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Publicado el 1 diciembre, 2020

Jorge Guzmán: A 200 años del descubrimiento chileno de la tierra firme antártica

Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis Dr. Jorge G. Guzmán

Ahora es posible afirmar que el descubrimiento de la tierra firme antártica debe atribuirse al Dragón de Valparaíso, a su tripulación y a su comandante el ex Teniente Andrés Macfarlane.

Dr. Jorge G. Guzmán Mag., MPhil & PhD Polar cantabrigiensis
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Uno de los topónimos del primer periodo de exploración de la Antártica que se conserva hasta hoy es aquel que designa al Estrecho de Macfarlane, esto es, el pasaje de aproximadamente 24 kilómetros que, en sentido NW a SE, separa a la Isla Livingstone de la Isla Greenwich en el Archipiélago de las Shetland del Sur, Antártica Chilena.

Dicho nombre data de las primeras cartas de navegación antárticas, por ejemplo, aquella publicada con las Notas sobre las Shetland del Sur del Capitán George Powell (Londres, 1822), o aquella que acompaña al diario de navegación del Teniente Henry Foster, que refiere la expedición al hemisferio sur de la HMS Chanticleer (Londres, 1834).

De idéntico interés es que ambas cartas incluyen un texto que singulariza ciertas “tierras altas cubiertas de nieve” ubicadas directamente al sur de la Isla Decepción, es decir, situadas sobre la costa de la Península Antártica (continente polar). Sabemos que durante su recorrido por las Shetland del Sur, en 1821 Powell pudo conocer sobre dichas “tierras altas” antes visitadas por “cierto capitán Macfarlane”, pues toda la toponimia de su carta marina refleja la información recolectada durante conversaciones con otros marinos entonces dedicadas a la caza de lobos antárticos.

Referencias para determinar la identidad del citado Macfarlane se encuentran en las Observaciones hechas durante el Viaje a las Shetland del Sur del capitán Robert Fildes, comandante del bergantín inglés Cora, otro de los pioneros de la navegación antártica. En la copia auténtica de sus Observaciones en el Archivo del Instituto Polar la Universidad de Cambridge se contienen dos comentarios sobre el citado Macfarlane: la primera (16 de diciembre de 1820) consigna que, luego de que el Cora anclar en la costa de la Isla Desolación, se aproximó “un bote ballenero perteneciente al bergantín Dragón de Liverpool, más recientemente [Dragón] de Valparaíso, el cual por siete semanas había permanecido en estas costas, y había obtenido 5 mil pieles de focas”.

Una observación complementaria tiene fecha de enero de 1821, y describe la posición relativa de la Isla Decepción precisando que “media milla fuera de la entrada, durante un día claro, se puede tener una excelente vista de las tierras [situadas] al sur, las cuales aparecen cubiertas aquí y allá por nieves y rocas negras; es una tierra muy alta. En una parte [de esta] hacia el norte el capitán Mcfarlane del Dragón [de Valparaíso] -un hombre muy inteligente- me contó que había desembarcado y encontrado [focas] leopardo y elefantes [marinos], pero no focas [de pelo fino]. Me dijo que allí habían buenas playas, con muchas focas y tierra del mismo tipo que en las islas [situadas] al norte, separadas aquí y allá por bahías”.

Desde una perspectiva histórica y geográfica, estas observaciones ameritan dos conclusiones:

Primero, de acuerdo con la referencia fechada a mediados de diciembre de 1820, el Dragón de Valparaíso debió haber arribado a la Antártica Americana hacia fines de octubre o comienzos de noviembre anterior. Si esta nave provenía de nuestra costa central, para alcanzar las Shetland del Sur debió haber zarpado, a lo menos, a comienzos de octubre anterior.

La segunda observación del Fildes refiere al horizonte geográfico que se abre al sur de la Isla Decepción (cuya bahía interior fue desde esta época refugio de navegantes). Desde esa área es posible observar las “tierras altas cubiertas de nieve” que se extienden a unos 85 kilómetros a lo largo de la costa occidental de Península Antártica.

Interpretadas en conjunto ambas referencias es posible sostener que el primer desembarco, ergo el descubrimiento de la tierra firme antártica, debió ocurrir antes de mediados de diciembre de 1820, y que éste debe atribuirse al capitán Mcfarlane y a su nave el Dragón de Valparaíso.

Mientras que el descubrimiento del Archipiélago de las Shetland del Sur debe atribuirse al Williams of Blyth, Capitán John Smith (enero, 1819), la confirmación de tal descubrimiento solo ocurrió en marzo de 1820, cuando esa misma nave (entonces al servicio de la Estación Naval Británica en el Pacífico Sur) regresó a Valparaíso después de completar el primer levantamiento cartográfico de la Antártica. Esta expedición se había generado después de cuatro visitas efectuadas por el capitán Smith al área norte de dicho archipiélago (realizadas durante viajes de ida y regreso entre Valparaíso y Montevideo). Estas noticias, sin embargo, habían sido recibidas con escepticismo por las autoridades, pues hasta entonces la opinión canónica del capitán James Cook (que la había explorado en 1769 y 1774) indicaba que en dicho sector del hemisferio sur solo existía un mar circumpolar que parecía extenderse hasta el propio Polo Antártico.

Pese a ello, antes de esa verificación y desde Valparaíso, a partir de enero de 1819 la noticia de la existencia de islas situadas al sur del Cabo de Hornos pobladas por grandes cantidades de focas se esparció con velocidad despertando el interés inmediato de decenas de capitanes foqueros y balleneros que para entonces pululaban en aguas del Atlántico y el Pacífico. En la percepción de estos podía tratarse de islas australes semejantes a las Islas Macquarie y Campbell (sur de Nueva Zelanda), descubiertas en 1810 por foqueros australianos.

Una vez conocidas las Shetland del Sur y atendida la probable continuidad hacia el Oeste de las “tierras altas cubiertas de nieve” visitada por Macfarlane a fines de 1820, la hipótesis de que esta correspondía a una terra australis circumpolar se transformó en una “duda razonable”, que inmediatamente fue enunciada en la cartografía de las décadas de 1820 y 1830.

Un siglo más tarde, y sobre todo a partir de 1939 -cuando Noruega, basada en el descubrimiento y ocupación realizada por sus compañías balleneras, oficialmente reclamó el “sector” africano de la Antártica-, la historiografía anglosajona comenzó a preocuparse por dilucidar la identidad del citado capitán Mcfarlane. Esto porque, dependiendo de si éste era de origen británico o norteamericano, el país respectivo podía sumar a su propio repertorio antártico el título histórico y legal de “primer descubrimiento del continente antártico”.

Nuestra revisión de colecciones de documentos del Archivo Nacional de Santiago, del Archivo Nacional británico (Kew Garden) y del Museo Marítimo de Londres (Greenwich) permite identificar -más allá de cualquier duda- la identidad tanto del bergantín Dragón como aquella del Capitán Mcfarlane, que da nombre al estrecho que separa a las islas Livingstone y Greenwich.

En archivos chilenos la primera noticia del Dragón data de febrero de 1818, cuando dicha nave ingresó a Valparaíso procedente de Liverpool con una carga de armas para el Ejército Patriota que luego se emplearon en la Batalla de Maipú (un detalle que desde el inicio vincula a esta nave con el interés superior de Chile). Al parecer construida en Francia hacia 1800, pero capturada por corsarios ingleses durante las guerras napoleónicas, el Dragón había sido adquirido por armadores dedicados al comercio con América del Sur. Éstos, luego de un incendio causado por restos de pólvora mezclada con el lastre, decidieron venderla en Valparaíso a un grupo de comerciantes locales, cuestión que explica la expresión de Fildes “Dragón de Liverpool, más recientemente [Dragón] de Valparaíso”.

Una vez reparado, el ahora Dragón de Valparaíso fue dedicado al cabotaje entre puertos controlados por el gobierno patriota y, por lo mismo, la nave se hallaba en aguas nacionales cuando en marzo de 1820 el Williams of Blyth, entonces al mando de Edward Bransfield, luego de completar la “primera expedición científica antártica” regresó a nuestro primer puerto para confirmar la presencia de tierras al sur del Cabo de Hornos.

Por su parte, procedente de Liverpool -aunque de ascendencia escocesa- a comienzos de julio de 1819 Andrew Macfarlane arribó a Valparaíso al mando del bergantín Anna Robinson que transportaba “mercancías de Inglaterra y de la India”. Documentos notariales hoy en el Museo Nacional Marítimo de Greenwich revelan que, una vez desembarcado, Macfarlane solicitó ser admitido en la Armada Nacional, que por entonces organizaba el también escocés Thomas Cochrane. Este solicitud generó un pleito con los armadores de la Anna Robinson, que ameritó la intervención del Jefe de la Estación Naval británica. Pese a ello, el marino fue nombrado Teniente de la Armada de Chile para cumplir distintas labores, entre ellas el comando de la goleta Moctezuma durante la captura de los fuertes de Valdivia (febrero de 1820).

Documentos oficiales chilenos indican que después de participar en esta última hazaña (y probablemente porque no se le asignó en una de las naves mayores de la Primera Escuadra), Macfarlane solicitó su bajo del servicio. Luego de concedida, el ahora Andrés Macfarlane asumió el mando del Dragón de Valparaíso con el cual, gracias a que tenía pabellón chileno, a fines de septiembre o comienzos de octubre de 1820 fue autorizado para zarpar desde Valparaíso, que para entonces permanencia cerrado una vez que a mediados de agosto anterior zarpara rumbo al norte la Expedición Libertadora del Perú.

En general la historiografía antártica ha coincidido en reconocer que el primer avistamiento del continente antártico de atribuirse a la flota rusa al mando del Almirante Fabián Bellingshausen  (27 enero 1820), y que el primer avistamiento del extremo norte de la Península debe asignarse a la expedición de Edward Bransfield (enero 1820). Así también, que el primer desembarco en el continente antártico, es decir, su descubrimiento propiamente tal, debe atribuirse al foquero norteamericano John Davis y a su goleta Ceclilia (7 febrero 1821). Sin embargo, puesta en contexto la información proporcionada por Robert Fildes, la toponimia antártica original y los datos antes citados de documentos oficiales chilenos y británicos, ahora es posible afirmar que el descubrimiento de la tierra firme antártica debe atribuirse al Dragón de Valparaíso, a su tripulación y a su comandante el ex Teniente Andrés Macfarlane.

Luego de vender las cinco mil pieles de foca conseguidas en el verano austral de 1820-1821, Andrés Macfarlane regresó a Chile para fundar una empresa mercantil y una familia (que aun reside en Valparaíso). Considerando que el recientemente promulgado Estatuto Antártico fija como prioridad el fortalecer los derechos soberanos del país en la Antártica, lo anterior es por supuesto de gran importancia.

Ocurre que junto con los títulos históricos heredados de la Corona Castellana y la evidencia de ocupación y uso permanente de la Antártica Americana (al menos desde la década de 1870), el “título de primer descubrimiento“ de la tierra firme antártica debe ser materia de un estudio que documente y caracterice su significado y su trascendencia conforme con el Derecho Internacional. Esto, para fortalecer y diversificar el repertorio antártico chileno en una época en la que la dinámica política y geopolítica sugiere  que resulta total y absolutamente reforzar  los títulos antárticos chilenos.

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