema de la defensa de nuestros límites marítimos y territoriales, con resultados nefastos que no serían originales en nuestra política exterior.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete
Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete